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Lectura bíblica

1 Reyes 13, 14; Salmos 104; 2 Crónicas 13

1 Reyes 13

1 He aquí que un hombre de Dios llegó de Judá a Betel, por mandato de Jehovah, cuando Jeroboam estaba de pie junto al altar para quemar incienso. 2 Y clamó contra el altar, por mandato de Jehovah, diciendo: --Altar, altar, así ha dicho Jehovah: "He aquí, a la casa de David le nacerá un hijo que se llamará Josías, quien matará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman incienso sobre ti; y sobre ti quemarán huesos de hombres." 3 Aquel mismo día dio una señal diciendo: --Ésta es la señal de que Jehovah ha hablado: He aquí que el altar se partirá, y la ceniza que está sobre él se desparramará. 4 Sucedió que cuando el rey Jeroboam oyó la palabra que el hombre de Dios había clamado contra el altar de Betel, extendió su mano desde el altar, diciendo: --¡Prendedle! Pero se le secó la mano que había extendido contra él, de manera que no pudo volverla hacia sí. 5 Entonces el altar se partió, y la ceniza se desparramó del altar, conforme a la señal que el hombre de Dios había dado por mandato de Jehovah. 6 Entonces el rey respondió y dijo al hombre de Dios: --Implora, por favor, a Jehovah tu Dios y ora por mí, para que mi mano me sea restaurada. El hombre de Dios imploró el favor de Jehovah, y la mano del rey le fue restaurada, y volvió a ser como antes. 7 Entonces el rey dijo al hombre de Dios: --Ven conmigo a casa y come, y yo te daré un presente. 8 Pero el hombre de Dios respondió al rey: --Aunque me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan, ni bebería agua en este lugar; 9 porque me ha sido ordenado por mandato de Jehovah, diciendo: "No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que vayas." 10 Se fue, pues, por otro camino y no volvió por el camino por donde había venido a Betel. 11 Vivía en Betel un profeta anciano, a quien fueron sus hijos y le contaron todo lo que el hombre de Dios había hecho aquel día en Betel. También contaron a su padre las palabras que había hablado al rey. 12 Y su padre les preguntó: --¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había ido el hombre de Dios que había venido de Judá. 13 Él dijo a sus hijos: --Aparejadme el asno. Ellos le aparejaron el asno. Entonces montó sobre él, 14 fue tras aquel hombre de Dios y le halló sentado debajo de la encina. Le preguntó: --¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá? Le respondió: --Sí, yo soy. 15 Entonces le dijo: --Ven conmigo a casa y come pan. 16 Pero él respondió: --No podré volver contigo ni entrar contigo. Tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar, 17 porque me fue dicho por mandato de Jehovah: "No comas pan, ni bebas agua de allí, ni vuelvas por el camino que vayas." 18 Y le dijo: --Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por mandato de Jehovah, diciendo: "Hazle volver contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua." Pero le mintió. 19 Entonces se volvió con él, y comió pan en su casa y bebió agua. 20 Y aconteció que estando ellos sentados a la mesa, vino la palabra de Jehovah al profeta que le había hecho volver, 21 y clamó al hombre de Dios que había venido de Judá, diciendo: --Así ha dicho Jehovah: "Porque has sido desobediente al dicho de Jehovah y no guardaste el mandamiento que Jehovah tu Dios te había mandado, 22 sino que volviste y comiste pan y bebiste agua en este lugar del cual él te había dicho que no comieras pan ni bebieras agua, tu cuerpo no entrará en el sepulcro de tus padres." 23 Sucedió que cuando había comido pan y bebido agua, el profeta que le había hecho volver le aparejó el asno. 24 Cuando se fue, un león lo encontró en el camino y lo mató. Su cadáver quedó tendido en el camino. El asno estaba de pie junto a él, y también el león estaba de pie junto al cadáver. 25 Y he aquí que pasaron unos hombres y vieron el cadáver que estaba tendido en el camino y el león que estaba de pie junto al cadáver, y fueron y lo dijeron en la ciudad donde habitaba el profeta anciano. 26 Cuando se enteró el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: --Él es el hombre de Dios que fue desobediente al mandato de Jehovah. Por eso Jehovah le ha entregado al león, que le ha destrozado y matado conforme a la palabra que Jehovah le había dicho. 27 Entonces habló a sus hijos diciendo: --Aparejadme el asno. Ellos se lo aparejaron. 28 Y fue y halló el cadáver tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cadáver. El león no había devorado el cadáver ni había destrozado al asno. 29 El profeta levantó el cuerpo del hombre de Dios, lo colocó sobre el asno y se lo llevó. El profeta anciano fue a la ciudad para hacer duelo por él y sepultarlo. 30 Puso su cuerpo en su propio sepulcro, e hicieron duelo por él diciendo: --¡Ay, hermano mío! 31 Sucedió que después de haberlo sepultado, habló a sus hijos diciendo: --Cuando yo muera, sepultadme en el sepulcro en que está sepultado el hombre de Dios. Poned mis restos junto a los suyos, 32 porque sin duda sucederá lo que él proclamó por mandato de Jehovah contra el altar que está en Betel y contra todos los santuarios de los lugares altos que hay en las ciudades de Samaria. 33 Después de este suceso, Jeroboam no se volvió de su mal camino. Más bien, volvió a designar sacerdotes de entre la gente común para los lugares altos. Investía a quien deseaba, y él llegaba a ser sacerdote de los lugares altos. 34 Y esto vino a ser el pecado de la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y destruida de sobre la faz de la tierra.

