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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 509-510

Jehová.” Isaías 61:1, 2. Sin embargo, sus corazones se entristecían al pensar en los sufrimientos que debería soportar para cumplir el propósito divino. Con profunda humillación en su alma leían en el rollo profético estas palabras:

“¿Quién ha creído a nuestro anunció?
¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

“Y subirá cual renuevo delante de él,
y como raíz de tierra seca:
no hay parecer en él, ni hermosura:
verlo hemos, mas sin atractivo para que le deseemos.

“Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto:
y como que escondimos de él el rostro,
fué menospreciado, y no lo estimamos.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores;
y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido.

“Mas él herido fué por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados:
el castigo de nuestra paz sobre él;
y por su llaga fuimos nosotros curados.

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino:
mas Jehová cargó en él
el pecado de todos nosotros.

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca:
como cordero fué llevado al matadero;
y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca.

“De la cárcel y del juicio fué quitado;
y su generación ¿quién la contará?
Porque cortado fué de la tierra de los vivientes;
por la rebelión de mi pueblo fué herido.

“Y dispúsose con los impíos su sepultura,
mas con los ricos fué en su muerte;
porque nunca hizo él maldad,
ni hubo engaño en su boca.” Isaías 53:1-9.

Acerca del Salvador que tanto iba a sufrir, Jehová mismo declaró por Zacarías: “Levántate, oh espada, sobre el Pastor, y sobre el Hombre compañero mío.” Zacarías 13:7. Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo iba a sufrir bajo la justicia divina. Había de comprender lo que significaba la justicia. Había de saber lo que representa para los pecadores estar sin intercesor delante de Dios.

Por medio del salmista, el Redentor había profetizado acerca de sí mismo:

“La afrenta ha quebrantado mi corazón,
y estoy acongojado:
y esperé quien se compadeciese de mí,
y no lo hubo:
y consoladores,
y ninguno hallé.
Pusiéronme además hiel por comida,
y en mi sed me dieron a beber vinagre.” Salmos 69:20, 21.

Profetizó acerca del trato que iba a recibir: “Perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme. Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.” Salmos 22:16-18.

Estas descripciones del acerbo sufrimiento y de la muerte cruel del Mesías prometido, por tristes que fuesen, abundaban en promesas; porque con respecto al que “quiso” quebrantar, “sujetándole a padecimiento” para que entregase “su vida en expiación por el pecado,” Jehová declaró:

“Verá linaje, vivirá por largos días,
y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Del trabajo de su alma verá y será saciado;
con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos,
y él llevará las iniquidades de ellos.

“Por tanto yo le daré parte con los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos;
por cuanto derramó su vida hasta la muerte,
y fué contado con los perversos,

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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