Cristo La Iglesia
Plan Encuentro 2 Día 119
Este plan no está iniciado. Marca la lectura como leída para iniciarlo desde hoy.
Lectura del libro
Los Hechos de los Apóstoles, páginas 301-302
los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.”
Los judíos eran el pueblo escogido de Dios, por medio del cual se había propuesto bendecir a todo el género humano. De entre ellos Dios había levantado muchos profetas. Estos habían predicho el advenimiento de un Redentor que iba a ser rechazado y muerto por aquellos que hubieran debido ser los primeros en reconocerlo como el Prometido.
El profeta Isaías, mirando hacia adelante a través de los siglos y presenciando el rechazamiento de profeta tras profeta y finalmente el del Hijo de Dios, fué inspirado a escribir concerniente a la aceptación del Redentor por aquellos que nunca antes habían sido contados entre los hijos de Israel. Refiriéndose a esta profecía, Pablo declara: “E Isaías determinadamente dice: Fuí hallado de los que no me buscaban; manifestéme a los que no preguntaban por mí. Mas acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.”
Aunque Israel rechazó a su Hijo, Dios no los rechazó a ellos. Escuchemos cómo continúa Pablo su argumento: “Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura? como hablando con Dios contra Israel dice: Señor, a tus profetas han muerto, y tus altares han derruído; y yo he quedado solo, y procuran matarme. Mas ¿qué le dice la divina respuesta? He dejado para mí siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también, aun en este tiempo han quedado reliquias por la elección de gracia.”
Israel había tropezado y caído, pero esto no hacía imposible que se volviera a levantar. En respuesta a la pregunta: “¿Han tropezado para que cayesen?” el apóstol replica: “En ninguna manera; mas por el tropiezo de ellos vino la salud a los Gentiles, para que fuesen provocados a celos. Y si la falta de ellos
es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más el henchimiento de ellos? Porque a vosotros hablo, Gentiles. Por cuanto pues, yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio honró, por si en alguna manera provocase a celos a mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos. Porque si el extrañamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos?”
Era el propósito de Dios que su gracia se revelara entre los gentiles tanto como entre los israelitas. Esto había sido anunciado claramente en las profecías del Antiguo Testamento. El apóstol usa algunas de estas profecías en su argumento. “¿O no tiene potestad el alfarero—pregunta—para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrólas para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; los cuales también ha llamado, es a saber, a nosotros, no sólo de los Judíos, mas también de los Gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío; y a la no amada, amada. Y será, que en el lugar donde les fué dicho: Vosotros no sois pueblo mío: allí serán llamados hijos del Dios viviente.” Véase Oseas 1:10.
A pesar del fracaso de Israel como nación, había entre ellos un buen remanente que se salvaría. En el tiempo del advenimiento del Salvador, había hombres y mujeres fieles que habían recibido con alegría el mensaje de Juan el Bautista, y habían sido inducidos así a estudiar de nuevo las profecías concernientes al Mesías. Cuando se fundó la iglesia cristiana primitiva, estaba compuesta de estos fieles judíos que reconocieron a Jesús de Nazaret como Aquel cuyo advenimiento habían anhelado. A este remanente se refiere Pablo cuando escribe: “Si el primer fruto es santo, también lo es todo, y si la raíz es santa, también lo son las ramas.”
Los Hechos de los Apóstoles · Ellen G. White