1 Reyes 14

1 En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo, 2 y Jeroboam dijo a su mujer: --Por favor, levántate, disfrázate para que no reconozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo. He aquí que allá está el profeta Ajías, quien me dijo que yo iba a ser rey sobre este pueblo. 3 Toma contigo diez panes, galletas y un frasco de miel, y ve a él; él te dirá lo que ha de suceder al niño. 4 La mujer de Jeroboam lo hizo así. Se levantó, fue a Silo y llegó a la casa de Ajías. Ajías ya no podía ver, pues su vista se le había oscurecido a causa de su vejez. 5 Pero Jehovah había dicho a Ajías: --He aquí que la mujer de Jeroboam viene a consultarte acerca de su hijo que está enfermo. Así y así le has de responder, pues cuando ella venga, fingirá ser una desconocida. 6 Y sucedió que cuando Ajías oyó el ruido de sus pasos, al entrar ella por la puerta, dijo: --Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué finges ser una desconocida? Yo he sido enviado con malas noticias para ti. 7 Ve y di a Jeroboam que así ha dicho Jehovah Dios de Israel: "Pues bien, yo te levanté de en medio del pueblo y te hice el soberano de mi pueblo Israel; 8 arranqué el reino de la casa de David y te lo entregué a ti. Pero tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos y caminó en pos de mí con todo su corazón, haciendo sólo lo recto ante mis ojos. 9 Al contrario, has hecho lo malo, más que todos los que te han precedido, porque fuiste, y para provocarme a ira te hiciste otros dioses e imágenes de fundición; y a mí me diste la espalda. 10 Por tanto, he aquí que yo traeré el mal sobre la casa de Jeroboam; eliminaré en Israel a todo varón de Jeroboam, tanto al esclavo como al libre. Barreré por completo la casa de Jeroboam, como se barre el estiércol, hasta que no quede nada. 11 Al que de Jeroboam muera en la ciudad, se lo comerán los perros; y al que muera en el campo, se lo comerán las aves del cielo; porque Jehovah lo ha dicho." 12 En cuanto a ti, levántate y vete a tu casa. Cuando tus pies entren en la ciudad, el niño morirá. 13 Todo Israel hará duelo por él y le sepultará; pues éste es el único de los de Jeroboam que será sepultado, porque de la casa de Jeroboam sólo en él se ha hallado algo bueno delante de Jehovah Dios de Israel. 14 Pero Jehovah levantará para sí un rey en Israel, el cual eliminará la casa de Jeroboam en este día y ahora mismo. 15 Y Jehovah golpeará a Israel, como cuando la caña se agita en las aguas. Arrancará a Israel de esta buena tierra que dio a sus padres, y los esparcirá hacia el otro lado del Río, porque han hecho sus árboles rituales de Asera y han provocado a ira a Jehovah. 16 Entregará a Israel a causa de los pecados de Jeroboam, quien pecó e hizo pecar a Israel. 17 Entonces la mujer de Jeroboam se levantó, se fue y llegó a Tirsa. Cuando ella entró por el umbral de la casa, el niño murió. 18 Lo sepultaron, y todo Israel hizo duelo por él, conforme a la palabra que Jehovah había hablado por medio de su siervo, el profeta Ajías. 19 Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo y cómo reinó, he aquí que están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 20 El tiempo que reinó Jeroboam fue de 22 años, y reposó con sus padres. Y su hijo Nadab reinó en su lugar. 21 Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. Roboam tenía 41 años cuando comenzó a reinar, y reinó 17 años en Jerusalén, la ciudad que Jehovah había elegido de entre todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. El nombre de su madre era Naama la amonita. 22 Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehovah; y con los pecados que cometieron, le provocaron a celos más que todo lo que habían hecho sus padres. 23 También se edificaron lugares altos, piedras rituales y árboles de Asera, en toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso. 24 También había en el país varones consagrados a la prostitución ritual, e hicieron conforme a todas las prácticas abominables de las naciones que Jehovah había echado de delante de los hijos de Israel. 25 Y sucedió que en el quinto año del rey Roboam subió Sisac, rey de Egipto, contra Jerusalén 26 y tomó los tesoros de la casa de Jehovah y los tesoros de la casa del rey; todo lo tomó. También tomó todos los escudos de oro que había hecho Salomón. 27 En lugar de ellos, el rey Roboam hizo escudos de bronce y los entregó a la custodia de los jefes de la escolta, que guardaban la entrada de la casa del rey. 28 Y sucedía que cuantas veces el rey entraba en la casa de Jehovah, los de la escolta los llevaban, y después los volvían a poner en la cámara de los de la escolta. 29 Los demás hechos de Roboam y todas las cosas que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 30 Hubo guerra constante entre Roboam y Jeroboam. 31 Roboam reposó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la Ciudad de David. El nombre de su madre era Naama la amonita. Y su hijo Abías reinó en su lugar.

