Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 43
Este plan no está iniciado. Marca la lectura como leída para iniciarlo desde hoy.
Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 70-72
tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó: y tomó los paveses de oro que Salomón había hecho. Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam paveses de metal, y entrególos en manos de los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey... Y como él se humilló, la ira de Jehová se apartó de él, para no destruirlo del todo: y también en Judá las cosas fueron bien.” 2 Crónicas 12:6-12.
Pero cuando cesó la aflicción, y la nación volvió a prosperar, muchos olvidaron sus temores y cayeron de nuevo en la idolatría. Entre ellos se contaba el rey Roboam mismo. Aunque humillado por la calamidad que había caído sobre él, no hizo de ella un punto de retorno decisivo en su vida. Olvidando la lección que Dios había procurado enseñarle, volvió a caer en los pecados que habían atraído castigos sobre la nación. Después de algunos años sin gloria, durante los cuales el rey “hizo lo malo, porque no apercibió su corazón para buscar a Jehová, ... durmió Roboam con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David: y reinó en su lugar Abías su hijo.” 2 Crónicas 12:14, 16.
Con la división del reino al principio del reinado de Roboam, la gloria de Israel empezó a desvanecerse, y nunca se recobró plenamente. A veces, durante los siglos que siguieron, el trono de David fué ocupado por hombres dotados de valor moral y previsión, y bajo la dirección de estos soberanos las bendiciones que descendían sobre los hombres de Judá se extendían a las naciones circundantes. A veces el nombre de Jehová quedaba exaltado sobre todos los dioses falsos, y su ley era reverenciada. De vez en cuando, se levantaban profetas poderosos, para fortalecer las manos de los gobernantes, y alentar al pueblo a mantenerse fiel. Pero las semillas del mal que ya estaban brotando cuando Roboam ascendió al trono, no fueron nunca desarraigadas por completo; y hubo momentos cuando el pueblo que una vez fuera favorecido por Dios cayó tan bajo que llegó a ser ludibrio entre los paganos.
Sin embargo, a pesar de la perversidad de aquellos que se
inclinaban a las prácticas idólatras, Dios estaba dispuesto en su misericordia a hacer cuanto estaba en su poder para salvar de la ruina completa al reino dividido. Y a medida que transcurrían los años, y su propósito concerniente a Israel parecía destinado a quedar completamente frustrado por los ardides de hombres inspirados por los agentes satánicos, siguió manifestando sus designios benéficos mediante el cautiverio y la restauración de la nación escogida.
La división del reino fué tan sólo el comienzo de una historia admirable, en la cual se revelan la longanimidad y la tierna misericordia de Dios. Desde el crisol de aflicción por el cual debían pasar por causa de sus tendencias al mal hereditarias y cultivadas, aquellos a quienes Dios estaba tratando de purificar para sí como pueblo propio, celoso para las buenas obras, iban a reconocer finalmente: “No hay semejante a ti, oh Jehová; grande tú, y grande tu nombre en fortaleza. ¿Quién no te temerá, oh Rey de las gentes? ... Porque entre todos los sabios de las gentes, y en todos sus reinos, no hay semejante a ti... Mas Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno.” Jeremías 10:6, 7, 10.
Los adoradores de los ídolos iban a aprender al fin la lección de que los falsos dioses son impotentes para elevar y salvar a los seres humanos. “Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos.” Vers. 11. Únicamente siendo fiel al Dios vivo, Creador y Gobernante de todos, es cómo puede el hombre hallar descanso y paz.
De común acuerdo, Israel y Judá, castigados y penitentes, iban a renovar al fin su pacto con Jehová de los ejércitos, el Dios de sus padres; acerca del cual iban a declarar:
“El que hizo la tierra con su potencia,
el que puso en orden el mundo con su saber,
y extendió los cielos con su prudencia;
a su voz se da muchedumbre de aguas en el cielo,
y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra;
hace los relámpagos con la lluvia,
y saca el viento de sus depósitos.
“Todo hombre se embrutece y le falta ciencia;
avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor:
porque mentira es su obra de fundición,
y no hay espíritu en ellos;
vanidad son, obra de escarnios:
en el tiempo de su visitación perecerán.
“No es como ellos la suerte de Jacob:
porque él es el Hacedor de todo,
e Israel es la vara de su herencia:
Jehová de los ejércitos es su nombre.” Vers. 12-16.
Profetas y Reyes · Ellen G. White