Cristo El Camino
Plan Encuentro 1 Día 351
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Lectura del libro
El Deseado de Todas las Gentes, páginas 740-741
obra consistió en explicar las Escrituras. Ellos habían considerado su muerte como la destrucción de todas sus esperanzas. Ahora les demostró por los profetas que era la evidencia más categórica para su fe.
Al enseñar a estos discípulos, Jesús demostró la importancia del Antiguo Testamento como testimonio de su misión. Muchos de los que profesan ser cristianos ahora, descartan el Antiguo Testamento y aseveran que ya no tiene utilidad. Pero tal no fué la enseñanza de Cristo. Tan altamente lo apreciaba que en una oportunidad dijo: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.”Lucas 16:31.
Es la voz de Cristo que habla por los patriarcas y los profetas, desde los días de Adán hasta las escenas finales del tiempo. El Salvador se revela en el Antiguo Testamento tan claramente como en el Nuevo. Es la luz del pasado profético lo que presenta la vida de Cristo y las enseñanzas del Nuevo Testamento con claridad y belleza. Los milagros de Cristo son una prueba de su divinidad; pero una prueba aun más categórica de que él es el Redentor del mundo se halla al comparar las profecías del Antiguo Testamento con la historia del Nuevo.
Razonando sobre la base de la profecía, Cristo dió a sus discípulos una idea correcta de lo que había de ser en la humanidad. Su expectativa de un Mesías que había de asumir el trono y el poder real de acuerdo con los deseos de los hombres, había sido engañosa. Les había impedido comprender correctamente su descenso de la posición más sublime a la más humilde que pudiese ocupar. Cristo deseaba que las ideas de sus discípulos fuesen puras y veraces en toda especificación. Debían comprender, en la medida de lo posible, la copa de sufrimiento que le había sido dada. Les demostró que el terrible conflicto que todavía no podían comprender era el cumplimiento del pacto hecho antes de la fundación del mundo. Cristo debía morir, como todo transgresor de la ley debe morir si continúa en el pecado. Todo esto había de suceder, pero no terminaba en derrota, sino en una victoria gloriosa y eterna. Jesús les dijo que debía hacerse todo esfuerzo posible para salvar al mundo del pecado. Sus seguidores deberían vivir como él había vivido y obrar como él había obrado, esforzándose y perseverando.
Así discurrió Cristo con sus discípulos, abriendo su entendimiento para que comprendiesen las Escrituras. Los discípulos estaban cansados, pero la conversación no decaía. De los labios del Salvador brotaban palabras de vida y seguridad. Pero los ojos de ellos estaban velados. Mientras él les hablaba de la destrucción de Jerusalén, miraron con llanto la ciudad condenada. Pero poco sospechaban quién era su compañero de viaje. No pensaban que el objeto de su conversación estaba andando a su lado; porque Cristo se refería a sí mismo como si fuese otra persona. Pensaban que era alguno de aquellos que habían asistido a la gran fiesta y volvía ahora a su casa. Andaba tan cuidadosamente como ellos sobre las toscas piedras, deteniéndose de vez en cuando para descansar un poco. Así prosiguieron por el camino montañoso, mientras andaba a su lado Aquel que habría de asumir pronto su puesto a la diestra de Dios y podía decir: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”Mateo 28:18.
Durante el viaje, el sol se había puesto, y antes que los viajeros llegasen a su lugar de descanso los labradores de los campos habían dejado su trabajo. Cuando los discípulos estaban por entrar en casa, el extraño pareció querer continuar su viaje. Pero los discípulos se sentían atraídos a él. En su alma tenían hambre de oír más de él. “Quédate con nosotros,” dijeron. Como no parecía aceptar la invitación, insistieron diciendo: “Se hace tarde, y el día ya ha declinado.” Cristo accedió a este ruego y “entró pues a estarse con ellos.”
Si los discípulos no hubiesen insistido en su invitación, no habrían sabido que su compañero de viaje era el Señor resucitado. Cristo no impone nunca su compañía a nadie. Se interesa en aquellos que le necesitan. Gustosamente entrará en el hogar más humilde y alegrará el corazón más sencillo. Pero si los hombres son demasiado indiferentes para pensar en el Huésped celestial o pedirle que more con ellos, pasa de largo. Así muchos sufren grave pérdida. No conocen a Cristo más de lo que le conocieron los discípulos mientras andaban con él en el camino.
Pronto estuvo preparada la sencilla cena de pan. Fué colocada delante del huésped, que había tomado su asiento a la cabecera de la mesa. Entonces alzó las manos para bendecir el
El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White