Salmos 104

1 ¡Bendice, alma mía, a Jehovah! Jehovah, Dios mío, ¡qué grande eres! Te has vestido de gloria y de esplendor. 2 Tú eres el que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una tienda, 3 que construye sus altas moradas sobre las aguas, que hace de las nubes su carroza, que anda sobre las alas del viento, 4 que hace a los vientos sus mensajeros, y a las llamas de fuego sus servidores. 5 Él fundó la tierra sobre sus cimientos; no será jamás removida. 6 Con el océano como con vestido la cubriste; sobre las montañas estaban las aguas. 7 A tu reprensión huyeron; se apresuraron al sonido de tu trueno. 8 Subieron las montañas; descendieron los valles al lugar que tú estableciste para ellos. 9 Les pusiste un límite, el cual no traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra. 10 Tú eres el que vierte los manantiales en los arroyos; corren entre las colinas. 11 Dan de beber a todos los animales del campo; los asnos monteses mitigan su sed. 12 Junto a ellos habitan las aves del cielo, y trinan entre las ramas. 13 Tú das de beber a las montañas desde tus altas moradas; del fruto de tus obras se sacia la tierra. 14 Haces producir el pasto para los animales y la vegetación para el servicio del hombre, a fin de sacar de la tierra el alimento: 15 el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace lucir su rostro, y el pan que sustenta el corazón del hombre. 16 Se llenan de savia los árboles de Jehovah; los cedros del Líbano, que él plantó. 17 Allí anidan las aves; en sus copas hace su nido la cigüeña. 18 Los montes altos son para las cabras monteses; las peñas, para las madrigueras de los conejos. 19 Tú eres el que hizo la luna para las estaciones; el sol conoce su ocaso. 20 Pones las tinieblas, y es de noche; en ella corretean todos los animales silvestres. 21 Los leones rugen por la presa y reclaman a Dios su comida. 22 Sale el sol; se recogen y se echan en sus cuevas. 23 Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta el anochecer. 24 ¡Cuán numerosas son tus obras, oh Jehovah! A todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. 25 Éste es el mar grande y ancho, en el cual hay peces sin número, animales grandes y pequeños. 26 Sobre él van los navíos; allí está el Leviatán que hiciste para que jugase en él. 27 Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. 28 Tú les das, y ellos recogen; abres tu mano, y se sacian del bien. 29 Escondes tu rostro, y se desvanecen; les quitas el aliento, y dejan de ser. Así vuelven a ser polvo. 30 Envías tu hálito, y son creados; y renuevas la superficie de la tierra. 31 ¡Sea la gloria de Jehovah para siempre! Alégrese Jehovah en sus obras. 32 Él mira la tierra, y ella tiembla; toca las montañas, y humean. 33 Cantaré a Jehovah en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva. 34 Que mi meditación le sea grata, y que yo me alegre en Jehovah. 35 Sean exterminados de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. ¡Bendice, oh alma mía, a Jehovah! ¡Aleluya!

