Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 64
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Lectura bíblica
1 Reyes 18:41-46; 1 Reyes 19:1-8; Job 1-3
1 Reyes 18:41-46
41 Entonces Elías dijo a Acab: --Sube, come y bebe; porque se oye el ruido de una fuerte lluvia. 42 Acab subió para comer y beber. Entonces Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra puso su rostro entre sus rodillas. 43 Luego dijo a su criado: --Sube, por favor, y mira hacia el mar. Él subió, miró y dijo: --No hay nada. Él le volvió a decir: --Vuelve siete veces. 44 A la séptima vez dijo: --He aquí, veo una pequeña nube, como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Entonces él dijo: --Ve y di a Acab: "Unce tu carro y desciende, no sea que te detenga la lluvia." 45 Y aconteció que mientras tanto los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y cayó una fuerte lluvia. Acab subió al carro y fue a Jezreel; 46 pero la mano de Jehovah estuvo sobre Elías, quien ciñó sus lomos y fue corriendo delante de Acab hasta la entrada de Jezreel.
1 Reyes 19:1-8
1 Acab informó a Jezabel de todo lo que Elías había hecho y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2 Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: "¡Así me hagan los dioses y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he hecho tu vida como la vida de uno de ellos!" 3 Entonces él tuvo miedo, y se levantó y huyó para salvar su vida. Así llegó a Beerseba, que pertenece a Judá. Dejó allí a su criado, 4 y él se fue un día de camino por el desierto. Luego vino, se sentó debajo de un arbusto de retama y ansiando morirse dijo: --¡Basta ya, oh Jehovah! ¡Quítame la vida, porque yo no soy mejor que mis padres! 5 Se recostó debajo del arbusto y se quedó dormido. Y he aquí que un ángel le tocó y le dijo: --Levántate, come. 6 Entonces miró, y he aquí que a su cabecera había una torta cocida sobre las brasas y una cantimplora de agua. Luego comió, bebió y se volvió a recostar. 7 Entonces el ángel de Jehovah volvió por segunda vez, y le tocó diciendo: --Levántate, come, porque el camino es demasiado largo para ti. 8 Se levantó, comió y bebió. Luego, con las fuerzas de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.
Job 1
1 Hubo un hombre en la tierra de Uz, que se llamaba Job. Aquel hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. 2 Le nacieron siete hijos y tres hijas. 3 Poseía 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnos y muchísimos siervos. Y aquel hombre era el más grande de todos los orientales. 4 Sus hijos iban y celebraban un banquete en la casa de cada uno, en su día, y mandaban a llamar a sus tres hermanas, para que comiesen y bebiesen con ellos. 5 Y cuando habían transcurrido los días de banquete, sucedía que Job mandaba a llamarlos y los purificaba. Levantándose muy de mañana, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Pues decía Job: "Quizás mis hijos habrán pecado y habrán maldecido a Dios en sus corazones." De esta manera hacía continuamente. 6 Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante Jehovah, y entre ellos vino también Satanás. 7 Y Jehovah preguntó a Satanás: --¿De dónde vienes? Satanás respondió a Jehovah diciendo: --De recorrer la tierra y de andar por ella. 8 Y Jehovah preguntó a Satanás: --¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? 9 Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: --¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿Acaso no le has protegido a él, a su familia y a todo lo que tiene? El trabajo de sus manos has bendecido, y sus posesiones se han aumentado en la tierra. 11 Pero extiende, por favor, tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no te maldice en tu misma cara! 12 Y Jehovah respondió a Satanás: --He aquí, todo lo que él tiene está en tu poder. Solamente no extiendas tu mano contra él. Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah. 13 Aconteció cierto día, cuando sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito, 14 que un mensajero llegó a Job y le dijo: --Estando los bueyes arando, y las asnas paciendo cerca de ellos, 15 cayeron de sorpresa los sabeos y se los llevaron. Y a los criados mataron a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia. 16 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: --¡Fuego de Dios cayó del cielo, y quemó las ovejas y consumió a los criados! Sólo yo escapé para darte la noticia. 17 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: --Los caldeos formaron tres escuadrones, arremetieron contra los camellos y se los llevaron. Y mataron a los criados a filo de espada. Sólo yo escapé para darte la noticia. 18 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro y le dijo: --Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa de su hermano, el primogénito. 19 Y he aquí que un fuerte viento vino del otro lado del desierto y golpeó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron. Sólo yo escapé para darte la noticia. 20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza; se postró a tierra y adoró. 21 Y dijo: --Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehovah dio, y Jehovah quitó. ¡Sea bendito el nombre de Jehovah! 22 En todo esto Job no pecó ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
