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Lectura bíblica

Hechos 15:36-41; Hechos 16:1-6

Hechos 15:36-41

36 Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: "Volvamos ya a visitar a los hermanos en todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están." 37 Bernabé quería llevar consigo a Juan, llamado Marcos; 38 pero a Pablo le parecía bien no llevar consigo a quien se había apartado de ellos desde Panfilia y que no había ido con ellos a la obra. 39 Surgió tal desacuerdo entre ellos que se separaron el uno del otro. Bernabé tomó a Marcos y navegó a Chipre; 40 y Pablo escogió a Silas y salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor. 41 Luego recorría Siria y Cilicia, fortaleciendo a las iglesias.

Hechos 16:1-6

1 Llegó a Derbe y Listra, y he aquí había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego. 2 Él era de buen testimonio entre los hermanos en Listra y en Iconio. 3 Pablo quiso que éste fuera con él, y tomándole lo circuncidó por causa de los judíos que estaban en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego. 4 Cuando pasaban por las ciudades, les entregaban las decisiones tomadas por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las observaran. 5 Así las iglesias eran fortalecidas en la fe, y su número aumentaba cada día. 6 Atravesaron la región de Frigia y de Galacia, porque les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.

Versión Reina Valera Actualizada

Lectura del libro

Los Hechos de los Apóstoles, páginas 164-165

Capítulo 20—Pablo exalta la cruz

Este capítulo está basado en Hechos 15:36-41; 16:1-6.

Después de trabajar algún tiempo en Antioquía, Pablo propuso a su colaborador que emprendieran otro viaje misionero. “Volvamos a visitar—le dijo a Bernabé—a los hermanos de todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están.”

Pablo y Bernabé recordaban con ternura a aquellos que recientemente habían aceptado el mensaje evangélico bajo su ministerio, y anhelaban verlos una vez más. Pablo nunca perdió esta solicitud. Aun cuando se hallaba en distantes campos misioneros, lejos del escenario de sus labores anteriores, conservaba en el corazón la preocupación de instar a esos conversos a permanecer fieles, “perfeccionando la santificación en temor de Dios.” 2 Corintios 7:1. Constantemente trataba de ayudarles a ser cristianos que tuvieran confianza propia y creciesen, a ser fuertes en la fe, ardientes en celo, y cabales en su consagración a Dios y a la tarea de hacer progresar su reino.

Bernabé estaba dispuesto a ir con Pablo, pero deseaba llevar consigo a Marcos, quien había decidido de nuevo consagrarse al ministerio. Pablo se opuso a esto. “No le parecía bien llevar consigo” a uno que durante su primer viaje misionero los había abandonado en tiempo de necesidad. No estaba inclinado a excusar la debilidad manifestada por Marcos al abandonar la obra en procura de la seguridad y las comodidades del hogar. Recalcaba que uno con tan poca fibra era inapto para un trabajo que requería paciencia, abnegación, valor, devoción, fe y disposición a sacrificar, si fuera necesario, hasta la vida misma. Tan áspera fué la disputa, que Pablo y Bernabé se separaron,

siguiendo el último sus convicciones y llevando consigo a Marcos. “Bernabé tomando a Marcos, navegó a Cipro. Y Pablo escogiendo a Silas, partió encomendado de los hermanos a la gracia del Señor.”

Viajando a través de Siria y Cilicia, donde corroboraron las iglesias, Pablo y Silas llegaron al fin a Derbe y Listra en la provincia de Licaonia. Era en Listra donde Pablo había sido apedreado; sin embargo, lo encontramos de nuevo en el escenario de su anterior peligro. Estaba ansioso de ver cómo soportaban las pruebas aquellos que habían aceptado el Evangelio mediante sus labores. No se chasqueó; porque descubrió que los creyentes de Listra habían permanecido firmes frente a una violenta oposición.

Allí Pablo se encontró de nuevo con Timoteo, quien había sido testigo de sus sufrimientos al fin de su primera visita a Listra, y en cuya mente la impresión hecha entonces se había ahondado con el correr del tiempo hasta convencerlo de que era su deber entregarse plenamente a la obra del ministerio. Su corazón estaba unido al de Pablo, y anhelaba compartir las labores del apóstol ayudando como pudiera.

Silas, el compañero de labor de Pablo, era un obrero probado, dotado con el espíritu de profecía; pero la obra que debía hacerse era tan grande, que se necesitaba preparar más obreros para el servicio activo. En Timoteo, Pablo vió uno que comprendía la santidad de la obra del ministerio; uno que no desmayaba frente al sufrimiento y la persecución; y que estaba dispuesto a ser enseñado. Sin embargo, el apóstol no se atrevió a asumir la responsabilidad de darle a Timoteo, un joven inexperto, una preparación en el ministerio evangélico, sin satisfacerse antes plenamente respecto a su carácter y su vida.

El padre de Timoteo era griego y su madre judía. Desde la niñez había conocido las Escrituras. La piedad que vió en su vida de hogar era sana y cuerda. La fe de su madre y de su abuela en los oráculos sagrados era para él un constante recuerdo de la bendición que acarrea el hacer la voluntad de

Los Hechos de los Apóstoles · Ellen G. White

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