Cristo El Camino
Plan Encuentro 1 Día 352
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Lectura bíblica
Lucas 24:33-39; Juan 20:19-31
Lucas 24:33-39
33 En la misma hora se levantaron y se volvieron a Jerusalén. Hallaron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, 34 quienes decían: --¡Verdaderamente el Señor ha resucitado y ha aparecido a Simón! 35 Entonces ellos contaron las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo se había dado a conocer a ellos al partir el pan. 36 Mientras hablaban estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: --Paz a vosotros. 37 Entonces ellos, aterrorizados y asombrados, pensaban que veían un espíritu. 38 Pero él les dijo: --¿Por qué estáis turbados, y por qué suben tales pensamientos a vuestros corazones? 39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.
Juan 20:19-31
19 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos se reunían por miedo a los judíos, Jesús entró, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡Paz a vosotros!" 20 Habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se regocijaron cuando vieron al Señor. 21 Entonces Jesús les dijo otra vez: "¡Paz a vosotros! Como me ha enviado el Padre, así también yo os envío a vosotros." 22 Habiendo dicho esto, sopló y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. 23 A los que remitáis los pecados, les han sido remitidos; y a quienes se los retengáis, les han sido retenidos." 24 Pero Tomás, llamado Dídimo, uno de los doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25 Entonces los otros discípulos le decían: --¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: --Si yo no veo en sus manos la marca de los clavos, y si no meto mi dedo en la marca de los clavos y si no meto mi mano en su costado, no creeré jamás. 26 Ocho días después sus discípulos estaban adentro otra vez, y Tomás estaba con ellos. Y aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró, se puso en medio y dijo: --¡Paz a vosotros! 27 Luego dijo a Tomás: --Pon tu dedo aquí y mira mis manos; pon acá tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente. 28 Entonces Tomás respondió y le dijo: --¡Señor mío, y Dios mío! 29 Jesús le dijo: --¿Porque me has visto, has creído? ¡Bienaventurados los que no ven y creen! 30 Por cierto Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31 Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
El Deseado de Todas las Gentes, página 742
alimento. Los discípulos retrocedieron asombrados. Su compañero extendía las manos exactamente como solía hacerlo su Maestro. Vuelven a mirar, y he aquí que ven en sus manos los rastros de los clavos. Ambos exclaman a la vez: ¡Es el Señor Jesús! ¡Ha resucitado de los muertos!
Se levantan para echarse a sus pies y adorarle, pero ha desaparecido de su vista. Miran el lugar que ocupara Aquel cuyo cuerpo había estado últimamente en la tumba y se dicen uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”
Pero teniendo esta gran nueva que comunicar, no pueden permanecer sentados conversando. Han desaparecido su cansancio y su hambre. Dejan sin probar su cena, y llenos de gozo vuelven a tomar la misma senda por la cual vinieron, apresurándose para ir a contar las nuevas a los discípulos que están en la ciudad. En algunos lugares, el camino no es seguro, pero trepan por los lugares escabrosos y resbalan por las rocas lisas. No ven ni saben que tienen la protección de Aquel que recorrió el camino con ellos. Con su bordón de peregrino en la mano, se apresuran deseando ir más ligero de lo que se atreven. Pierden la senda, pero la vuelven a hallar. A veces corriendo, a veces tropezando, siguen adelante, con su compañero invisible al lado de ellos todo el camino.
La noche es obscura, pero el Sol de justicia resplandece sobre ellos. Su corazón salta de gozo. Parecen estar en un nuevo mundo. Cristo es un Salvador vivo. Ya no le lloran como muerto. Cristo ha resucitado, repiten vez tras vez. Tal es el mensaje que llevan a los entristecidos discípulos. Deben contarles la maravillosa historia del viaje a Emaús. Deben decirles quién se les unió en el camino. Llevan el mayor mensaje que fuera jamás dado al mundo, un mensaje de alegres nuevas, de las cuales dependen las esperanzas de la familia humana para este tiempo y para la eternidad.
El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White