Cristo El Camino

Plan Encuentro 1 Día 89

Día 89 ▾
Aa
Tamaño Letra Tema

Lectura del libro

El Deseado de Todas las Gentes, páginas 213-216

milagro, más que cualquier otro que hubiese presenciado, era para él una manifestación del poder divino. En Jesús vió a Aquel que tenía sujeta toda la naturaleza bajo su dominio. La presencia de la divinidad revelaba su propia falta de santidad. Le vencieron el amor a su Maestro, la vergüenza por su propia incredulidad, la gratitud por la condescendencia de Cristo, y sobre todo el sentimiento de su impureza frente a la pureza infinita. Mientras sus compañeros estaban guardando el contenido de la red, Pedro cayó a los pies del Salvador, exclamando: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.”

Era la misma presencia de la santidad divina la que había hecho caer al profeta Daniel como muerto delante del ángel de Dios. El dijo: “Mi fuerza se me trocó en desmayo, sin retener vigor alguno.” Así también cuando Isaías contempló la gloria del Señor, exclamó: “¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.”Daniel 10:8; Isaías 6:5. La humanidad, con su debilidad y pecado, se hallaba en contraste con la perfección de la divinidad, y él se sentía completamente deficiente y falto de santidad. Así les ha sucedido a todos aquellos a quienes fué otorgada una visión de la grandeza y majestad de Dios.

Pedro exclamó: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.” Sin embargo, se aferraba a los pies de Jesús, sintiendo que no podía separarse de él. El Salvador contestó: “No temas: desde ahora pescarás hombres.” Fué después que Isaías hubo contemplado la santidad de Dios y su propia indignidad, cuando le fué confiado el mensaje divino. Después que Pedro fuera inducido a negarse a sí mismo y a confiar en el poder divino fué cuando se le llamó a trabajar para Cristo.

Hasta entonces, ninguno de los discípulos se había unido completamente a Jesús como colaborador suyo. Habían presenciado muchos de sus milagros, y habían escuchado su enseñanza; pero no habían abandonado totalmente su empleo anterior. El encarcelamiento de Juan el Bautista había sido para todos ellos una amarga desilusión. Si tal había de ser el resultado de la misión de Juan, no podían tener mucha esperanza respecto a su Maestro, contra el cual estaban combinados todos los dirigentes religiosos. En esas circunstancias, les había

sido un alivio volver por un corto tiempo a su pesca. Pero ahora Jesús los llamaba a abandonar su vida anterior, y a unir sus intereses con los suyos. Pedro había aceptado el llamamiento. Llegando a la orilla, Jesús invitó a los otros tres discípulos diciéndoles: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” Inmediatamente lo dejaron todo, y le siguieron.

Antes de pedir a los discípulos que abandonasen sus redes y barcos, Jesús les había dado la seguridad de que Dios supliría sus necesidades. El empleo del esquife de Pedro para la obra del Evangelio había sido ricamente recompensado. El que es rico “para con todos los que le invocan” dijo: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando.”Romanos 1:12; Lucas 6:38. Según esta medida había recompensado el servicio de sus discípulos. Y todo sacrificio hecho en su ministerio será recompensado conforme a “las abundantes riquezas de su gracia.”Efesios 3:20; 2:7.

Durante aquella triste noche pasada en el lago, mientras estaban separados de Cristo, los discípulos se vieron acosados por la incredulidad y el cansancio de un trabajo infructuoso. Pero su presencia reanimó su fe y les infundió gozo y éxito. Así también sucede con nosotros; separados de Cristo, nuestro trabajo es infructuoso, y es fácil desconfiar y murmurar. Pero cuando él está cerca y trabajamos bajo su dirección, nos regocijamos en la evidencia de su poder. Es obra de Satanás desalentar al alma, y es obra de Cristo inspirarle fe y esperanza.

La lección más profunda que el milagro impartió a los discípulos, es una lección para nosotros también; a saber, que Aquel cuya palabra juntaba los peces de la mar podía impresionar los corazones humanos y atraerlos con las cuerdas de su amor, para que sus siervos fuesen “pescadores de hombres.”

