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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 186-187

las puertas de la casa de Eliseo.” Por un mensajero el profeta le comunicó: “Ve, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.”

Naamán había esperado que vería alguna maravillosa manifestación de poder del cielo. Dijo: “He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el lugar, y sanará la lepra.” Cuando se le dijo que se lavase en el Jordán, su orgullo quedó herido, y mortificado exclamó: “Abana y Pharphar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y volvióse, y fuése enojado.”

El espíritu orgulloso de Naamán se rebelaba contra la idea de hacer lo ordenado por Eliseo. Los ríos mencionados por el capitán sirio tenían en sus orillas hermosos vergeles, y mucha gente acudía a las orillas de esas corrientes agradables para adorar a sus ídolos. No habría representado para el alma de Naamán una gran humillación descender a uno de esos ríos; pero podía hallar sanidad tan sólo si seguía las indicaciones específicas del profeta. Únicamente la obediencia voluntaria podía darle el resultado deseado.

Los siervos de Naamán le rogaron que cumpliese las instrucciones de Eliseo. Le dijeron: “Si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la hicieras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?” Se estaba probando la fe de Naamán, mientras que su orgullo contendía para obtener la victoria. Por fin venció la fe, y el altanero sirio dejó de lado el orgullo de su corazón, y se sometió a la voluntad revelada de Jehová. Siete veces se sumergió en el Jordán, “conforme a la palabra del varón de Dios.” El Señor honró su fe; “y su carne se volvió como la carne de un niño, y fué limpio.”

Agradecido “volvió al varón de Dios, él y toda su compañía,” y reconoció: “He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel.”

De acuerdo con la costumbre de aquellos tiempos, Naamán

pidió entonces a Eliseo que aceptase un regalo costoso. Pero el profeta rehusó. No le tocaba a él recibir pago por una bendición que Dios había concedido misericordiosamente. Dijo: “Vive Jehová, delante del cual estoy, que no lo tomaré. E importunándole que tomase, él nunca quiso.

“Entonces Naamán dijo: Ruégote pues, ¿no se dará a tu siervo una carga de un par de acémilas de aquesta tierra? porque de aquí adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor entrare en el templo de Rimmón, y para adorar en él se apoyare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el templo de Rimmón, si en el templo de Rimmón me inclino, Jehová perdone en esto a tu siervo.

“Y él le dijo: Vete en paz. Partióse pues de él, y caminó como el espacio de una milla.”

Con el transcurso de los años, el siervo de Eliseo, Giezi, había tenido oportunidad de desarrollar el mismo espíritu de abnegación que caracterizaba la obra de su amo. Había tenido el privilegio de llegar a ser noble portaestandarte en el ejército del Señor. Durante mucho tiempo habían estado a su alcance los mejores dones del Cielo; y sin embargo, apartándose de ellos, había codiciado en su lugar el vil metal de las riquezas mundanales. Y ahora los anhelos ocultos de su espíritu avariento le indujeron a ceder a la tentación abrumadora. Razonó: “He aquí mi señor estorbó a este Siro Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído... Correré yo tras él, y tomaré de él alguna cosa.” Y así fué como en secreto “siguió Giezi a Naamán.”

“Y como le vió Naamán que venía corriendo tras él, apeóse del carro para recibirle, y dijo: ¿Va bien?” Entonces Giezi mintió deliberadamente. Dijo: “Mi señor me envía a decir: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Ephraim dos mancebos de los hijos de los profetas: ruégote que les des un talento de plata, y sendas mudas de vestidos.” Gustosamente Naamán accedió a dar lo pedido, insistiendo en que Giezi

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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