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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 68-69

este esfuerzo. “Edificó ciudades para fortificar a Judá, ... fortificó también las fortalezas, y puso en ellas capitanes, y vituallas, y vino, y aceite... Fortificólas pues en gran manera.” 2 Crónicas 11:5, 11, 12. Pero el secreto de la prosperidad de Judá durante los primeros años del reinado de Roboam no estribaba en estas medidas. Se debía a que el pueblo reconocía a Dios como el Gobernante supremo, y esto ponía en terreno ventajoso a las tribus de Judá y Benjamín. A ellas se unieron muchos hombres temerosos de Dios que provenían de las tribus septentrionales. Nos dice el relato: “Tras aquéllos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y viniéronse a Jerusalem para sacrificar a Jehová, el Dios de sus padres. Así fortificaron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón.” 2 Crónicas 11:16, 17.

En la continuación de esta política residía la oportunidad que tenía Roboam para redimir en gran medida los errores pasados y restaurar la confianza en su capacidad de gobernar con discreción. Pero la pluma inspirada nos ha dejado la triste constancia de que el sucesor de Salomón no ejerció una influencia enérgica en favor de la lealtad a Jehová. A pesar de ser por naturaleza de una voluntad fuerte y egoísta, lleno de fe en sí mismo y propenso a la idolatría, si hubiese puesto toda su confianza en Dios habría adquirido fuerza de carácter, fe constante y sumisión a los requerimientos divinos. Pero con el transcurso del tiempo, el rey puso su confianza en el poder de su cargo y en las fortalezas que había creado. Poco a poco fué cediendo a las debilidades que había heredado, hasta poner su influencia por completo del lado de la idolatría. “Y como Roboam hubo confirmado el reino, dejó la ley de Jehová, y con él todo Israel.” 2 Crónicas 12:1.

¡Cuán tristes y rebosantes de significado son las palabras “y con él todo Israel”! El pueblo al cual Dios había escogido para que se destacase como luz de las naciones circundantes, se

apartaba de la Fuente de su fuerza y procuraba ser como las naciones que le rodeaban. Así como con Salomón, sucedió con Roboam: la influencia del mal ejemplo extravió a muchos. Y lo mismo sucede hoy en mayor o menor grado con todo aquel que se dedica a hacer el mal: no se limita al tal la influencia del mal proceder. Nadie vive para sí. Nadie perece solo en su iniquidad. Toda vida es una luz que alumbra y alegra la senda ajena, o una influencia sombría y desoladora que lleva hacia la desesperación y la ruina. Conducimos a otros hacia arriba, a la felicidad y la vida inmortal, o hacia abajo, a la tristeza y a la muerte eterna. Y si por nuestras acciones fortalecemos o ponemos en actividad las potencias que tienen para el mal los que nos rodean, compartimos su pecado.

Dios no permitió que la apostasía del gobernante de Judá quedase sin castigo. “En el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalem, (por cuanto se habían rebelado contra Jehová,) con mil y doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto, no tenía número... Y tomó las ciudades fuertes de Judá, y llegó hasta Jerusalem.

“Entonces vino Semeías profeta a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalem por causa de Sisac, y díjoles: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac.” 2 Crónicas 12:2-5.

El pueblo no había llegado todavía a tales extremos de apostasía que despreciase los juicios de Dios. En las pérdidas ocasionadas por la invasión de Sisac, reconoció la mano de Dios, y por un tiempo se humilló. Declaró: “Justo es Jehová.

“Y como vió Jehová que se habían humillado, fué palabra de Jehová a Semeías, diciendo: Hanse humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalem por mano de Sisac. Empero serán sus siervos; para que sepan qué es servirme a mí, y servir a los reinos de las naciones.

“Subió pues Sisac rey de Egipto a Jerusalem, y tomó los

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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