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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 59-61

de Jehová por la idolatría. Al fin, habiendo aprendido por triste experiencia cuán insensata es una vida tal, su anhelo y deseo era evitar que otros pasasen por la amarga experiencia por la cual él había pasado.

Con expresiones patéticas escribió acerca de los privilegios y responsabilidades que el servicio de Dios otorga a la juventud:

“Suave ciertamente es la luz, y agradable a los ojos ver el sol: mas si el hombre viviere muchos años, y en todos ellos hubiere gozado alegría; si después trajere a la memoria los días de las tinieblas, que serán muchos, todo lo que le habrá pasado, dirá haber sido vanidad.” Eclesiastés 11:7-10.

“Acuérdate de tu Criador en los días de tu juventud,
antes que vengan los malos días,
y lleguen los años, de los cuales digas,
No tengo en ellos contentamiento;
antes que se oscurezca el sol,
y la luz, y la luna y las estrellas,
y las nubes se tornen tras la lluvia:
cuando temblarán los guardas de la casa,
y se encorvarán los hombres fuertes,
y cesarán las muelas, porque han disminuído,
y se oscurecerán los que miran por las ventanas;
y las puertas de afuera se cerrarán,
por la bajeza de la voz de la muela;
y levantaráse a la voz del ave,
y todas las hijas de canción serán humilladas;
cuando también temerán de lo alto,
y los tropezones en el camino;
y florecerá el almendro,
y se agravará la langosta,
y perderáse el apetito:
porque el hombre va a la casa de su siglo,
y los endechadores andarán en derredor por la plaza:
antes que la cadena de plata se quiebre,
y se rompa el cuenco de oro,
y el cántaro se quiebre junto a la fuente,
y la rueda sea rota sobre el pozo;
y el polvo se torne a la tierra, como era,
y el espíritu se vuelva a Dios, que lo dió.” Eclesiastés 12:1-7.

La vida de Salomón rebosa de advertencias, no sólo para los jóvenes sino también para los de edad madura y para los que van descendiendo por la vertiente de la vida hacia su ocaso. Oímos hablar de la inestabilidad de los jóvenes que vacilan entre el bien y el mal, así como de las corrientes de las malas pasiones que los vencen. En los de edad más madura, no esperamos ver esta inestabilidad e infidelidad; contamos con que su carácter se habrá establecido y arraigado firmemente en los buenos principios. Pero no siempre sucede así. Cuando Salomón debiera haber tenido un carácter fuerte como un roble, perdió su firmeza y cayó bajo el poder de la tentación. Cuando su fortaleza debiera haber sido inconmovible, fué cuando resultó más endeble.

De tales ejemplos debemos aprender que en la vigilancia y la oración se halla la única seguridad para jóvenes y ancianos. Esta seguridad no se encuentra en los altos cargos ni en los grandes privilegios. Uno puede haber disfrutado durante muchos años de una experiencia cristiana genuina, y seguir, sin embargo, expuesto a los ataques de Satanás. En la batalla con el pecado íntimo y las tentaciones de afuera, aun el sabio y poderoso Salomón fué vencido. Su fracaso nos enseña que, cualesquiera que sean las cualidades intelectuales de un hombre, y por fielmente que haya servido a Dios en lo pasado, no puede nunca confiar en su propia sabiduría e integridad.

En toda generación y en todo país, se tuvo siempre el mismo verdadero fundamento y modelo para edificar el carácter. La ley divina que ordena: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, ... y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27), el gran principio manifestado en el carácter y la vida de nuestro Salvador, es el único fundamento seguro, la única guía fidedigna. “Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia, y la fuerza de la salvación” (Isaías 33:6), la sabiduría, el conocimiento que sólo puede impartir la palabra de Dios.

Estas palabras dirigidas a Israel acerca de la obediencia a los mandamientos de Dios: “Esta es vuestra sabiduría y vuestra

inteligencia en ojos de los pueblos” (Deuteronomio 4:6), encierran tanta verdad hoy como cuando fueron pronunciadas. Encierran la única salvaguardia para la integridad individual, la pureza del hogar, el bienestar de la sociedad, o la estabilidad de la nación. En medio de todas las perplejidades y los peligros de la vida, así como de los asertos contradictorios, la única regla segura consiste en hacer lo que Dios dice. “Los mandamientos de Jehová son rectos” (Salmos 19:8), y “el que hace estas cosas, no resbalará para siempre.” Salmos 15:5.

Los que escuchen la amonestación que encierra la apostasía de Salomón evitarán el primer paso hacia los pecados que le vencieron. Únicamente la obediencia a los requerimientos del Cielo guardará de la apostasía a los hombres. Dios les concedió mucha luz y muchas bendiciones; pero a menos que acepten esa luz y esas bendiciones, ellas no les darán seguridad contra la desobediencia y la apostasía. Cuando aquellos a quienes Dios exaltó a cargos de gran confianza se apartan de él para depender de la sabiduría humana, su luz se trueca en tinieblas. La capacidad que les fuera dada llega a ser una trampa.

Hasta que el conflicto termine, habrá quienes se aparten de Dios. Satanás ordenará de tal manera las circunstancias que, a menos que seamos guardados por el poder divino, ellas debilitarán casi imperceptiblemente las fortificaciones del alma. Necesitamos preguntar a cada paso: “¿Es éste el camino del Señor?” Mientras dure la vida, habrá necesidad de guardar los afectos y las pasiones con propósito firme. Ni un solo momento podemos estar seguros, a no ser que confiemos en Dios y tengamos nuestra vida escondida en Cristo. La vigilancia y la oración son la salvaguardia de la pureza.

Todos los que entren en la ciudad de Dios lo harán por la puerta estrecha, por esfuerzo y agonía; porque “no entrará en ella ninguna cosa sucia, o que hace abominación.” Apocalipsis 21:27. Pero nadie que haya caído necesita desesperar. Hombres de edad, que fueron una vez honrados por Dios, pueden haber manchado sus almas y sacrificado la virtud sobre el altar

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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