Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 230
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 344-345
mensajes le vigilaban estrechamente, Jeremías recibió nuevas revelaciones concernientes a la voluntad del Cielo para perdonar y salvar, y ellas han sido desde aquellos tiempos hasta los nuestros una fuente inagotable de consuelo para la iglesia de Dios.
Confiando firmemente en las promesas de Dios, Jeremías, por medio de una parábola en acción, ilustró delante de los habitantes de la ciudad condenada su fe inquebrantable en el cumplimiento final del propósito de Dios hacia su pueblo. En presencia de testigos, y observando cuidadosamente todas las formas legales necesarias, compró por diecisiete siclos de plata un campo ancestral situado en el pueblo cercano de Anatot.
Desde todo punto de vista humano, esta compra de tierra en un territorio ya dominado por los babilonios, parecía un acto insensato. El profeta mismo había estado prediciendo la destrucción de Jerusalén, la desolación de Judá y la completa ruina del reino. Había estado profetizando un largo período de cautiverio en la lejana Babilonia. Era ya anciano y no podía esperar beneficio personal de la compra que había hecho. Sin embargo, su estudio de las profecías registradas en las Escrituras había creado en su corazón la firme convicción de que el Señor se proponía devolver a los hijos del cautiverio su antigua posesión de la tierra prometida. Con los ojos de la fe, Jeremías vió a los desterrados regresando al cabo de los años de aflicción y ocupando de nuevo la tierra de sus padres. Mediante la compra de aquella propiedad en Anatot, quería hacer lo que podía para inspirar a otros la esperanza que tanto consuelo infundía a su propio corazón.
Habiendo firmado las escrituras de la transferencia y confirmado las contraseñas de los testigos, Jeremías encargó a su secretario Baruc: “Toma estas cartas, esta carta de venta, la sellada, y ésta la carta abierta, y ponlas en un vaso de barro, para que se guarden muchos días. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Aun se comprarán casas, y heredades, y viñas en esta tierra.” Jeremías 32:14, 15.
Tan desalentadora era la perspectiva para Judá en el momento de realizarse esta transacción extraordinaria, que inmediatamente después de cumplir los detalles de la compra y los arreglos necesarios para conservar los registros escritos, se vió muy probada la fe de Jeremías, por inquebrantable que fuera antes. ¿Habría obrado presuntuosamente en su esfuerzo por alentar a Judá? En su deseo de establecer la confianza en las promesas de la palabra de Dios, ¿habría dado pie a falsas esperanzas? Hacía mucho que los que habían hecho pacto con Dios venían despreciando las disposiciones tomadas en su favor. ¿Podrían alguna vez recibir cumplimiento absoluto las promesas hechas a la nación escogida?
Lleno de perplejidad y postrado por la tristeza al ver los sufrimientos de los que se habían negado a arrepentirse de sus pecados, el profeta suplicó a Dios que le iluminara aun más acerca del propósito divino en favor de la humanidad.
Oró: “¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti: que haces misericordia en millares, y vuelves la maldad de los padres en el seno de sus hijos después de ellos: Dios grande, poderoso, Jehová de los ejércitos es su nombre: grande en consejo, y magnífico en hechos: porque tus ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras: que pusiste señales y portentos en tierra de Egipto hasta este día, y en Israel, y entre los hombres; y te has hecho nombre cual es este día; y sacaste tu pueblo Israel de tierra de Egipto con señales y portentos, y con mano fuerte y brazo extendido, con terror grande; y dísteles esta tierra, de la cual juraste a sus padres que se la darías, tierra que mana leche y miel: y entraron, y poseyéronla: mas no oyeron tu voz, ni anduvieron en tu ley; nada hicieron de lo que les mandaste hacer; por tanto has hecho venir sobre ellos todo este mal.” Vers. 17-23.
Los ejércitos de Nabucodonosor estaban a punto de tomar
Profetas y Reyes · Ellen G. White