Cristo La Iglesia
Plan Encuentro 2 Día 49
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Lectura bíblica
Hechos 14
Hechos 14
1 Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que creyó un gran número, tanto de judíos como de griegos. 2 Pero los judíos que no creyeron incitaron y malearon el ánimo de los gentiles en contra de los hermanos. 3 Con todo eso, ellos continuaron mucho tiempo hablando con valentía, confiados en el Señor, quien daba testimonio a la palabra de su gracia concediendo que se hiciesen señales y prodigios por medio de las manos de ellos. 4 La gente de la ciudad estaba dividida: Unos estaban con los judíos, otros con los apóstoles. 5 Como surgió un intento de parte de los gentiles y los judíos, junto con sus gobernantes, para afrentarlos y apedrearlos, 6 se enteraron y huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la región de alrededor. 7 Y allí anunciaban el evangelio. 8 En Listra se hallaba sentado cierto hombre imposibilitado de los pies, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había caminado. 9 Éste oyó hablar a Pablo, quien fijó la vista en él y vio que tenía fe para ser sanado. 10 Y dijo a gran voz: --¡Levántate derecho sobre tus pies! Y él saltó y caminaba. 11 Entonces, cuando la gente vio lo que Pablo había hecho, alzó su voz diciendo en lengua licaónica: --¡Los dioses han descendido a nosotros en forma de hombres! 12 A Bernabé le llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque era el que llevaba la palabra. 13 Entonces el sacerdote del templo de Zeus, que quedaba a la entrada de la ciudad, llevó toros y guirnaldas delante de las puertas de la ciudad, y juntamente con el pueblo quería ofrecerles sacrificios. 14 Cuando los apóstoles Bernabé y Pablo oyeron esto, rasgaron sus ropas y se lanzaron a la multitud dando voces 15 y diciendo: --Hombres, ¿por qué hacéis estas cosas? Nosotros también somos hombres de la misma naturaleza que vosotros, y os anunciamos las buenas nuevas para que os convirtáis de estas vanidades al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. 16 En las generaciones pasadas Dios permitió que todas las naciones anduvieran en sus propios caminos; 17 aunque jamás dejó de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría. 18 Aun diciendo estas cosas, apenas lograron impedir que el pueblo les ofreciese sacrificios. 19 Entonces de Antioquía y de Iconio vinieron unos judíos, y habiendo persuadido a la multitud, apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad, suponiendo que estaba muerto. 20 Pero los discípulos le rodearon, y él se levantó y entró en la ciudad. Al día siguiente partió con Bernabé para Derbe. 21 Después de anunciar el evangelio y de hacer muchos discípulos en aquella ciudad, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, 22 fortaleciendo el ánimo de los discípulos y exhortándoles a perseverar fieles en la fe. Les decían: "Es preciso que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios." 23 Y después de haber constituido ancianos para ellos en cada iglesia y de haber orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. 24 Luego de atravesar Pisidia, llegaron a Panfilia; 25 y después de predicar la palabra en Perge, descendieron a Atalia. 26 De allí navegaron a Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían acabado. 27 Después de llegar y reunir la iglesia, se pusieron a contarles cuántas cosas había hecho Dios con ellos, y cómo él había abierto a los gentiles la puerta de la fe. 28 Y se quedaron allí por mucho tiempo con los discípulos.
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
Los Hechos de los Apóstoles, páginas 144-146
Capítulo 18—La predicación entre los paganos
Este capítulo está basado en Hechos 14:1-26.
De Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé fueron a Iconio. En ese lugar, como en Antioquía, comenzaron sus labores en la sinagoga de su propio pueblo. Tuvieron un éxito notable; “creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos.” Pero en Iconio, como en otros lugares donde los apóstoles trabajaron, “los Judíos que fueron incrédulos, incitaron y corrompieron los ánimos de los Gentiles contra los hermanos.”
Los apóstoles, sin embargo, no se dejaron desviar de su misión; porque muchos aceptaban el Evangelio de Cristo, Frente a la oposición, la envidia y el prejuicio, continuaron su trabajo, “hablando denodadamente en el Señor;” y Dios “daba testimonio a la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos.” Estas evidencias de la aprobación divina tenían una poderosa influencia sobre aquellos cuyas mentes estaban abiertas a la convicción, y los conversos al Evangelio se multiplicaban.
