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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 317-319

placeres egoístas. Decía: “Edificaré para mí casa espaciosa, y airosas salas;” y esa casa, cubierta “de cedro” y pintada “de bermellón” (Jeremías 22:15), fué construida con dinero y trabajo obtenido por fraude y opresión.

Se despertó la ira del profeta, y por inspiración pronunció un juicio contra el gobernante infiel. Declaró: “¡Ay del que edifica su casa y no en justicia, y sus salas y no en juicio, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo! ... ¿Reinarás porque te cercas de cedro? ¿no comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fué bien? El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová. Mas tus ojos y tu corazón no son sino a tu avaricia, y a derramar la sangre inocente, y a opresión, y a hacer agravio.

“Por tanto así ha dicho Jehová, de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ¡Ay hermano mío! y ¡ay hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ¡Ay señor! ¡ay su grandeza! En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalem.” Vers. 13-19.

A los pocos años, este terrible castigo iba a caer sobre Joaquim; pero primero el Señor informó de su propósito resuelto a la nación impenitente. El cuarto año del reinado de Joaquim, “habló Jeremías profeta a todo el pueblo de Judá, y a todos los moradores de Jerusalem,” señalando que durante como veinte años, “desde el año trece de Josías, ... hasta este día” (Jeremías 25:2, 3), había atestiguado el deseo que Dios tenía de salvarlos, pero que sus mensajes habían sido despreciados. Y ahora el Señor les advertía:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, he aquí enviaré yo, y tomaré todos los linajes del aquilón, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y traerélos contra esta tierra, y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y pondrélos por escarnio, y por silbo, y en soledades perpetuas. Y haré que perezca de entre ellos voz de gozo y voz

de alegría, voz de desposado y voz de desposada, ruido de muelas, y luz de lámpara. Y toda esta tierra será puesta en soledad, en espanto; y servirán estas gentes al rey de Babilonia setenta años.” Vers. 8-11.

Aunque la sentencia condenatoria había sido enunciada claramente, era difícil que las multitudes que la oían pudiesen comprender todo lo que significaba. A fin de que pudiesen hacerse impresiones más profundas, el Señor procuró ilustrar el significado de las palabras expresadas. Ordenó a Jeremías que comparase la suerte de la nación con el agotamiento de una copa llena del vino de la ira divina. Entre los primeros que habían de beber de esta copa de desgracia se contaban “a Jerusalem, a las ciudades de Judá, y a sus reyes.” Les tocaría también a estos otros beber la misma copa: “a Faraón rey de Egipto, y a sus siervos, y a sus príncipes, y a todo su pueblo,” y muchas otras naciones de la tierra, hasta que el propósito de Dios se hubiese cumplido. (Véase Jer. 25.)

Para ilustrar aun mejor la naturaleza de los juicios que se acercaban prestamente, se ordenó al profeta: “Lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los sacerdotes; y saldrás al valle del hijo de Hinnom.” Y allí, después de reseñar la apostasía de Judá, debía hacer añicos “una vasija de barro de alfarero” y declarar en nombre de Jehová, cuyo siervo era: “Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra un vaso de barro, que no puede más restaurarse.”

El profeta hizo lo que se le había ordenado. Luego, volviendo a la ciudad, se puso de pie en el atrio del templo, y declaró a oídos de todo el pueblo: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hablé contra ella: porque han endurecido su cerviz, para no oir mis palabras.” Véase Jeremías 19.

En vez de inducirlos a la confesión y al arrepentimiento, las palabras del profeta despertaron ira en los que ejercían autoridad, y en consecuencia Jeremías fué privado de la libertad.

Encarcelado y puesto en el cepo, el profeta continuó sin embargo comunicando los mensajes del Cielo a los que estaban cerca de él. Su voz no podía ser acallada por la persecución. Declaró acerca de la palabra de verdad: “Fué en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, trabajé por sufrirlo, y no pude.” Jeremías 20:9.

Fué más o menos en aquel tiempo cuando el Señor ordenó a Jeremías que escribiera los mensajes que deseaba dar a aquellos por cuya salvación se conmovía de continuo su corazón compasivo. El Señor ordenó a su siervo: “Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. Quizá oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.” Jeremías 36:2, 3.

Obedeciendo a esta orden, Jeremías llamó en su auxilio a un amigo fiel, el escriba Baruc, y le dictó “todas las palabras que Jehová le había hablado.” Vers. 4. Estas palabras se escribieron cuidadosamente en un rollo de pergamino, y constituyeron una solemne reprensión del pecado, una advertencia del resultado seguro que tendría la continua apostasía, y una ferviente súplica a renunciar a todo mal.

Cuando se hubo terminado la escritura, Jeremías, que seguía preso, mandó a Baruc que leyese el rollo a las multitudes congregadas en el templo en ocasión de un día de ayuno nacional, “en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno.” Dijo el profeta: “Quizá caerá oración de ellos en la presencia de Jehová, y tornaráse cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.” Vers. 9, 7.

Baruc obedeció, y el rollo fué leído delante de todo el pueblo de Judá. Más tarde, el escriba fué llamado a comparecer ante los príncipes para leerles las palabras. Escucharon con gran interés, y prometieron informar al rey acerca de todo lo que

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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