Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 276
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 422-424
hicieron obra en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios.” Vers. 13, 14.
En menos de un mes después que se reanudara el trabajo en el templo, los constructores recibieron otro mensaje alentador. El Señor mismo envió estas instancias por su profeta: “Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también Josué, ... y cobra ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y obrad: porque yo soy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos.” Hageo 2:4.
A Israel acampado al pie del Sinaí el Señor había declarado: “Habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos: Yo Jehová su Dios.” Éxodo 29:45, 46. Y ahora, a pesar de que repetidas veces “fueron rebeldes, e hicieron enojar su Espíritu Santo” (Isaías 63:10), el Señor les extendió una vez más la mano para salvarlos, mediante los mensajes de su profeta. En reconocimiento de la cooperación que daban a su propósito, les renovó su pacto y promesa de que su Espíritu habitaría entre ellos, y les recomendó: “No temáis.”
Hoy también el Señor declara a sus hijos: “Esfuérzate, ... y obrad: porque yo soy con vosotros.” El creyente tiene siempre en el Señor a un poderoso auxiliador. Tal vez no sepamos cómo nos ayuda; pero esto sabemos: Nunca falta su ayuda para aquellos que ponen su confianza en él. Si los cristianos pudieran saber cuántas veces el Señor ordenó su camino, para que los propósitos del enemigo acerca de ellos no se cumplieran, no seguirían tropezando y quejándose. Su fe se estabilizaría en Dios, y ninguna prueba podría moverlos. Le reconocerían como su sabiduría y eficiencia, y él haría que se cumpliese lo que él desea obrar por su medio.
Las fervientes súplicas y palabras de aliento dadas por medio de Ageo fueron recalcadas y ampliadas por Zacarías, a quien Dios suscitó al lado de aquél para que también instara a Israel a cumplir la orden de levantarse y edificar. El primer
mensaje de Zacarías expresó la seguridad de que nunca deja de cumplirse la palabra de Dios, y prometió bendiciones a aquellos que escuchasen la segura palabra profética.
Aunque sus campos estaban incultos y sus escasas provisiones se agotaban rápidamente, a pesar de que estaban rodeados por pueblos hostiles, los israelitas avanzaron por la fe, en respuesta al llamamiento de los mensajeros de Dios, y trabajaron diligentemente para reedificar el templo en ruinas. Era un trabajo que requería una firme confianza en Dios. Mientras el pueblo procuraba hacer su parte y obtener una renovación de la gracia de Dios en su corazón y en su vida, le fué dado un mensaje tras otro por medio de Ageo y Zacarías, para asegurarle que su fe tendría rica recompensa y que las palabras de Dios acerca de la gloria futura del templo cuyos muros se estaban levantando no dejarían de cumplirse. En ese mismo edificio se vería, vencido el plazo, al Deseado de todas las gentes como Maestro y Salvador de la humanidad.
No se dejó por tanto a los constructores luchar solos; estaban “con ellos los profetas de Dios que les ayudaban” (Esdras 5:2); y el mismo Jehová de los ejércitos había dicho: “Esfuérzate, ... y obrad: porque yo soy con vosotros.” Hageo 2:4.
El sentido arrepentimiento y la resolución de avanzar por la fe atrajeron la promesa de prosperidad temporal. El Señor declaró: “Mas desde aqueste día daré bendición.” Vers. 19.
Fué dado un mensaje preciosísimo a Zorobabel, su conductor, que había sido muy probado durante todos los años que habían transcurrido desde el regreso de Babilonia. Declaró el Señor que llegaba el día cuando todos los enemigos de su pueblo escogido serían derribados. “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel, hijo de Sealtiel, siervo mío, ... y ponerte he como anillo de sellar: porque yo te escogí.” Vers. 23. Ya podía el gobernador de Israel ver el significado de la providencia que le había hecho pasar por desalientos y perplejidades; podía discernir en todo ello el propósito de Dios.
Este mensaje personal dirigido a Zorobabel fué registrado para alentar a los hijos de Dios en toda época. Al enviar pruebas a sus hijos, Dios tiene un propósito. Nunca los conduce por otro camino que el que eligirían si pudiesen ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo. Todo lo que les impone como prueba tiene por fin fortalecerlos para obrar y sufrir para él.
Los mensajes comunicados por Ageo y Zacarías incitaron al pueblo a hacer todo esfuerzo posible para reedificar el templo; pero mientras trabajaban, fueron acosados por los samaritanos y otros, que idearon muchas obstrucciones. En una ocasión, los funcionarios provinciales del reino medo-persa visitaron a Jerusalén y preguntaron quién había autorizado la reedificación. Si en esa ocasión los judíos no hubiesen confiado en la dirección de Dios, esta averiguación podría haberles resultado desastrosa. “Mas los ojos de su Dios fueron sobre los ancianos de los Judíos, y no les hicieron cesar hasta que el negocio viniese a Darío.” Esdras 5:5. La respuesta que recibieron los funcionarios fué tan prudente que decidieron escribir una carta a Darío Histaspes, quien reinaba entonces en Medo-Persia, para recordarle el decreto original que diera Ciro al ordenar que la casa de Dios en Jerusalén fuese reedificada y que los gastos que entrañara fuesen cubiertos por la tesorería del rey.
Darío buscó ese decreto, lo encontró, y dió luego a los que habían hecho las preguntas la orden de permitir que procediera la reconstrucción del templo. Mandó: “Dejad la obra de la casa de este Dios al principal de los Judíos, y a sus ancianos, para que edifiquen la casa de este Dios en su lugar.
“Y por mí es dado mandamiento de lo que habéis de hacer con los ancianos de estos Judíos, para edificar la casa de este Dios: que de la hacienda del rey, que tiene del tributo de la parte allá del río, los gastos sean dados luego a aquellos varones, para que no cesen. Y lo que fuere necesario, becerros y carneros y corderos, para holocaustos al Dios del cielo, trigo,
Profetas y Reyes · Ellen G. White