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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 178-179

la tierra de ciudad en ciudad y pasar por entre muchedumbres de jóvenes ociosos, rudos y disolutos; pero nadie se burló de él ni de sus cualidades como profeta del Altísimo.

Aun la bondad debe tener sus límites. La autoridad debe mantenerse por una severidad firme, o muchos la recibirán con burla y desprecio. La así llamada ternura, los halagos y la indulgencia que manifiestan hacia los jóvenes los padres y tutores, es uno de los peores males que les puedan acontecer. En toda familia, la firmeza y la decisión son requerimientos positivos esenciales.

La reverencia, de la cual carecían los jóvenes que se burlaron de Eliseo, es una gracia que debe cultivarse con cuidado. A todo niño se le debe enseñar a manifestar verdadera reverencia hacia Dios. Nunca debe pronunciarse su nombre con liviandad o irreflexivamente. Los ángeles se velan el rostro cuando lo pronuncian. ¡Con qué reverencia debiéramos emitirlo con nuestros labios, nosotros que somos seres caídos y pecaminosos!

Debe manifestarse reverencia hacia los representantes de Dios: los ministros, maestros y padres que son llamados a hablar y actuar en su lugar. El respeto que se les demuestre honra a Dios.

También la cortesía es una de las gracias del Espíritu, y debe ser cultivada por todos. Tiene el poder de subyugar las naturalezas que sin ella se endurecerían. Los que profesan seguir a Cristo, y son al mismo tiempo toscos, duros y descorteses, no han aprendido de Jesús. Tal vez no se pueda dudar de su sinceridad ni de su integridad; pero la sinceridad e integridad no expiarán la falta de bondad y cortesía.

El espíritu bondadoso que permitió a Eliseo ejercer una influencia poderosa sobre la vida de muchos en Israel queda revelado en la historia de sus relaciones amistosas con una familia que moraba en Sunem. Mientras viajaba de un lado a otro del reino, “aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer principal, la cual le constriñó a

que comiese del pan: y cuando por allí pasaba, veníase a su casa a comer del pan.” La dueña de la casa percibió que Eliseo era “varón de Dios santo,” y dijo a su esposo: “Yo te ruego que hagas una pequeña cámara de paredes, y pongamos en ella cama, y mesa, y silla, y candelero, para que cuando viniere a nosotros, se recoja en ella.” Eliseo acudía a menudo a este retiro, agradecido por la tranquila paz que le ofrecía. Y Dios no pasó por alto la bondad de la mujer. No había niños en su hogar; y el Señor recompensó su hospitalidad con el don de un hijo.

Transcurrieron los años, y el niño llegó a tener bastante edad para salir al campo con los segadores. Un día fué derribado por el calor “y dijo a su padre: ¡Mi cabeza, mi cabeza!” El padre ordenó a uno de los criados que llevase el niño a su madre. “Y habiéndole él tomado, y traídolo a su madre, estuvo sentado sobre sus rodillas hasta medio día, y murióse. Ella entonces subió, y púsolo sobre la cama del varón de Dios, y cerrándole la puerta, salióse.”

En su angustia, la sunamita resolvió ir a solicitar la ayuda de Eliseo. El profeta estaba entonces en el monte Carmelo; y la mujer partió inmediatamente acompañada de su criado. “Y cuando el varón de Dios la vió de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la Sunamita: ruégote que vayas ahora corriendo a recibirla, y dile: ¿Tienes paz? ¿y tu marido, y tu hijo?” El criado hizo como se le había ordenado, pero la afligida madre no reveló la causa de su tristeza antes de llegar adonde estaba Eliseo. Al oír de su pérdida, Eliseo ordenó a Giezi: “Ciñe tus lomos, y toma mi bordón en tu mano, y ve; y si alguno te encontrare, no lo saludes; y si alguno te saludare, no le respondas: y pondrás mi bordón sobre el rostro del niño.”

Pero la madre no se quedó conforme hasta que Eliseo la acompañó. Declaró: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. El entonces se levantó, y siguióla. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el bordón sobre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido; y así se había vuelto para

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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