Eran hombres humildes y sin letras aquellos pescadores de Galilea; pero Cristo, la luz del mundo, tenía abundante poder para prepararlos para la posición a la cual los había llamado. El Salvador no menospreciaba la educación; porque, cuando está regida por el amor de Dios y consagrada a su servicio, la cultura intelectual es una bendición. Pero pasó por alto a los sabios de su tiempo, porque tenían tanta confianza en sí mismos, que no podían simpatizar con la humanidad doliente y hacerse colaboradores con el Hombre de Nazaret. En su intolerancia, tuvieron en poco el ser enseñados por Cristo. El Señor Jesús

busca la cooperación de los que quieran ser conductos limpios para la comunicación de su gracia. Lo primero que deben aprender todos los que quieran trabajar con Dios, es la lección de desconfianza en sí mismos; entonces estarán preparados para que se les imparta el carácter de Cristo. Este no se obtiene por la educación en las escuelas más científicas. Es fruto de la sabiduría que se obtiene únicamente del Maestro divino.

Jesús eligió a pescadores sin letras porque no habían sido educados en las tradiciones y costumbres erróneas de su tiempo. Eran hombres de capacidad innata, humildes y susceptibles de ser enseñados; hombres a quienes él podía educar para su obra. En las profesiones comunes de la vida, hay muchos hombres que cumplen sus trabajos diarios, inconscientes de que poseen facultades que, si fuesen puestas en acción, los pondrían a la altura de los hombres más estimados del mundo. Se necesita el toque de una mano hábil para despertar estas facultades dormidas. A hombres tales llamó Jesús para que fuesen sus colaboradores; y les dió las ventajas de estar asociados con él. Nunca tuvieron los grandes del mundo un maestro semejante. Cuando los discípulos terminaron su período de preparación con el Salvador, no eran ya ignorantes y sin cultura; habían llegado a ser como él en mente y carácter, y los hombres se dieron cuenta de que habían estado con Jesús.

No es la obra más elevada de la educación el comunicar meramente conocimientos, sino el impartir aquella energía vivificadora que se recibe por el contacto de la mente con la mente y del alma con el alma. Únicamente la vida puede engendrar vida. ¡Qué privilegio fué el de aquellos que, durante tres años, estuvieron en contacto diario con aquella vida divina de la cual había fluído todo impulso vivificador que bendijera al mundo! Más que todos sus compañeros, Juan, el discípulo amado, cedió al poder de esa vida maravillosa. Dice: “La vida fué manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido.” “De su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.”1 Juan 1:2; Juan 1:16.

En los apóstoles de nuestro Señor no había nada que les pudiera reportar gloria. Era evidente que el éxito de sus labores se debía únicamente a Dios. La vida de estos hombres, el carácter que adquirieron y la poderosa obra que Dios realizó

mediante ellos, atestiguan lo que él hará por aquellos que reciban sus enseñanzas y sean obedientes.

El que más ame a Cristo hará la mayor suma de bien. No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, deja obrar al Espíritu Santo en su corazón, y vive una vida completamente consagrada a Dios. Con tal que los hombres estén dispuestos a soportar la disciplina necesaria, sin quejarse ni desmayar por el camino, Dios les enseñará hora por hora, día tras día. El anhela revelar su gracia. Con tal que los suyos quieran quitar los obstáculos, él derramará las aguas de salvación en raudales abundantes mediante los conductos humanos. Si los hombres de vida humilde fuesen estimulados a hacer todo el bien que podrían hacer, y ninguna mano refrenadora reprimiese su celo, habría cien personas trabajando para Cristo donde hay actualmente una sola.

Dios toma a los hombres como son, y los educa para su servicio, si quieren entregarse a él. El Espíritu de Dios, recibido en el alma, vivificará todas sus facultades. Bajo la dirección del Espíritu Santo, la mente consagrada sin reserva a Dios, se desarrolla armoniosamente y se fortalece para comprender y cumplir los requerimientos de Dios. El carácter débil y vacilante se transforma en un carácter fuerte y firme. La devoción continua establece una relación tan íntima entre Jesús y su discípulo, que el cristiano llega a ser semejante a Cristo en mente y carácter. Mediante su relación con Cristo, tendrá miras más claras y más amplias. Su discernimiento será más penetrante, su juicio mejor equilibrado. El que anhela servir a Cristo queda tan vivificado por el poder del Sol de justicia, que puede llevar mucho fruto para gloria de Dios.

Hombres de la más alta educación en las artes y las ciencias han aprendido preciosas lecciones de los cristianos de vida humilde a quienes el mundo llamaba ignorantes. Pero estos obscuros discípulos habían obtenido su educación en la más alta de todas las escuelas: Se habían sentado a los pies de Aquel que habló como “jamás habló hombre alguno.”Juan 7:46 (VM).

El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

Abrir en su propia página