Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 6
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 17-19
Capítulo 1—Salomón
Durante el reinado de David y Salomón, Israel se hizo fuerte entre las naciones y tuvo muchas oportunidades de ejercer una influencia poderosa en favor de la verdad y de la justicia. El nombre de Jehová fué ensalzado y honrado, y el propósito con que los israelitas habían sido establecidos en la tierra de promisión parecía estar en vías de cumplirse. Las barreras fueron quebrantadas, y los paganos que buscaban la verdad no eran despedidos sin haber recibido satisfacción. Se producían conversiones, y la iglesia de Dios en la tierra era ensanchada y prosperada.
Salomón fué ungido y proclamado rey durante los últimos años de su padre David, quien abdicó en su favor. La primera parte de su vida fué muy promisoria y Dios quería que progresase en fuerza y en gloria, para que su carácter se asemejase cada vez más al carácter de Dios e inspirase a su pueblo el deseo de desempeñar su cometido sagrado como depositario de la verdad divina.
David sabía que el alto propósito de Dios en favor de Israel sólo podría cumplirse si los príncipes y el pueblo procuraban con incesante vigilancia alcanzar la norma que se les proponía. Sabía que para desempeñar el cometido con el cual Dios se había complacido en honrar a su hijo Salomón, era necesario que el joven gobernante no fuese simplemente un guerrero, un estadista y un soberano, sino un hombre fuerte y bueno, que enseñase la justicia y fuese ejemplo de fidelidad.
Con tierno fervor David instó a Salomón a que fuese viril y noble, a que demostrase misericordia y bondad hacia sus súbditos, y que en todo su trato con las naciones de la tierra honrase
y glorificase el nombre de Dios y manifestase la hermosura de la santidad. Las muchas incidencias penosas y notables por las cuales David había pasado durante su vida le habían enseñado el valor de las virtudes más nobles y le indujeron a declarar a Salomón mientras, moribundo, le transmitía su exhortación final: “El señoreador de los hombres será justo, señoreador en temor de Dios. Será como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes; cuando la hierba de la tierra brota por medio del resplandor después de la lluvia.”. 2 Samuel 23:3, 4.
¡Qué oportunidad tuvo Salomón! Si hubiese seguido la instrucción divinamente inspirada de su padre, el suyo habría sido un reinado de justicia, como el descrito en el Salmo 72:
“Oh Dios, da tus juicios al rey,
Y tu justicia al hijo del rey.
El juzgará tu pueblo con justicia,
Y tus afligidos con juicio...
Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada;
Como el rocío que destila sobre la tierra.
Florecerá en sus días justicia,
Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.
Y dominará de mar a mar,
Y desde el río hasta los cabos de la tierra...
Los reyes de Tharsis y de las islas traerán presentes:
Los reyes de Sheba y de Seba ofrecerán dones.
Y arrodillarse han a él todos los reyes;
Le servirán todas las gentes.
Porque él librará al menesteroso que clamare,
Y al afligido que no tuviere quien le socorra...
Y oraráse por él continuamente;
Todo el día se le bendecirá...
Será su nombre para siempre,
Perpetuaráse su nombre mientras el sol dure:
Y benditas serán en él todas las gentes:
Llamarlo han bienaventurado.
Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel,
Que solo hace maravillas.
Y bendito su nombre glorioso para siempre:
Y toda la tierra sea llena de su gloria.”
En su juventud Salomón hizo la misma decisión que David, y durante muchos años anduvo con integridad y rindió estricta obediencia a los mandamientos de Dios. Al principio de su reinado fué con sus consejeros de estado a Gabaón, donde estaba todavía el tabernáculo que había sido construído en el desierto, y allí, juntamente con los consejeros que se había escogido, “los jefes de miles y de cientos,” “los jueces, y ... todos los príncipes de todo Israel, cabezas de las casas paternas” (2 Crónicas 1:2 (VM)), participó en el ofrecimiento de sacrificios para adorar a Dios y para consagrarse plenamente a su servicio. Comprendiendo algo de la magnitud de los deberes relacionados con el cargo real, Salomón sabía que quienes llevan pesadas responsabilidades deben recurrir a la Fuente de sabiduría para obtener dirección, si quieren desempeñar esas responsabilidades en forma aceptable. Esto le indujo a alentar a sus consejeros para que juntamente con él procurasen asegurarse de que eran aceptados por Dios.
Sobre todos los bienes terrenales, el rey deseaba sabiduría y entendimiento para realizar la obra que Dios le había dado. Anhelaba tener una mente despierta, un corazón grande, y un espíritu tierno. Esa noche el Señor apareció a Salomón en un sueño y le dijo: “Pide lo que te he de dar.” En respuesta, el joven e inexperto gobernante expresó su sentimiento de incapacidad y su deseo de ayuda. Dijo: “Tú has hecho para con tu siervo David, mi padre, gran merced, así como él anduvo delante de tu rostro con fidelidad y en justicia, y en rectitud de corazón para contigo; y le has guardado esta gran merced de darle un hijo que se siente sobre su trono, como parece hoy.
“Ahora pues, oh Jehová, Dios mío, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre; y yo soy un niño pequeño, y no sé cómo me debo conducir. Y con todo tu siervo está en medio de tu pueblo que has escogido, pueblo grande, que no se puede numerar ni contar por la muchedumbre de él. Da pues a tu siervo un corazón inteligente, para juzgar a tu pueblo,
Profetas y Reyes · Ellen G. White