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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 221-222

tierra hacia la cual pasáis el Jordán para poseerla: no estaréis en ella largos días sin que seáis destruídos. Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las gentes a las cuales os llevará Jehová: y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, a madera y a piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.” Vers. 26-28.

Esta profecía, que se cumplió en parte en tiempo de los jueces, halló un cumplimiento más completo y literal en el cautiverio de Israel en Asiria y de Judá en Babilonia.

La apostasía de Israel se había desarrollado gradualmente. De generación en generación, Satanás había hecho repetidas tentativas para inducir a la nación escogida a que olvidase “los mandamientos, estatutos, y derechos” (Deuteronomio 6:1) que había prometido guardar para siempre. Sabía él que si tan sólo podía inducir a Israel a olvidarse de Dios, y a andar “en pos de dioses ajenos” para servirlos y postrarse ante ellos, “de cierto” perecería. Deuteronomio 8:19.

Sin embargo, el enemigo de la iglesia de Dios en la tierra no había tenido plenamente en cuenta la naturaleza compasiva de Aquel que “de ningún modo justificará al malvado,” y sin embargo se gloría en ser “misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado.” Éxodo 34:6, 7. A pesar de los esfuerzos hechos por Satanás para estorbar el propósito de Dios en favor de Israel, el Señor se reveló misericordiosamente aun en algunas de las horas más sombrías de su historia, cuando parecía que las fuerzas del mal estaban por ganar la victoria. Recordó a Israel las cosas destinadas a contribuir al bienestar de la nación. Declaró por medio de Oseas: “Escribíle las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosas ajenas.” “Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba.” Oseas 8:12; 11:3. El Señor los había tratado con ternura, instruyéndolos por sus profetas y dándoles renglón sobre renglón, precepto sobre precepto.

Si Israel hubiese escuchado los mensajes de los profetas, se le habría ahorrado la humillación que siguió. Pero el Señor se vió obligado a dejarlo ir en cautiverio porque persistió en apartarse de su ley. El mensaje que le mandó por Oseas fué éste: “Mi pueblo está destruído por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado con desprecio el conocimiento de Dios, yo también te rechazaré, ... puesto que te has olvidado de la ley de tu Dios.” Oseas 4:6 (VM).

En toda época, la transgresión de la ley de Dios fué seguida por el mismo resultado. En los días de Noé, cuando se violó todo principio del bien hacer, y la iniquidad se volvió tan arraigada y difundida que Dios no pudo soportarla más, se promulgó el decreto: “Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra.” Génesis 6:7. En los tiempos de Abrahán, el pueblo de Sodoma desafió abiertamente a Dios y a su ley; y se manifestó la misma perversidad, la misma corrupción y la misma sensualidad desenfrenada que habían distinguido al mundo antediluviano. Los habitantes de Sodoma sobrepasaron los límites de la tolerancia divina, y contra ellos se encendió el fuego de la venganza.

El tiempo que precedió al cautiverio de las diez tribus de Israel se destacó por una desobediencia y una perversidad similares. No se tenía en cuenta para nada la ley de Dios, y esto abrió las compuertas de la iniquidad sobre Israel. Oseas declaró: “Jehová pleitea con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, y mentir, y matar, y hurtar y adulterar prevalecieron, y sangres se tocaron con sangres.” Oseas 4:1, 2.

Las profecías de juicio que dieran Amós y Oseas iban acompañadas de predicciones referentes a una gloria futura. A las diez tribus, durante mucho tiempo rebeldes e impenitentes, no se les prometió una restauración completa de su poder anterior en Palestina. Hasta el fin del tiempo, habrían de andar “errantes entre las gentes.” Pero mediante Oseas fué dada una profecía que les ofreció el privilegio de tener parte en la restauración

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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