Cristo La Iglesia
Plan Encuentro 2 Día 46
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Lectura bíblica
Hechos 13:4-52
Hechos 13:4-52
4 Por lo tanto, siendo enviados por el Espíritu Santo, ellos descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. 5 Después de llegar a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. También tenían a Juan como ayudante. 6 Habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a un mago, falso profeta judío, llamado Barjesús. 7 Él estaba con el procónsul Sergio Paulo, un hombre prudente. Éste, mandando llamar a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. 8 Pero el mago Elimas (pues así se traduce su nombre) les resistía, intentando apartar al procónsul de la fe. 9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijó los ojos en él 10 y dijo: --¡Oh tú, lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de pervertir los caminos rectos del Señor? 11 Y ahora, ¡he aquí la mano del Señor está contra ti! Quedarás ciego por un tiempo sin ver el sol. De repente cayeron sobre él niebla y tinieblas, y andando a tientas, buscaba quien le condujese de la mano. 12 Entonces, al ver lo que había sucedido, el procónsul creyó, maravillado de la doctrina del Señor. 13 Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén. 14 Pasando de Perge, ellos llegaron a Antioquía de Pisidia. Y en el día sábado, habiendo entrado en la sinagoga, se sentaron. 15 Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: --Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad. 16 Entonces Pablo se levantó, y haciendo una señal con la mano, dijo: --Hombres de Israel y los que teméis a Dios, oíd. 17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres. Enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de allí. 18 Por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto. 19 Luego destruyó siete naciones en la tierra de Canaán, y les hizo heredar la tierra de ellas; 20 como unos 450 años. Después de eso, les dio jueces hasta el profeta Samuel. 21 Y a partir de entonces pidieron rey, y Dios les dio por cuarenta años a Saúl hijo de Quis, hombre de la tribu de Benjamín. 22 Después de quitarlo, les levantó por rey a David, de quien dio testimonio diciendo: "He hallado a David hijo de Isaí, hombre conforme a mi corazón, quien hará toda mi voluntad." 23 De la descendencia de David, conforme a la promesa, Dios trajo para Israel un Salvador, Jesús. 24 Antes de presenciar su venida, Juan predicó el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25 Entonces, cuando Juan terminaba su carrera, decía: "¿Quién pensáis que yo soy? Yo no lo soy. Más bien, he aquí viene tras mí uno de quien yo no soy digno de desatar el calzado de sus pies." 26 Hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios: A nosotros nos ha sido enviado el mensaje de esta salvación. 27 Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, por no reconocer a Jesús ni hacer caso a las palabras de los profetas que se leen todos los sábados, las cumplieron al condenarlo. 28 Sin hallar en él ninguna causa digna de muerte, pidieron a Pilato que le matase. 29 Y como habían cumplido todas las cosas escritas acerca de él, lo bajaron del madero y lo pusieron en el sepulcro. 30 Pero Dios le levantó de entre los muertos. 31 Y él apareció por muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. 32 Nosotros también os anunciamos las buenas nuevas de que la promesa que fue hecha a los padres, 33 ésta la ha cumplido Dios para nosotros sus hijos, cuando resucitó a Jesús; como también está escrito en el Salmo segundo: Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy. 34 Y acerca de que le levantó de los muertos para no volver más a la corrupción, ha dicho así: Os daré las santas y fieles bendiciones prometidas a David. 35 Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu Santo vea corrupción. 36 Porque, después de haber servido en su propia generación a la voluntad de Dios, David murió, fue reunido con sus padres y vio corrupción. 37 En cambio, aquel a quien Dios levantó no vio corrupción. 38 Por lo tanto, hermanos, sea conocido de vosotros que por medio de él se os anuncia el perdón de pecados. 39 Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree. 40 Mirad, pues, que no sobrevenga lo que está dicho en los Profetas: 41 Mirad, burladores, asombraos y pereced. Porque yo hago una gran obra en vuestros días: una obra que jamás la creeréis, aunque alguien os la cuente. 42 Cuando ellos salían, les rogaron que el sábado siguiente les hablasen de estos temas. 43 Entonces una vez despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes les hablaban y les persuadían a perseverar fieles en la gracia de Dios. 44 El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. 45 Y cuando los judíos vieron las multitudes, se llenaron de celos, y blasfemando contradecían lo que Pablo decía. 46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando con valentía, dijeron: --Era necesario que se os hablase a vosotros primero la palabra de Dios; pero ya que la habéis desechado y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. 47 Porque así nos ha mandado el Señor: Te he puesto por luz a los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. 48 Al oír esto, los gentiles se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron cuantos estaban designados para la vida eterna. 49 Y la palabra del Señor se difundía por toda la región. 50 Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas y distinguidas y a los principales de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus territorios. 51 Entonces sacudieron el polvo de sus pies contra ellos, y se fueron a Iconio. 52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
Los Hechos de los Apóstoles, páginas 135-136
Capítulo 17—Heraldos del evangelio
Este capítulo está basado en Hechos 13:4-52.
