Cristo Nuestra Redención
Plan Encuentro 3 Día 359
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Lectura del libro
Patriarcas y Profetas, páginas 743-746
La asamblea respondió con buena voluntad. “Entonces los jefes de familia, los príncipes de las tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrendaron voluntariamente. Dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de hierro. Todo el que tenía piedras preciosas las entregó para el tesoro de la casa de Jehová, en manos de Jehiel, el gersonita. Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrendaron espontáneamente a Jehová
”Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: “Bendito seas tú, Jehová, Dios de Israel, nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el dar grandeza y poder a todos.
”Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo, para que pudiéramos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura. Jehová, Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar Casa a tu santo nombre, de tu mano procede y todo es tuyo. Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente.
”Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo y encamina su corazón a ti. Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, para que haga todas las cosas, y te edifique la Casa para la cual yo he hecho preparativos”.
“Después dijo David a toda la congregación: “Bendecid ahora a Jehová, vuestro Dios”. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová, Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová y del rey”. 1 Crónicas 29:6-20.
Con el interés más profundo el rey había reunido aquellos preciosos materiales para la construcción y para el embellecimiento del templo. Había compuesto los himnos gloriosos que en los años venideros habrían de resonar por sus atrios. Ahora su corazón se regocijaba en Dios, al ver como los principales de los padres y los caudillos de Israel respondían tan noblemente a su solicitud, y se ofrecían para llevar a cabo la obra importante que los esperaba. Y mientras daban su servicio, estaban dispuestos a hacer más. Añadieron al tesoro más ofrendas de su propio caudal.
David había sentido profundamente su propia indignidad para reunir el material destinado a la casa de Dios, y lo llenaba de gozo la expresión de lealtad mostrada en la pronta respuesta de los nobles de su reino, cuando con corazones solícitos ofrecieron sus tesoros a Jehová, y se dedicaron a su servicio. Pero solo Dios era el que había impartido esa disposición a su pueblo. Solo él, y no el hombre, debía ser glorificado. Era él quien había provisto al pueblo con las riquezas de la tierra, y su Espíritu les había dado buena voluntad para traer sus cosas preciosas en beneficio del templo. Todo era del Señor, y si su amor no hubiera movido los corazones del pueblo, los esfuerzos del rey habrían sido en vano y el templo no se habría construído.
Todo lo que el hombre recibe de la bondad de Dios sigue perteneciendo al Señor. Todo lo que Dios ha otorgado, en las cosas valiosas y bellas de la tierra, ha sido puesto en las manos de los hombres para probarlos, para sondear la profundidad de su amor hacia él y del aprecio en que tienen sus favores. Ya se trate de tesoros o de dones del intelecto, han de depositarse como ofrenda voluntaria a los pies de Jesús y el dador ha de decir como David: “Todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos”.
Aun cuando sintió que se acercaba su muerte, siguió preocupándose David por Salomón y el reino de Israel, cuya prosperidad iba a depender en gran manera de la fidelidad de su rey. Entonces “ordenó a Salomón, su hijo: “Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová, tu Dios, andando en sus caminos y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, [...] para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; para que confirme Jehová la promesa que me hizo diciendo: “Si tus hijos guardan mi camino andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás te faltará un descendiente en el trono de Israel””. 1 Reyes 2:1-4.
Las “palabras postreras” de David que hayan sido registradas, constituyen un canto que expresa confianza, principios elevados y fe imperecedera:
“Dijo David hijo de Isaí,
aquel varón que fue levantado en alto,
el ungido del Dios de Jacob, el dulce cantor de Israel:
El espíritu de Jehová habla por mí [...].
Habrá un justo que gobierne entre los hombres,
que gobierne en el temor de Dios.
Será como la luz matinal, como el resplandor del sol
en una mañana sin nubes,
como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.
Por eso mi casa está firme en Dios;
pues ha hecho conmigo un pacto eterno,
bien ordenado en todo y bien seguro,
aunque todavía no haya hecho él florecer toda mi
salvación y mi deseo”. 2 Samuel 23:1-5.
Grande había sido la caída de David; y profundo fue su arrepentimiento; ardiente su amor, y enérgica su fe. Mucho le había sido perdonado, y por consiguiente él amaba mucho. Lucas 7:47.
Los salmos de David pasan por toda la gama de la experiencia humana, desde las profundidades del sentimiento de culpabilidad y condenación de sí hasta la fe más sublime y la más exaltada comunión con Dios. La historia de su vida muestra que el pecado no puede traer sino vergüenza y aflicción, pero que el amor de Dios y su misericordia pueden alcanzar hasta las más hondas profundidades, que la fe elevará el alma arrepentida hasta hacerle compartir la adopción de los hijos de Dios. De todas las promesas que contiene su Palabra, es uno de los testimonios más poderosos en favor de la fidelidad, la justicia y la misericordia del pacto de Dios.
El hombre “huye como la sombra, y no permanece: “mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre””. “La misericordia de Jehová desde el siglo hasta el siglo sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra”. “He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo”. Job 14:2; Isaías 40:8; Salmos 103:17, 18; Eclesiastés 3:14.
Grandes y gloriosas fueron las promesas hechas a David y a su casa. Eran promesas que señalaban hacia el futuro, hacia las edades eternas, y encontraron la plenitud de su cumplimiento en Cristo. El Señor declaró:
“Juré a David mi siervo, diciendo [...]. Mi mano estará siempre con él; mi brazo también lo fortalecerá. [...] Mi fidelidad y mi misericordia estarán con él y en mi nombre será exaltado su poder. Asimismo pondré su mano sobre el mar y sobre los ríos su diestra. Él clamará a mí, diciendo: “Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación”. Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le aseguraré mi misericordia y mi pacto será firme con él. Estableceré su descendencia para siempre y su trono como los días de los cielos”. Salmos 89:3, 21-29.
“Juzgará a los afligidos del pueblo,
salvará a los hijos del menesteroso
y aplastará al opresor.
Te temerán mientras duren el sol y la luna,
de generación en generación. [...]
Florecerá en sus días justicia y abundancia de paz,
hasta que no haya luna.
¡Dominará de mar a mar,
y desde el río hasta los confines de la tierra! [...]
Será su nombre para siempre;
se perpetuará su nombre mientras dure el sol.
Benditas serán en él todas las naciones;
lo llamarán bienaventurado”. Salmos 72:4-8, 17.
“Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre “Admirable consejero”, “Dios fuerte”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz””. “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su Reino no tendrá fin”. Isaías 9:6; Lucas 1:32, 33.
Patriarcas y Profetas · Ellen G. White