La creciente popularidad del mensaje predicado por los apóstoles llenó de envidia y odio a los judíos incrédulos, y resolvieron éstos poner coto de una vez a las labores de Pablo y Bernabé. Mediante falsos y exagerados informes, indujeron a las autoridades a temer que toda la ciudad fuera incitada a la insurrección. Declararon que muchos se estaban adhiriendo a los apóstoles, y sugirieron que lo hacían con secretos y peligrosos designios.
Como resultado de estas acusaciones, los discípulos fueron conducidos repetidas veces ante las autoridades; pero su defensa era tan clara y sensata, y su exposición de lo que
enseñaban era tan serena y amplia, que se ejerció una poderosa influencia en favor de ellos. Aunque los magistrados tenían prejuicios contra ellos debido a las falsas declaraciones que habían oído, no se atrevieron a condenarlos. No podían menos que reconocer que las enseñanzas de Pablo y Bernabé tendían a formar hombres virtuosos, ciudadanos obedientes de la ley, y que la moral y el orden de la ciudad se fortalecerían si fueran aceptadas las verdades enseñadas por los apóstoles.
A causa de la oposición que afrontaban los discípulos, se le dió mucha publicidad al mensaje de la verdad; los judíos veían que sus esfuerzos por desbaratar la obra de los nuevos maestros no hacían sino añadir gran número de personas a la nueva fe. “El vulgo de la ciudad estaba dividido; y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles.”
Tan enfurecidos estaban los jefes de los judíos por el giro que las cosas tomaban, que decidieron lograr sus fines por la violencia. Despertando las peores pasiones de la ignorante y turbulenta multitud, lograron crear un tumulto, que atribuyeron a las enseñanzas de los discípulos. Mediante esta falsa acusación esperaban que los magistrados les ayudasen a realizar su propósito. Resolvieron que los apóstoles no tuviesen oportunidad de justificarse, y que la multitud interviniese apedreando a Pablo y Bernabé, poniendo así fin a sus labores.
Algunos amigos de los apóstoles, que no eran creyentes, les advirtieron de los maliciosos designios de los judíos, y los instaron a no exponerse innecesariamente a la furia de la turba, sino a escapar por su vida. De consiguiente, Pablo y Bernabé salieron en secreto de Iconio, dejando que los creyentes continuaran solos por algún tiempo el trabajo. Pero su despedida no era de ninguna manera definitiva; se proponían volver, después que hubiera pasado la excitación, y completar la obra comenzada.
En todo tiempo y en todos los países, los mensajeros de Dios han sido llamados a afrontar acerba oposición de parte de aquellos que deliberadamente escogían rechazar la luz del cielo. A
menudo, mediante la tergiversación y la mentira, los enemigos del Evangelio han triunfado aparentemente, cerrando las puertas por las cuales los mensajeros de Dios podían tener acceso al pueblo. Pero esas puertas no pueden permanecer cerradas para siempre; y a menudo, al volver los siervos de Dios después de un tiempo para reanudar sus labores, el Señor ha obrado poderosamente en su favor y los ha habilitado para establecer monumentos destinados a glorificar su nombre.
Expulsados de Iconio por la persecución, los apóstoles fueron a Listra y Derbe, en Licaonia. Estas ciudades estaban habitadas mayormente por gente pagana y supersticiosa, pero había entre ellos algunos que estaban dispuestos a oír y aceptar el mensaje evangélico. En estos lugares y en la campiña circundante decidieron trabajar los apóstoles, esperando evitar el prejuicio y la persecución de los judíos.
En Listra no había sinagoga judía, aunque vivían en la ciudad unos pocos judíos. Muchos de los habitantes de Listra adoraban en un templo dedicado a Júpiter. Cuando Pablo y Bernabé aparecieron en la ciudad y, reuniendo a su alrededor a los listrenses, explicaron las verdades sencillas del Evangelio, muchos trataron de relacionar esas doctrinas con su propia creencia supersticiosa en el culto de Júpiter.
Los apóstoles se esforzaron por impartir a estos idólatras un conocimiento del Dios Creador y de su Hijo, el Salvador de la especie humana. Primero atrajeron su atención a las obras admirables de Dios, que son el sol, la luna y las estrellas, el hermoso orden de las estaciones sucesivas, las altas montañas cubiertas de nieve, los frondosos árboles, y otras varias maravillas de la naturaleza, que demostraban una habilidad que superaba la comprensión humana. Por medio de estas obras del Todopoderoso, los apóstoles dirigieron la mente de los paganos a la contemplación del gran Gobernante del universo.
Habiendo presentado estas verdades fundamentales concernientes al Creador, los apóstoles hablaron a los listrenses del
Los Hechos de los Apóstoles · Ellen G. White