Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 277
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 425-426
sal, vino y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalén, déseles cada un día sin obstáculo alguno; para que ofrezcan olores de holganza al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos.” Esdras 6:7-10.
En adición el rey decretó severos castigos para los que, de cualquier manera que fuese, alteraran el decreto; y terminó con esta notable declaración: “Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya todo rey y pueblo que pusiere su mano para mudar o destruir esta casa de Dios, la cual está en Jerusalem. Yo Darío puse el decreto: sea hecho prestamente.” Vers. 12. Así preparó el Señor las circunstancias para la terminación del templo.
Durante meses, antes que se promulgase este decreto, los israelitas habían seguido trabajando por la fe, y los profetas de Dios habían seguido ayudándoles por medio de mensajes oportunos que recordaban a los trabajadores el propósito divino en favor de Israel. Dos meses después que fuera entregado el último mensaje que se haya registrado como procedente de Ageo, Zacarías tuvo una serie de visiones relativas a la obra de Dios en la tierra. Esos mensajes, dados en forma de parábolas y símbolos, llegaron en tiempo de gran incertidumbre y ansiedad, y fueron de particular significado para los hombres que avanzaban en nombre del Dios de Israel. Les parecía a los dirigentes que el permiso concedido a los judíos para reedificar estaba por serles retirado, y el futuro se les presentaba muy sombrío. Dios vió que su pueblo necesitaba ser sostenido y alentado por una revelación de su compasión y amor infinitos.
Zacarías oyó en visión al ángel del Señor preguntar: “Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años? Y Jehová respondió buenas palabras—declaró Zacarías,—palabras consolatorias a aquel ángel que hablaba conmigo.
“Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Jerusalem y a Sión
con gran celo: y con gran enojo estoy airado contra las gentes que están reposadas; porque yo estaba enojado un poco, y ellos ayudaron para el mal. Por tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he tornado a Jerusalem con miseraciones; en ella será edificada mi casa, ... y la plomada será tendida sobre Jerusalem.” Zacarías 1:12-16.
Se le indicó luego al profeta que debía predecir: “Así dice Jehová de los ejércitos: Aun serán ensanchadas mis ciudades por la abundancia del bien; y aun consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalem.” Vers. 17.
A continuación Zacarías vió, bajo el símbolo de cuatro cuernos, las potencias que “aventaron a Judá, a Israel, y a Jerusalem.” Inmediatamente después vió a cuatro carpinteros que representaban los instrumentos usados por el Señor para restaurar a su pueblo y su casa de culto. Vers. 18-21.
Zacarías dijo: “Alcé después mis ojos, y miré, y he aquí un varón que tenía en su mano un cordel de medir. Y díjele: ¿A dónde vas? Y él me respondió: A medir a Jerusalem, para ver cuánta es su anchura y cuánta su longitud. Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, y díjole: Corre, habla a este mozo, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalem a causa de la multitud de los hombres, y de las bestias en medio de ella. Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y seré por gloria en medio de ella.” Zacarías 2:1-5.
Dios había ordenado que Jerusalén fuese reedificada; y la visión relativa a la medición de la ciudad aseguraba que él daría consuelo y fortaleza a sus afligidos y cumpliría en su favor las promesas de su pacto eterno. Declaró que su cuidado protector sería como “muro de fuego en derredor;” y que por su intermedio la gloria de él sería revelada a todos los hijos de los hombres. Lo que estaba realizando para su pueblo se había de conocer en toda la tierra. “Regocíjate y canta, oh moradora de Sión: porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.” Isaías 12:6.
Profetas y Reyes · Ellen G. White