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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 217-220

Como dos años más tarde, Samaria fué cercada por las huestes de Asiria bajo Salmanasar; y en el sitio que siguió, multitudes perecieron miserablemente de hambre y enfermedad así como por la espada. Cayeron la ciudad y la nación y el quebrantado remanente de las diez tribus fué llevado cautivo y disperso por las provincias del reino asirio.

La destrucción acaecida al reino del norte fué un castigo directo del Cielo. Los asirios fueron tan sólo los instrumentos que Dios usó para ejecutar su propósito. Por medio de Isaías, quien empezó a profetizar poco después de la caída de Samaria, el Señor se refirió a las huestes asirias como “vara y bastón de mi furor: en su mano he puesto mi ira.” Isaías 10:5.

Muy grave había sido el pecado de los hijos de Israel “contra Jehová su Dios,” e hicieron “cosas muy malas.” “Mas ellos no obedecieron, antes ... desecharon sus estatutos, y su pacto que él había concertado con sus padres, y sus testimonios que él había protestado contra ellos.” Debido a que habían dejado “todos los mandamientos de Jehová su Dios, e hiciéronse vaciadizos dos becerros, y también bosques, y adoraron a todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal,” y se habían negado constantemente a arrepentirse, el Señor “afligiólos, y entrególos en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia,” en armonía con las claras advertencias que les había enviado por “todos los profetas sus siervos.”

“E Israel fué trasportado de su tierra a Asiria,” “por cuanto no habían atendido la voz de Jehová su Dios, antes habían quebrantado su pacto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado.” 2 Reyes 17:7, 11, 14-16, 20, 23; 18:12.

En los terribles castigos que cayeron sobre las diez tribus, el Señor tenía un propósito sabio y misericordioso. Lo que ya no podía lograr por medio de ellas en la tierra de sus padres, procuraría hacerlo esparciéndolas entre los paganos. Su plan para salvar a todos los que quisieran obtener perdón mediante el Salvador de la familia humana, debía cumplirse todavía; y en

yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno... Guardadlos, pues, y ponedlos por obra: porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia en ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gente grande es ésta.” Deuteronomio 4:1-6.

Se les había encargado especialmente a los israelitas que no olvidasen los mandamientos de Dios, en cuya obediencia hallarían fortaleza y bendición. He aquí las palabras que el Señor les dirigió por Moisés: “Guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida: y enseñarlas has a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” Vers. 9. Las escenas pavorosas relacionadas con la promulgación de la ley en el Sinaí no debían olvidarse jamás. Habían sido claras y decididas las advertencias dadas a Israel contra las costumbres idólatras que prevalecían entre las naciones vecinas. El consejo que se le había dado había sido: “Guardad pues mucho vuestras almas, ... porque no os corrompáis, y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna,” “y porque alzando tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, no seas incitado, y te inclines a ellos, y les sirvas; que Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos.” “Guardaos no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios, que él estableció con vosotros, y os hagáis escultura o imagen de cualquier cosa, que Jehová tu Dios te ha vedado.” Vers. 15, 16, 19, 23.

Moisés explicó los males que resultarían de apartarse de los estatutos de Jehová. Invocando como testigos los cielos y la tierra, declaró que si, después de haber morado largo tiempo en la tierra prometida, el pueblo llegara a introducir formas corruptas de culto y a inclinarse ante imágenes esculpidas, y si rehusara volver al culto del verdadero Dios, la ira del Señor se despertaría y ellos serían llevados cautivos y dispersados entre los paganos. Les advirtió: “Presto pereceréis totalmente de la

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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