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Lectura bíblica

Zacarías 3

Zacarías 3

1 Después me mostró a Josué, el sumo sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehovah; y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. 2 Jehovah dijo a Satanás: --Jehovah te reprenda, oh Satanás. Jehovah, quien ha escogido a Jerusalén, te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del fuego? 3 Josué estaba delante del ángel, vestido con vestiduras sucias. 4 Entonces el ángel habló y ordenó a los que estaban delante de él, diciendo: --Quitadle esas vestiduras sucias. --Y a Josué dijo--: Mira que he quitado de ti tu iniquidad y te visto con ropa de gala. 5 --También dijo--: Pongan sobre su cabeza un turbante limpio. Pusieron un turbante limpio sobre su cabeza y le vistieron con sus vestiduras. El ángel de Jehovah estaba de pie. 6 Y el ángel de Jehovah advirtió a Josué diciendo: 7 --Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: "Si andas en mis caminos y guardas mi ordenanza, tú también gobernarás mi casa y guardarás mis atrios; y yo te daré libre acceso entre éstos que están de pie. 8 Escucha, pues, oh Josué, sumo sacerdote; tú, y tus amigos que se sientan delante de ti, puesto que son hombres de carácter simbólico: He aquí yo traigo a mi siervo, el Retoño. 9 Porque he aquí que yo mismo grabaré aquella piedra que he puesto delante de Josué (sobre esta única piedra hay siete ojos), dice Jehovah de los Ejércitos, y quitaré la iniquidad de la tierra en un solo día. 10 En aquel día, dice Jehovah de los Ejércitos, cada uno de vosotros invitará a su amigo para estar debajo de su vid y debajo de su higuera."

Versión Reina Valera Actualizada

Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 427-428

Capítulo 47—Josué y el ángel

El firme progreso que hacían los edificadores del templo desconcertó y alarmó mucho las huestes del mal. Satanás resolvió hacer otro esfuerzo más para debilitar y desalentar al pueblo de Dios presentándole las imperfecciones de su carácter. Si con ello lograba que aquellos que habían sufrido durante largo tiempo por causa de la transgresión fuesen inducidos a despreciar los mandamientos de Dios, caerían otra vez en la servidumbre del pecado.

Por haber sido elegido Israel para conservar el conocimiento de Dios en la tierra, había sido siempre el objeto especial de la enemistad de Satanás, y éste se había propuesto causar su destrucción. Mientras los hijos de Israel fueran obedientes, no podía hacerles daño; por lo tanto había dedicado todo su poder y astucia a inducirlos a pecar. Seducidos por sus tentaciones, habían transgredido la ley de Dios y se les había dejado caer presa de sus enemigos.

Aunque fueron llevados en cautiverio a Babilonia y permanecieron allí muchos años, el Señor no los abandonó. Les envió sus profetas con reproches y amonestaciones para despertarlos y hacerles ver su culpabilidad. Cuando se humillaron delante de Dios y volvieron a él con verdadero arrepentimiento, les envió mensajes de aliento, declarando que los libraría del cautiverio, les devolvería su favor y los restablecería en su tierra. Y ahora que esta obra de restauración había comenzado y un residuo de Israel ya había regresado a Judea, Satanás estaba resuelto a frustrar el cumplimiento del propósito divino, y para este fin estaba tratando de inducir a las naciones paganas a destruirlo completamente.

Pero en esa crisis el Señor fortaleció a su pueblo con “buenas palabras, palabras consolatorias.” Zacarías 1:13. Mediante una ilustración impresionante de la obra de Satanás y la de Cristo, reveló el poder de su Mediador para vencer al acusador de su pueblo.

En una visión, el profeta contempla a “Josué, el gran sacerdote, ... vestido de vestimentas viles” (Zacarías 3:1-3), en pie delante del Angel de Jehová, impetrando la misericordia de Dios en favor de su pueblo afligido. Mientras suplica a Dios que cumpla sus promesas, Satanás se levanta osadamente para resistirle. Señala las transgresiones de los hijos de Israel como razón por la cual no se les podía devolver el favor de Dios. Los reclama como su presa y exige que sean entregados en sus manos.

El sumo sacerdote no puede defenderse a sí mismo ni a su pueblo de las acusaciones de Satanás. No sostiene que Israel esté libre de culpas. En sus andrajos sucios, que simbolizan los pecados del pueblo, que él lleva como su representante, está delante del Angel, confesando su culpa, aunque señalando su arrepentimiento y humillación y fiando en la misericordia de un Redentor que perdona el pecado. Con fe se aferra a las promesas de Dios.

Entonces el Angel, que es Cristo mismo, el Salvador de los pecadores, hace callar al acusador de su pueblo declarando: “Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido a Jerusalem, te reprenda. ¿No es éste tizón arrebatado del incendio?” Vers. 2. Israel había estado durante largo tiempo en el horno de la aflicción. A causa de sus pecados, había sido casi consumido en la llama encendida por Satanás y sus agentes para destruirlo; pero Dios había intervenido ahora para librarle.

Al ser aceptada la intercesión de Josué, se da la orden: “Quitadle esas vestimentas viles,” y a Josué el Angel declara: “Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala.” “Y pusieron una mitra limpia sobre su

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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