Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 196
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 306-307
Israel más de un siglo antes. El mensaje que se le dirigía ahora era: “Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual dí delante de vosotros, para atender a las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío, madrugando en enviarlos, a los cuales no habéis oído; yo pondré esta casa como Silo, y daré esta ciudad en maldición a todas las gentes de la tierra.” Jeremías 26:4-6.
Los que estaban en el templo escuchando el discurso de Jeremías, comprendieron claramente esta referencia a Silo, y al tiempo de Elí, cuando los filisteos habían vencido a Israel y se habían llevado el arca del testamento.
El pecado de Elí había consistido en pasar por alto la iniquidad de sus hijos en el cargo sagrado, así como los males que prevalecían en toda la tierra. Esta negligencia con respecto a corregir esos males había hecho caer sobre Israel una terrible calamidad. Después que sus hijos hubieron caído en la batalla, Elí mismo perdió la vida, el arca de Dios fué quitada de la tierra de Israel, y murieron treinta mil hombres del pueblo, y todo porque se había dejado florecer el pecado sin reprenderlo ni detenerlo. Vanamente había pensado Israel que, a pesar de sus prácticas pecaminosas, la presencia del arca aseguraría la victoria sobre los filisteos. Igualmente, en tiempo de Jeremías, los habitantes de Judá propendían a creer que una observancia estricta de los servicios divinamente ordenados en el templo los habría de preservar del justo castigo que merecía su conducta impía.
¡Qué lección da esto a los hombres que ocupan hoy puestos de responsabilidad en la iglesia de Dios! ¡Cuán solemne advertencia les resulta para que reprendan fielmente los males que deshonran la causa de la verdad! Nadie, entre los que se declaran depositarios de la ley de Dios, se lisonjee de que la consideración que en lo exterior manifieste hacia los mandamientos le preservará del cumplimiento de la justicia divina. Nadie rehuse ser reprendido por su mal proceder, ni acuse a los siervos de Dios de ser demasiado celosos al procurar limpiar
de malas acciones el campamento. Un Dios que aborrece el pecado invita a los que aseveran guardar su ley a que se aparten de toda iniquidad. La negligencia en cuanto a arrepentirse y rendir obediencia voluntaria acarreará hoy a hombres y mujeres consecuencias tan graves como las que sufrió el antiguo Israel.
Hay un límite más allá del cual los juicios de Jehová no pueden ya demorarse. El asolamiento de Jerusalén en los tiempos de Jeremías es una solemne advertencia para el Israel moderno, de que los consejos y las amonestaciones dadas por instrumentos escogidos no pueden despreciarse con impunidad.
El mensaje de Jeremías a los sacerdotes y al pueblo despertó el antagonismo de muchos. Le denunciaron ruidosamente clamando: “¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa será como Silo, y esta ciudad será asolada hasta no quedar morador? Y juntóse todo el pueblo contra Jeremías en la casa de Jehová.” Vers. 9. Sacerdotes, falsos profetas y pueblo se volvieron, airados, contra el que no quería decirles cosas agradables o profetizarles engaño. Así fué despreciado el mensaje de Dios, y su siervo, amenazado de muerte.
Se comunicaron las palabras de Jeremías a los príncipes de Judá, y ellos fueron apresuradamente del palacio real al templo, para conocer por sí mismos la verdad del asunto. “Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre; porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos.” Vers. 11. Pero Jeremías hizo valientemente frente a los príncipes y al pueblo y declaró: “Jehová me envió a que profetizase contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. Y ahora, mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y oid la voz de Jehová vuestro Dios, y arrepentiráse Jehová del mal que ha hablado contra vosotros. En lo que a mí toca, he aquí estoy en
Profetas y Reyes · Ellen G. White