Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 207
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 322-323
más fácil deshacerse de las palabras escritas que de la reprensión y amonestación que contenían y del castigo inminente que Dios había decretado contra el rebelde Israel. Pero aun el rollo escrito fué reproducido. El Señor ordenó a su siervo: “Vuelve a tomar otro rollo, y escribe en él todas las palabras primeras, que estaban en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá.” El rollo de las profecías concernientes a Judá y Jerusalén había sido reducido a cenizas; pero las palabras seguían viviendo en el corazón de Jeremías “como un fuego ardiente,” y se permitió al profeta que reprodujera lo que la ira del hombre había querido destruir.
Tomando otro rollo, Jeremías lo dió a Baruc, “y escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que quemó en el fuego Joacim rey de Judá; y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes.” Vers. 28, 32. La ira del hombre había procurado suprimir las labores del profeta de Dios; pero el mismo recurso por medio del cual Joaquim había intentado limitar la influencia del siervo de Jehová, le dió mayor oportunidad de presentar claramente los requerimientos divinos.
El espíritu de oposición a la reprensión, que condujo a la persecución y encarcelamiento de Jeremías, existe hoy. Muchos se niegan a escuchar las repetidas amonestaciones, y prefieren escuchar a los falsos maestros que halagan su vanidad y pasan por alto su mal proceder. En el día de aflicción, los tales no tendrán refugio seguro ni ayuda del cielo. Los siervos escogidos de Dios deben hacer frente con valor y paciencia a las pruebas y sufrimientos que les imponen el oprobio, la negligencia y la calumnia. Deben continuar fielmente la obra que Dios les dió y recordar que en la antigüedad los profetas, el Salvador de la humanidad y sus apóstoles sufrieron también insultos y persecución por causa de su Palabra.
Dios quería que Joaquim escuchase los consejos de Jeremías y que, obteniendo así favor en ojos de Nabucodonosor, se ahorrase mucha aflicción. El joven rey había jurado fidelidad
al gobernante babilónico; y si hubiese permanecido fiel a su promesa, se habría granjeado el respeto de los paganos, y esto habría dado preciosas oportunidades para convertir almas.
Despreciando los privilegios especiales que le eran concedidos, el rey de Judá siguió voluntariosamente el camino que había escogido. Violó la palabra de honor que había dado al gobernante babilónico, y se rebeló. Esto le puso a él y a su reino en grave aprieto. Fueron enviadas contra él “tropas de Caldeos, y tropas de Siros, y tropas de Moabitas, y tropas de Ammonitas” (2 Reyes 24:2), y se vió sin fuerzas para evitar que esos despojadores arrasaran la tierra. A los pocos años, llegó al fin de su reinado desastroso, abrumado de ignominia, rechazado por el Cielo, privado del amor de su pueblo y despreciado por los gobernantes de Babilonia cuya confianza había traicionado,—y todo eso como resultado del error fatal que cometiera al desviarse del propósito que Dios le había revelado mediante su mensajero designado.
Joaquín,*El nombre de este rey, llamado en otros pasajes Conías y Jechonias, la versión Valera lo rinde por Joachín y el de su padre por Joacim. La Moderna, más fiel a la pronunciación castellana, da Joaquín y Joaquim. el hijo de Joaquim, ocupó el trono tan sólo tres meses y diez días, al fin de los cuales se entregó a los ejércitos caldeos que, a causa de la rebelión del gobernante de Judá, estaban sitiando nuevamente la desgraciada ciudad. En esa ocasión Nabucodonosor se llevó “a Joachín a Babilonia, y a la madre del rey, y a las mujeres del rey, y a sus eunucos, y a los poderosos de la tierra;” es decir varios millares de personas, juntamente con “los oficiales y herreros.” Al mismo tiempo el rey de Babilonia se llevó “todos los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real.” Vers. 15, 16, 13.
Se permitió, sin embargo, que el reino de Judá, con su poder quebrantado y despojado de su fuerza, de sus hombres y de sus tesoros, subsistiese como gobierno separado. A la cabeza de éste, Nabucodonosor puso a un hijo menor de Josías, llamado Matanías, pero cambió su nombre al de Sedequías.
Profetas y Reyes · Ellen G. White