Cristo La Iglesia
Plan Encuentro 2 Día 72
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Lectura del libro
Los Hechos de los Apóstoles, páginas 205-206
En lugar de entregarse a descripciones poéticas y cuadros fantásticos que pudieran complacer los sentidos y alimentar la imaginación, pero que no podrían alcanzar la experiencia diaria, Pablo trataba, mediante el uso de un lenguaje sencillo, de introducir en el corazón las verdades de vital importancia. Las presentaciones fantásticas de la verdad pueden provocar un éxtasis de sentimiento; pero demasiado a menudo las verdades presentadas de esta manera no proporcionan el alimento necesario para fortalecer al creyente para las batallas de la vida. Las necesidades inmediatas, las pruebas presentes, de las almas que luchan, deberían satisfacerse con instrucción sana y práctica sobre los principios fundamentales del cristianismo.
Los esfuerzos de Pablo en Corinto no fueron estériles. Muchos se volvieron del culto de los ídolos para servir al Dios vivo, y una gran iglesia se alistó bajo la bandera de Cristo. Algunos fueron rescatados de entre los gentiles más disipados, y llegaron a ser monumentos de la misericordia de Dios y la eficacia de la sangre de Cristo para limpiar del pecado.
El creciente éxito de Pablo en la presentación de Cristo despertó en los judíos incrédulos una oposición más resuelta. “Se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y lo llevaron al tribunal” de Galión, entonces procónsul de Acaya. Esperaban que las autoridades, como en ocasiones anteriores, se pusieran de su parte; y en altas y airadas voces expresaron su disgusto contra el apóstol, diciendo: “Este persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley.”
La religión judía estaba bajo la protección del poder romano; y los acusadores de Pablo pensaban que si podían probar que violaba las leyes de su religión, se lo entregarían probablemente para que lo juzgaran y sentenciaran. Esperaban así lograr su muerte. Pero Galión era hombre íntegro, y se negó a dejarse engañar por los judíos celosos e intrigantes. Disgustado por su fanatismo y justicia propia, no quiso hacer lugar a la acusación. Mientras Pablo se preparaba para hablar en defensa propia, Galión le dijo que no era necesario.
Entonces, dirigiéndose a los airados acusadores, dijo: “Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh Judíos, conforme a derecho yo os tolerara: mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas. Y los echó del tribunal.”
Tanto los judíos como los griegos habían esperado ansiosamente la decisión de Galión; y su inmediato despacho del caso, como asunto que no era de interés público, fué para los judíos la señal de retirarse, desconcertados y airados. La decidida actitud del procónsul abrió los ojos a la muchedumbre clamorosa que había estado ayudando a los judíos. Por primera vez durante las labores de Pablo en Europa la multitud se puso de su parte; en la presencia del procónsul y sin que él lo impidiera, acosaron violentamente a los principales acusadores del apóstol. “Todos los Griegos tomando a Sóstenes, prepósito de la sinagoga, le herían delante del tribunal: y a Galión nada se le daba de ello.” Así el cristianismo obtuvo una señalada victoria.
Pablo se detuvo allí muchos días. Si el apóstol hubiera sido entonces obligado a abandonar a Corinto, los conversos a la fe de Jesús hubieran quedado en situación peligrosa. Los judíos se hubieran esforzado por aprovechar la ventaja lograda hasta el punto de exterminar el cristianismo en esa región.
Los Hechos de los Apóstoles · Ellen G. White