Enviados así por el Espíritu Santo, Pablo y Bernabé, después de su ordenación por los hermanos de Antioquía, “descendieron a Seleucia: y de allí navegaron a Cipro [Chipre].” Así empezaron los apóstoles su primera jira misionera.
Chipre era uno de los lugares a los cuales los creyentes habían huído de Jerusalén por causa de la persecución que siguió a la muerte de Esteban. Y era desde Chipre de donde habían ido ciertos hombres a Antioquía, “anunciando el evangelio del Señor Jesús.” Hechos 11:20. Bernabé mismo era “natural de Cipro” (Hechos 4:36); y ahora él y Pablo, acompañados por Juan Marcos, un pariente de Bernabé, visitaron ese país isleño.
La madre de Marcos se había convertido a la religión cristiana, y su casa en Jerusalén era un asilo para los discípulos. Allí estaban siempre seguros de ser bienvenidos y de gozar de un período de descanso. Fué en una de esas visitas de los apóstoles a la casa de su madre, cuando Marcos propuso a Pablo y Bernabé acompañarlos en su viaje misionero. Sentía la gracia de Dios en su corazón, y anhelaba dedicarse enteramente a la obra del ministerio evangélico.
Al llegar a Salamina, los apóstoles “anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos.... Y habiendo atravesado toda la isla hasta Papho, hallaron un hombre mago, falso profeta, Judío, llamado Barjesús; el cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios. Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.”
Satanás no permite sin lucha que el reino de Dios se edifique en la tierra. Las huestes del mal están empeñadas en incesante guerra contra los agentes designados para la predicación del Evangelio; y estas potestades de las tinieblas están especialmente activas cuando se proclama la verdad ante hombres de reputación y genuina integridad. Así sucedió cuando Sergio Paulo, el procónsul de Chipre, escuchaba el mensaje evangélico. El procónsul había hecho llamar a los apóstoles para que se le enseñara el mensaje que habían venido a dar; y ahora las fuerzas del mal, obrando por medio del hechicero Elimas, trataron, con sus funestas sugestiones, de apartarlo de la fe y frustrar así el propósito de Dios.
Así el enemigo caído trabaja siempre por conservar en sus filas a los hombres de influencia que, si se convirtieran, podrían prestar eficaz servicio en la causa de Dios. Pero el fiel obrero evangélico no necesita temer ser derrotado por el enemigo; porque es su privilegio ser dotado de poder celestial para resistir toda influencia satánica.
Aunque penosamente acosado por Satanás, Pablo tuvo valor para increpar a aquel por quien el enemigo estaba trabajando. “Lleno del Espíritu Santo,” el apóstol, “poniendo en él los ojos, dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora pues, he aquí la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en él obscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quién le condujese por la mano. Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.”
El adivino había cerrado los ojos a las evidencias de la verdad evangélica; y el Señor, con justo enojo, cegó sus ojos naturales, privándolo de la luz del día. La ceguera no fué permanente, sino temporal, a fin de que le indujese a arrepentirse y a procurar perdón del Dios a quien había ofendido tan gravemente. La confusión en la cual se vió sumido anuló sus
Los Hechos de los Apóstoles · Ellen G. White