Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 90
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 149-151
aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. No habrá para qué vosotros peleéis en este caso: paraos, estad quedos, y ved la salud de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalem, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová será con vosotros.
“Entonces Josaphat se inclinó rostro por tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalem se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. Y levantáronse los Levitas de los hijos de Coath y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel a grande y alta voz.”
Temprano por la mañana se levantaron y fueron al desierto de Tecoa. Mientras avanzaban a la batalla, Josafat dijo: “Oídme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed a Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen a Jehová, y alabasen en la hermosura de la santidad.” 2 Crónicas 20:14-21. Estos cantores iban delante del ejército, elevando sus voces en alabanza a Dios por la promesa de la victoria.
Era una manera singular de ir a pelear contra el ejército enemigo, eso de alabar a Jehová con cantos y ensalzar al Dios de Israel. Tal era su canto de batalla. Poseían la hermosura de la santidad. Si hoy se alabase más a Dios, aumentarían constantemente la esperanza, el valor y la fe. ¿No fortalecería esto las manos de los soldados valientes que hoy defienden la verdad?
“Puso Jehová contra los hijos de Ammón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y matáronse los unos a los otros: pues los hijos de Ammón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos; y como hubieron acabado a los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.
“Y luego que vino Judá a la atalaya del desierto, miraron
hacia la multitud; mas he aquí yacían ellos en tierra muertos, que ninguno había escapado.” Vers. 22-24.
Dios fué la fortaleza de Judá en esta crisis, y es hoy la fortaleza de su pueblo. No hemos de confiar en príncipes, ni poner a los hombres en lugar de Dios. Debemos recordar que los seres humanos son sujetos a errar, y que Aquel que tiene todo el poder es nuestra fuerte torre de defensa. En toda emergencia, debemos reconocer que la batalla es suya. Sus recursos son ilimitados, y las imposibilidades aparentes harán tanto mayor la victoria.
“Sálvanos, oh Dios, salud nuestra:
Júntanos, y líbranos de las gentes,
Para que confesemos tu santo nombre,
Y nos gloriemos en tus alabanzas.” 1 Crónicas 16:35.
Cargados de despojos, los ejércitos de Israel volvieron “con gozo, porque Jehová les había dado gozo de sus enemigos. Y vinieron a Jerusalem con salterios, arpas, y bocinas, a la casa de Jehová.” 2 Crónicas 20:27, 28. Tenían mucho motivo de regocijarse. Al obedecer a la orden: “Paraos, estad quedos, y ved la salud de Jehová... No temáis ni desmayéis” (Vers. 17), habían confiado plenamente en Dios, y él había demostrado que era su fortaleza y su libertador. Ahora podían cantar con buen entendimiento los himnos inspirados de David:
“Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones...
Que quiebra el arco, corta la lanza,
Y quema los carros en el fuego.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios:
Ensalzado he de ser entre las gentes,
Ensalzado seré en la tierra.
Jehová de los ejércitos es con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob.” (Sal. 46.)
“Conforme a tu nombre, oh Dios,
Así es tu loor hasta los fines de la tierra:
De justicia está llena tu diestra.
Alegraráse el monte de Sión;
Se gozarán las hijas de Judá por tus juicios...
“Porque este Dios es Dios nuestro eternalmente y para siempre:
El nos capitaneará hasta la muerte.” Salmos 48:10, 11, 14.
Debido a la fe manifestada por el gobernante de Judá y sus ejércitos, “fué el pavor de Dios sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. Y el reino de Josaphat tuvo reposo; porque su Dios le dió reposo de todas partes.” 2 Crónicas 20:29, 30.
Profetas y Reyes · Ellen G. White