Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 231
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 346-347
por asalto los muros de Sión. Miles estaban pereciendo en la última defensa desesperada de la ciudad. Muchos otros millares estaban muriendo de hambre y enfermedad. La suerte de Jerusalén estaba ya sellada. Las torres de asedio de las fuerzas enemigas dominaban ya las murallas. El profeta continuó diciendo en su oración a Dios: “He aquí que con arietes han acometido la ciudad para tomarla; y la ciudad va a ser entregada en mano de los Caldeos que pelean contra ella, a causa de la espada, y del hambre y de la pestilencia: ha pues venido a ser lo que tú dijiste, y he aquí tú lo estás viendo. ¡Oh Señor Jehová! ¿y me has tú dicho: Cómprate la heredad por dinero, y pon testigos; bien que la ciudad sea entregada en manos de los Caldeos?” Vers. 24, 25.
La oración del profeta recibió una misericordiosa respuesta. En aquella hora de angustia, cuando la fe del mensajero de verdad era probada como por fuego, “fué palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿encubriráseme a mí alguna cosa?” Vers. 26, 27. La ciudad iba a caer pronto en manos de los caldeos; sus pórticos y sus palacios iban a ser quemados; y no obstante que la destrucción era inminente y los habitantes de Jerusalén iban a ser llevados cautivos, el eterno propósito de Jehová para con Israel iba a cumplirse todavía. En respuesta a la oración de su siervo, el Señor declaró acerca de aquellos sobre quienes caían sus castigos:
“He aquí que yo los juntaré de todas las tierras a las cuales los eché con mi furor, y con mi enojo y saña grande; y los haré tornar a este lugar, y harélos habitar seguramente; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y daréles un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que hayan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no tornaré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y alegraréme con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.
“Porque así ha dicho Jehová: Como traje sobre este pueblo todo este grande mal, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo. Y poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros decís: Está desierta, sin hombres y sin animales; es entregada en manos de los Caldeos. Heredades comprarán por dinero, y harán carta, y la sellarán, y pondrán testigos, en tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalem, y en las ciudades de Judá: y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de las campiñas, y en las ciudades del mediodía: porque yo haré tornar su cautividad, dice Jehová.” Vers. 37-44.
En confirmación de estas promesas de liberación y restauración, “fué palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo:
“Así ha dicho Jehová que la hizo, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes. Porque así ha dicho Jehová, Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad, y de las casas de los reyes de Judá, derribadas con arietes y con hachas: ... He aquí que yo le hago subir sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. Y haré volver la cautividad de Judá, y la cautividad de Israel, y edificarélos como al principio. Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados... Y seráme a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las gentes de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré.
“Así ha dicho Jehová: En este lugar, del cual decís que está desierto sin hombres y sin animales, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, ... voz de gozo y voz de alegría, voz de desposado y voz de desposada, voz de los que digan: Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia; voz de los que traigan alabanza a la casa de Jehová. Porque tornaré a traer la cautividad de la tierra como al principio, ha dicho Jehová.
Profetas y Reyes · Ellen G. White