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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 31-32

Cuando Salomón terminó su oración, “el fuego descendió de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas.” Los sacerdotes no podían entrar en el templo, porque “la gloria de Jehová hinchió la casa.” “Y como vieron todos los hijos de Israel ... la gloria de Jehová sobre la casa, cayeron en tierra sobre sus rostros en el pavimento, y adoraron, confesando a Jehová y diciendo: Que es bueno, que su misericordia es para siempre.”

Entonces el rey y el pueblo ofrecieron sacrificios delante de Jehová. “Así dedicaron la casa de Dios el rey y todo el pueblo.”. 2 Crónicas 7:1-5. Durante siete días las multitudes de todas partes del reino, desde los confines “de Hamath hasta el arroyo de Egipto,” “una grande congregación,” celebraron un alegre festín. La semana siguiente fué dedicada por la muchedumbre feliz a observar la fiesta de las cabañas. Al fin del plazo de reconsagración y regocijo, todos regresaron a sus hogares, “alegres y gozosos de corazón por los beneficios que Jehová había hecho a David, y a Salomón, y a su pueblo Israel.”. 2 Crónicas 7:8, 10.

El rey había hecho cuanto estaba en su poder por alentar al pueblo a entregarse por completo a Dios y a su servicio y a magnificar su santo nombre. Y nuevamente, como sucediera en Gabaón al principio de su reinado, recibió el gobernante de Israel una evidencia de la aceptación y la bendición divinas. En una visión nocturna, el Señor se le apareció y le dió este mensaje: “Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, a la oración en este lugar: pues que ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre;

y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.”. 2 Crónicas 7:12-16.

Si Israel hubiese permanecido fiel a Dios, aquel edificio glorioso habría perdurado para siempre, como señal perpetua del favor especial de Dios hacia su pueblo escogido. Dios declaró: “Y a los hijos de los extranjeros que se llegaren a Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser tus siervos: a todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto, yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa, casa de oración será llamada de todos los pueblos.”. Isaías 56:6, 7.

En relación con esta promesa de aceptación, el Señor indicó claramente el deber que le incumbía al rey. “Y tú—le dijo,—si anduvieres delante de mí, como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis derechos, yo confirmaré el trono de tu reino, como concerté con David tu padre, diciendo: No faltará varón de ti que domine en Israel.”. 2 Crónicas 7:17, 18.

Si Salomón hubiese continuado sirviendo al Señor con humildad, todo su reinado habría ejercido una poderosa influencia para el bien sobre las naciones circundantes, que habían recibido una impresión tan favorable del reinado de David su padre y de las sabias palabras y obras magníficas realizadas durante los primeros años de su propio reinado. Previendo las terribles tentaciones que acompañarían la prosperidad y los honores mundanales, Dios dió a Salomón una advertencia contra el mal de la apostasía, y predijo los espantosos resultados del pecado. Aun el hermoso templo que acababa de dedicarse, declaró, llegaría a ser “proverbio y fábula en todos los pueblos,” si los israelitas dejaban “a Jehová Dios de sus padres” (2 Crónicas 7:20, 22), y persistían en la idolatría.

Fortalecido en su corazón y muy alentado por el aviso celestial de que su oración en favor de Israel había sido oída, Salomón inició el período más glorioso de su reinado, durante

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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