Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 216
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 326-327
Hasta el fin del tiempo, se levantarán hombres que querrán crear confusión y rebelión entre los que aseveran ser representantes del Dios verdadero. Los que profetizan mentiras alentarán a los hombres a considerar el pecado como cosa liviana. Cuando queden manifiestos los terribles resultados de sus malas acciones, procurarán, si pueden, responsabilizar de sus dificultades al que los amonestó fielmente, así como los judíos culparon de su mala suerte a Jeremías. Pero tan seguramente como en la antigüedad quedaron justificadas las palabras de Jehová por medio de su profeta, se demostrará hoy la certidumbre de sus mensajes.
Desde el principio, Jeremías había seguido una conducta consecuente al aconsejar que los judíos se sometieran a los babilonios. Este consejo no sólo fué dado a Judá, sino a muchas de las naciones circundantes. Durante la primera parte del reinado de Sedequías, visitaron al rey de Judá embajadores de los gobernantes de Edom, Moab, Tiro y otras naciones, para saber si a su juicio el momento era oportuno para una rebelión concertada y si él se uniría con ellos para pelear contra el rey de Babilonia. Mientras estos embajadores aguardaban la respuesta, llegó esta palabra del Señor a Jeremías: “Hazte coyundas y yugos, y ponlos sobre tu cuello; y los enviarás al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Ammón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón, por mano de los embajadores que vienen a Jerusalem a Sedechías, rey de Judá.” Jeremías 27:2, 3.
Se ordenó a Jeremías que diese a los embajadores instrucciones para que informasen a sus príncipes de que Dios los había entregado todos en las manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que le servirían “a él, y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que” llegase “también el tiempo de su misma tierra.” Vers. 7.
Se indicó, además, a los embajadores que declarasen a sus príncipes que si se negaban a servir al rey de Babilonia, serían castigados “con espada y con hambre y con pestilencia,” hasta
que fueran consumidos. Se les recomendó especialmente que se apartasen de las enseñanzas de los falsos profetas que los aconsejaran de otra manera. El Señor declaró: “Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros sueños, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. Porque ellos os profetizan mentira, por haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje y perezcáis. Mas la gente que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, y le sirviere, haréla dejar en su tierra, dice Jehová, y labrarála, y morará en ella.” Vers. 8-11. El castigo más liviano que un Dios misericordioso podía infligir a un pueblo rebelde era que se sometiese al gobierno de Babilonia; pero si guerreaban contra este decreto de servidumbre, iban a sentir todo el rigor de su castigo.
El asombro de los congregados representantes de las naciones no conoció límites cuando Jeremías, llevando un yugo sobre el cuello, les hizo conocer la voluntad de Dios.
Frente a una oposición resuelta, Jeremías abogó firmemente por la política de sumisión. Entre los que querían contradecir el consejo del Señor, se destacaba Hananías, uno de los falsos profetas contra los cuales el pueblo había sido amonestado. Pensando obtener el favor del rey y de la corte real, alzó la voz para protestar y declarar que Dios le había dado palabras de aliento para los judíos. Dijo: “Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Quebranté el yugo del rey de Babilonia. Dentro de dos años de días tornaré a este lugar todos los vasos de la casa de Jehová, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, llevó de este lugar para meterlos en Babilonia; y yo tornaré a este lugar a Jechonías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los trasportados de Judá que entraron en Babilonia, dice Jehová; porque yo quebrantaré el yugo del rey de Babilonia.” Jeremías 28:2-4.
En presencia de los sacerdotes y del pueblo, Jeremías les rogó que se sometiesen al rey de Babilonia por el plazo que el Señor había especificado. Citó a los hombres de Judá las
Profetas y Reyes · Ellen G. White