Job 2
1 Aconteció cierto día que vinieron los hijos de Dios para presentarse ante Jehovah, y entre ellos vino también Satanás, para presentarse ante Jehovah. 2 Jehovah preguntó a Satanás: --¿De dónde vienes? Y Satanás respondió a Jehovah: --De recorrer la tierra y de andar por ella. 3 Jehovah preguntó a Satanás: --¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra: un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal; y que todavía se aferra a su integridad a pesar de que tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin motivo? 4 Y Satanás respondió a Jehovah diciendo: --¡Piel por piel! Todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida. 5 Pero extiende, pues, tu mano y toca sus huesos y su carne, y verás si no te maldice en tu misma cara. 6 Y Jehovah respondió a Satanás: --He aquí, él está en tu poder; pero respeta su vida. 7 Entonces Satanás salió de la presencia de Jehovah e hirió a Job con unas llagas malignas, desde la planta de sus pies hasta su coronilla. 8 Tomaba un pedazo de tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de las cenizas. 9 Entonces su mujer le dijo: --¿Todavía te aferras a tu integridad? ¡Maldice a Dios, y muérete! 10 Pero él le respondió: --¡Has hablado como hablaría cualquiera de las mujeres insensatas! Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios. 11 Entonces tres amigos de Job--Elifaz el temanita, Bildad el sujita y Zofar el namatita-- se enteraron de todo el mal que le había sobrevenido y vinieron, cada uno de su lugar. Convinieron juntos en ir a él para expresarle su condolencia y para consolarle. 12 Y cuando alzaron los ojos desde lejos y no le pudieron reconocer, alzaron su voz y lloraron. Cada uno rasgó su manto, y esparcieron polvo hacia el cielo, sobre sus cabezas. 13 Luego se sentaron en tierra con él por siete días y siete noches. Y ninguno de ellos le decía una sola palabra, porque veían que el dolor era muy grande.
Job 3
1 Después de esto Job abrió su boca y maldijo su día. 2 Tomó Job la palabra y dijo: 3 --Perezca el día en que nací, y la noche en que se dijo: "¡Un varón ha sido concebido!" 4 Sea aquel día tinieblas. Dios no pregunte por él desde arriba, ni resplandezca la claridad sobre él. 5 Reclámenlo para sí las tinieblas y la densa oscuridad; repose sobre él una nube, y cáusele terror el oscurecimiento del día. 6 Apodérese de aquella noche la oscuridad. No sea contada junto con los días del año ni aparezca en el cómputo de los meses. 7 ¡He aquí, sea aquella noche estéril; no penetren en ella los gritos de júbilo! 8 Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan a instigar al Leviatán. 9 Oscurézcanse sus estrellas matutinas. Espere la luz, pero no le llegue, ni vea los destellos de la aurora; 10 porque no cerró las puertas de la matriz, para esconder de mis ojos el sufrimiento. 11 ¿Por qué no morí en las entrañas, o expiré al salir del vientre? 12 ¿Por qué me recibieron las rodillas? ¿Para qué los pechos que mamé? 13 Pues ahora yacería y estaría en quietud. Dormiría y tendría reposo 14 junto con los reyes y los consejeros de la tierra, que reedificaron ruinas para sí; 15 o con los príncipes que poseían el oro y que llenaban de plata sus casas. 16 ¡Oh! ¿Por qué no fui escondido como un abortivo, como las criaturas que nunca vieron la luz? 17 Allí los impíos dejan de perturbar; allí descansan los de agotadas fuerzas. 18 Los prisioneros están juntos en descanso y no escuchan la voz del capataz. 19 Tanto el pequeño como el grande están allí; y el esclavo, ya libre de su amo. 20 ¿Para qué darle luz al que sufre, y vida a los de alma amargada; 21 a los que esperan la muerte, y no llega, aunque la busquen más que a tesoros enterrados; 22 a los que se alegran ante el gozo y se regocijan cuando hallan el sepulcro; 23 al hombre cuyo camino está escondido, y a quien Dios ha cercado? 24 Porque antes de mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como el agua. 25 El miedo que presentía me ha sobrevenido; lo que me daba terror me ha acontecido. 26 No tengo tranquilidad; no tengo quietud; no tengo sosiego; más bien, me viene la desesperación.
Versión Reina Valera Actualizada