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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 269-271

El profeta Nahum, dirigiéndose a los malhechores de Nínive, exclamó: “¡Ay de la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse de ella el pillaje! Sonido de látigo, y estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y carro saltador; caballero enhiesto, y resplandor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos... Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos.” Nahúm 3:1-5.

Con infalible exactitud el Infinito sigue llevando cuenta con las naciones. Mientras ofrece su misericordia, y llama al arrepentimiento, esta cuenta permanece abierta; pero cuando las cifras llegan a cierta cantidad que Dios ha fijado, el ministerio de su ira comienza. La cuenta se cierra. Cesa la paciencia divina. La misericordia ya no intercede en favor de aquellas naciones.

“Jehová es tardo para la ira, y grande en poder, y no tendrá al culpado por inocente. Jehová marcha entre la tempestad y turbión, y las nubes son el polvo de sus pies. El amenaza a la mar, y la hace secar, y agosta todos los ríos: Basán fué destruído, y el Carmelo, y la flor del Líbano fué destruída. Los montes tiemblan de él, y los collados se deslíen; y la tierra se abrasa a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el furor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.” Nahúm 1:3-6.

Así fué como Nínive, “la ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en su corazón: Yo, y no más,” llegó a ser desolación, “vacía, y agotada, y despedazada está,” “la morada de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león, y la leona, y los cachorros del león, y no había quien les pusiese miedo.” Sofonías 2:15; Nahúm 2:10, 11.

Mirando hacia el momento en que el orgullo de Asiria sería humillado, Sofonías profetizó así acerca de Nínive: “Y rebaños de ganado harán en ella majada, todas las bestias de las gentes; el onocrótalo también y el erizo dormirán en sus umbrales: su

voz cantará en las ventanas; asolación será en las puertas, porque su enmaderamiento de cedro será descubierto.” Sofonías 2:14.

Grande fué la gloria del reino asirio; y grande fué su caída. El profeta Ezequiel, llevando más adelante la figura de un noble cedro, predijo claramente la caída de Asiria por causa de su orgullo y de su crueldad. Declaró:

“Por tanto, así dijo el Señor Jehová... Puso su cumbre entre densas ramas, y su corazón se elevó con su altura, yo lo entregaré en mano del fuerte de las gentes, que de cierto le manejará: por su impiedad lo he arrojado. Y le cortarán extraños, los fuertes de las gentes, y lo abandonarán: sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todas las arroyadas de la tierra serán quebrados sus ramos; e iránse de su sombra todos los pueblos de la tierra, y lo dejarán. Sobre su ruina habitarán todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo: para que no se eleven en su altura los árboles todos de las aguas...

“Así ha dicho el Señor Jehová: El día que descendió a la sepultura, hice hacer luto, ... y todos los árboles del campo se desmayaron. Del estruendo de su caída hice temblar las gentes.” Ezequiel 31:10-16.

El orgullo de Asiria y su caída habían de servir como lección objetiva hasta el fin del tiempo. Acerca de las naciones de la tierra que hoy se levantan con arrogancia y orgullo contra él, Dios pregunta: “¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre los árboles de Edén? Pues derribado serás con los árboles de Edén en la tierra baja.” Vers. 18.

“Bueno es Jehová para fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Mas con inundación impetuosa hará consumación” de todos aquellos que procuran exaltarse a mayor altura que el Altísimo. Nahúm 1:7, 8.

“La soberbia del Assur será derribada, y se perderá el cetro de Egipto.” Zacarías 10:11. Esto se aplica no sólo a las naciones que se levantaron contra Dios en los tiempos antiguos, sino

también a las naciones de hoy que no cumplen el propósito divino. En el día de las recompensas finales, cuando el justo Juez de toda la tierra haya de “zarandear las gentes” (Isaías 30:28), y se deje entrar en la ciudad de Dios a los que guardaron la verdad, las bóvedas del cielo repercutirán con los cantos triunfantes de los redimidos. Declara el proteta: “Vosotros tendréis canción, como en noche en que se celebra pascua; y alegría de corazón, como el que va con flauta para venir al monte de Jehová, al Fuerte de Israel. Y Jehová hará oir su voz potente... Porque Assur que hirió con palo, con la voz de Jehová será quebrantado. Y en todo paso habrá madero fundado, que Jehová hará hincar sobre él con tamboriles y vihuelas.” Vers. 29-32.

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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