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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 328-330

profecías de Oseas, Habacuc, Sofonías y otros cuyos mensajes de reprensión y amonestación habían sido similares a los propios. Les recordó acontecimientos que habían sucedido en cumplimiento de profecías relativas a la retribución por el pecado del cual no se habían arrepentido. En lo pasado, los juicios de Dios habían caído sobre los impenitentes en cumplimiento exacto de su propósito tal como había sido revelado por intermedio de sus mensajeros.

Y Jeremías propuso en conclusión: “El profeta que profetizó de paz, cuando sobreviniere la palabra del profeta, será conocido el profeta que Jehová en verdad lo envió.” Vers. 9. Si Israel prefería correr el riesgo entrañado, los acontecimientos demostrarían en forma eficaz quién era el profeta verdadero.

Las palabras con que Jeremías aconsejó la sumisión incitaron a Hananías a desafiar la veracidad del mensaje comunicado. Tomando el yugo simbólico de sobre el cuello de Jeremías, lo rompió, diciendo: “Así ha dicho Jehová: De esta manera quebraré el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las gentes dentro de dos años de días.

“Y fuése Jeremías su camino.” Vers. 11. Aparentemente, no podía hacer otra cosa sino retirarse de la escena del conflicto. Pero se le dió otro mensaje. Se le ordenó: “Ve, y habla a Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yugo de hierro puse sobre el cuello de todas estas gentes, para que sirvan a Nabucodonosor rey de Babilonia, y han de servirle...

“Entonces dijo el profeta Jeremías a Hananías profeta; Ahora oye, Hananías; Jehová no te envió, y tú has hecho confiar a este pueblo en mentira. Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te envío de sobre la haz de la tierra morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová. Y en el mismo año murió Hananías en el mes séptimo.” Vers. 13-17.

El falso profeta había fortalecido la incredulidad del pueblo

en lo que respectaba a Jeremías y su mensaje. Impíamente se había declarado mensajero del Señor y había muerto en consecuencia. En el quinto mes del año fué cuando Jeremías profetizó la muerte de Hananías, y en el mes séptimo el cumplimiento de sus palabras demostró la veracidad de ellas.

La agitación causada por las declaraciones de los falsos profetas había hecho a Sedequías sospechoso de traición, y sólo una acción presta y decisiva podía permitirle seguir reinando como vasallo. Aprovechó la oportunidad de ejecutar una acción tal poco después que regresaron los embajadores de Jerusalén a las naciones circundantes, pues entonces el rey de Judá acompañó a Seraías, “el principal camarero” (Jeremías 51:59), en una misión importante a Babilonia. Durante esta visita a la corte caldea, Sedequías renovó su juramento de fidelidad a Nabucodonosor.

Mediante Daniel y otros cautivos hebreos, el monarca babilónico había llegado a conocer el poder y la autoridad suprema del Dios verdadero; y cuando Sedequías volvió a prometer solemnemente que le permanecería leal, Nabucodonosor le pidió que jurase esta promesa en nombre del Señor Jehová Dios de Israel. Si Sedequías hubiese respetado esta renovación de su pacto jurado, su lealtad habría ejercido una influencia profunda en el espíritu de muchos de los que observaban la conducta de quienes aseveraban reverenciar el nombre del Dios de los hebreos y apreciar su honor.

Pero el rey de Judá perdió de vista su alto privilegio de honrar el nombre del Dios viviente. Acerca de Sedequías ha quedado escrito: “Hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová. Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse a Jehová el Dios de Israel.” 2 Crónicas 36:12, 13.

Mientras Jeremías continuaba dando su testimonio en la tierra de Judá, el profeta Ezequiel fué suscitado de entre los

cautivos de Babilonia para dar advertencias y consuelo a los desterrados, y para confirmar la palabra del Señor que hablaba Jeremías. Durante los años que quedaban del reinado de Sedequías, Ezequiel señaló claramente cuán insensato era confiar en las falsas predicciones de los que inducían a los cautivos a esperar un pronto regreso a Jerusalén. También se le indicó que predijera, por medio de una variedad de símbolos y mensajes solemnes, el asedio de Jerusalén y su completa destrucción.

En el sexto año del reinado de Sedequías, el Señor reveló a Ezequiel en visión algunas de las abominaciones que se estaban practicando en Jerusalén y dentro de las puertas de la casa del Señor, aun en el atrio interior. Las cámaras llenas de imágenes e ídolos que representaban “serpientes, y animales de abominación, y todos los ídolos de la casa de Israel” (Ezequiel 8:10),—todas estas cosas pasaron en rápida sucesión ante la mirada asombrada del profeta.

A los que debieran haber sido guías espirituales del pueblo, “los ancianos de la casa de Israel,” en número de setenta, los vió ofreciendo incienso ante las representaciones idólatras que se habían introducido en cámaras ocultas dentro de las sagradas dependencias del atrio del templo. Los hombres de Judá se alentaban en sus prácticas paganas haciendo estas declaraciones blasfemas: “No nos ve Jehová; Jehová ha dejado la tierra.” Vers. 11, 12.

El profeta había de ver “abominaciones mayores” aún. Le fueron mostradas, ante la puerta que conducía del atrio exterior al interior, “mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tammuz;” y “en el atrio de adentro de la casa de Jehová, ... a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros al oriente, y encorvábanse al nacimiento del sol.” Vers. 13-16.

Entonces el Ser glorioso que acompañaba a Ezequiel en toda esta asombrosa visión de la impiedad en las altas esferas de la tierra de Judá, preguntó al profeta: “¿No has visto, hijo

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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