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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 167-169

al Verbo de la vida; ... lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos.” 1 Juan 1:1, 3. Los obreros jóvenes e inexpertos deben ser preparados por el trabajo realizado en relación con estos experimentados siervos de Dios. Así aprenderán a llevar cargas.

Los que se dedican a dar esta preparación a los obreros jóvenes prestan un servicio noble. El Señor mismo coopera con sus esfuerzos. Y los jóvenes a quienes se dirigieron las palabras de consagración y se otorga el privilegio de asociarse con obreros fervorosos y piadosos deben aprovechar en todo lo posible sus oportunidades. Dios los honró al elegirlos para servirle y al colocarlos donde pueden adquirir mayor idoneidad para él; deben ser humildes, fieles y obedientes y dispuestos a sacrificarse. Si se someten a la disciplina de Dios, ejecutando sus instrucciones y eligiendo a sus siervos como sus consejeros, se desarrollarán en hombres justos, de principios elevados, firmes, a quienes Dios pueda confiar responsabilidades.

Mientras se proclame el Evangelio en toda su pureza, habrá hombres que serán llamados del arado y de las vocaciones comerciales comunes, que suelen embargar la mente, y se educarán al lado de hombres de experiencia. Mientras aprendan a trabajar eficazmente, proclamarán la verdad con poder. Mediante admirables manifestaciones de la providencia divina, serán eliminadas y arrojadas al mar montañas de dificultades. El mensaje que tanto significa para los moradores de la tierra será oído y comprendido. Los hombres conocerán lo que es la verdad. La obra seguirá progresando cada vez más, hasta que toda la tierra haya sido amonestada; y entonces vendrá el fin.

Durante varios años después del llamamiento de Eliseo, él y Elías trabajaron juntos, de modo que el hombre más joven iba adquiriendo diariamente mayor preparación para su obra. Elías había sido usado por Dios para destruir males gigantescos. La idolatría que, fomentada por Acab y la pagana Jezabel, había seducido a la nación, había sido detenida en forma decidida. Habían sido muertos los profetas de Baal. Todo el

pueblo de Israel había quedado profundamente conmovido, y muchos volvían a adorar a Dios. Como sucesor de Elías, Elíseo debía esforzarse por guiar a Israel en sendas seguras mediante una instrucción paciente y cuidadosa. Su trato con Elías, el mayor profeta que se conociera desde Moisés, le preparó para la obra que pronto debería hacer solo.

Una y otra vez, durante esos años de ministerio conjunto, Elías debió reprender severamente males flagrantes. Cuando el impío Acab se apoderó del viñedo de Nabot, fué la voz de Elías la que profetizó su condenación y la de toda su casa. Y cuando Ocozías, después de la muerte de su padre Acab, despreció al Dios viviente y se dirigió a Baal-zebub, dios de Ecrón, fué la voz de Elías la que se oyó una vez más en ardiente protesta.

Las escuelas de los profetas establecidas por Samuel habían caído en decadencia durante los años de apostasía que hubo en Israel. Elías restableció estas escuelas y tomó medidas para que los jóvenes pudieran educarse en forma que los indujese a magnificar y honrar la ley. En el relato se mencionan tres de esas escuelas. Una estaba en Gilgal, otra en Betel y la tercera en Jericó. Precisamente antes que Elías fuese arrebatado al cielo, visitó con Eliseo estos centros de educación. El profeta de Dios repitió entonces las lecciones que les había dado en visitas anteriores. Instruyó especialmente a los jóvenes acerca de su alto privilegio de mantenerse lealmente fieles al Dios del cielo. También grabó en su mente la importancia que tenía el dejar que la sencillez caracterizase todo detalle de su educación. Solamente así podrían recibir la impresión celestial y salir a trabajar en los caminos del Señor.

El corazón de Elías quedó alentado al ver él lo que lograban esas escuelas. La obra de reforma no había terminado, pero en todo el reino podía verse que se verificaba la palabra del Señor: “Y yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron a Baal.” 1 Reyes 19:18.

Mientras Eliseo acompañaba al profeta en su jira de servicio

de una escuela a la otra, su fe y su resolución fueron probadas una vez más. En Gilgal y también en Betel y en Jericó, el profeta le invitó a que se volviera atrás. Dijo Elías: “Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Beth-el.” Pero en su tarea anterior, al guiar el arado, Eliseo había aprendido a no cejar ni a desalentarse; y ahora que había puesto la mano al arado en otro ramo del deber, no iba a dejarse desviar de su propósito. No quería separarse de su maestro mientras hubiese oportunidad de adquirir mayor preparación para servir. Aunque Elías no lo sabía, la revelación de que iba a ser trasladado había sido comunicada a sus discípulos en las escuelas de los profetas, y en particular a Eliseo. De manera que el probado siervo del hombre de Dios se mantuvo a su lado. Cada vez que le invitó a regresar, dió esta respuesta: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.”

“Fueron pues ambos a dos... Y ellos dos se pararon junto al Jordán. Tomando entonces Elías su manto, doblólo e hirió las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos en seco. Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo.”

Eliseo no solicitó honores mundanales ni algún puesto elevado entre los grandes de la tierra. Lo que él anhelaba era una gran medida del Espíritu que Dios había otorgado tan liberalmente al que estaba a punto de ser honrado por la traslación. Sabía que nada que no fuese el Espíritu que había descansado sobre Elías podría hacerle idóneo para ocupar en Israel el lugar al cual Dios le había llamado; de modo que pidió: “Ruégote que tenga yo ... una doble porción de tu espíritu.” (V.M.)

En respuesta a esta petición, Elías dijo: “Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no. Y aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos: y Elías subió al cielo en un torbellino.” 2 Reyes 2:1-11.

Elías fué un símbolo de los santos que vivirán en la tierra

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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