2 Crónicas 13

1 En el año 18 del rey Jeroboam comenzó a reinar Abías sobre Judá, 2 y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre era Maaca hija de Uriel, de Gabaa. Hubo guerra entre Abías y Jeroboam. 3 Abías dispuso la batalla con un ejército de 400.000 hombres de guerra escogidos. Jeroboam preparó la batalla contra él con 800.000 hombres escogidos y valientes. 4 Abías se levantó sobre el monte Zemaraim, que está en la región montañosa de Efraín, y dijo: "Oídme, Jeroboam y todo Israel: 5 ¿No sabéis vosotros que Jehovah Dios de Israel dio a David el reinado sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, mediante un pacto de sal? 6 Pero Jeroboam hijo de Nabat, servidor de Salomón hijo de David, se levantó y se rebeló contra su señor. 7 Con él se agruparon hombres ociosos y perversos, que pudieron más que Roboam hijo de Salomón, pues Roboam era joven e inmaduro de corazón, y no se mantuvo fuerte ante ellos. 8 Y ahora vosotros tratáis de resistir al reinado de Jehovah que está en manos de los hijos de David, porque sois muchos y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo como dioses. 9 ¿No habéis excluido a los sacerdotes de Jehovah, los hijos de Aarón, y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras? Cualquiera que venga a consagrarse con un becerro y siete carneros se convierte en sacerdote de lo que no es Dios. 10 Pero en cuanto a nosotros, Jehovah es nuestro Dios, y no le hemos abandonado. Los sacerdotes que sirven a Jehovah son los hijos de Aarón, y los levitas están en la obra. 11 Ellos ofrecen a Jehovah los holocaustos cada mañana y cada tarde, queman el incienso aromático, hacen la presentación del pan sobre la mesa limpia y encienden el candelabro de oro con sus lámparas, para que ardan cada noche. Nosotros guardamos la ordenanza de Jehovah nuestro Dios, pero vosotros le habéis abandonado. 12 He aquí que Dios está con nosotros, a la cabeza, y sus sacerdotes tienen las trompetas de estrépito para tocar contra vosotros. ¡Oh hijos de Israel, no luchéis contra Jehovah, Dios de vuestros padres; porque no os irá bien!" 13 Pero Jeroboam puso una emboscada a fin de alcanzarlos por la retaguardia, de manera que estaban frente a Judá, pero tenían la emboscada a espaldas de ellos. 14 Judá se volvió, y he aquí que tenían la batalla por delante y por detrás. Entonces clamaron a Jehovah, y los sacerdotes tocaron las trompetas. 15 Los hombres de Judá gritaron con estruendo; y sucedió que mientras gritaban los hombres de Judá, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá. 16 Los hijos de Israel huyeron delante de Judá, y Dios los entregó en su mano. 17 Abías y su gente les ocasionaron una gran derrota, y de Israel cayeron muertos 500.000 hombres escogidos. 18 Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo, pero los hijos de Judá se hicieron fuertes, porque se apoyaban en Jehovah, Dios de sus padres. 19 Abías persiguió a Jeroboam y le tomó las ciudades de Betel con sus aldeas, Jesana con sus aldeas y Efrón con sus aldeas. 20 Jeroboam no recuperó su poderío en los días de Abías. Después Jehovah lo hirió, y murió. 21 Pero Abías se hizo fuerte. Tomó para sí catorce mujeres, y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas. 22 Los demás hechos de Abías, sus caminos y sus palabras están escritos en la historia del profeta Ido.

Versión Reina Valera Actualizada

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