Cristo El Camino
Plan Encuentro 1 Día 58
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Lectura del libro
El Deseado de Todas las Gentes, páginas 136-139
Sobre todos los demás, los sacerdotes y gobernantes debieran haber visto en Jesús al Ungido del Señor; porque en sus manos estaban los rollos sagrados que describían su misión, y sabían que la purificación del templo era una manifestación de un poder más que humano. Por mucho que odiasen a Jesús, no lograban librarse del pensamiento de que podía ser un profeta enviado por Dios para restaurar la santidad del templo. Con una deferencia nacida de este temor, fueron a preguntarle: “¿Qué señal nos muestras de que haces esto?”
Jesús les había mostrado una señal. Al hacer penetrar la luz en su corazón y al ejecutar delante de ellos las obras que el Mesías debía efectuar, les había dado evidencia convincente de su carácter. Cuando le pidieron una señal, les contestó con una parábola y demostró así que discernía su malicia y veía hasta dónde los conduciría. “Destruid este templo—dijo,—y en tres días lo levantaré.”
El sentido de estas palabras era doble. Jesús aludía no sólo a la destrucción del templo y del culto judaico, sino a su propia muerte: la destrucción del templo de su cuerpo. Los judíos ya estaban maquinando esto. Cuando los sacerdotes y gobernantes volvieron al templo, se proponían matar a Jesús y librarse del perturbador. Sin embargo, cuando desenmascaró ese designio suyo, no le comprendieron. Al interpretar sus palabras las aplicaron solamente al templo de Jerusalén, y con indignación exclamaron: “En cuarenta y seis años fué este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?” Les parecía que Jesús había justificado su incredulidad, y se confirmaron en su decisión de rechazarle.
Cristo no quería que sus palabras fuesen entendidas por los judíos incrédulos, ni siquiera por sus discípulos en ese entonces. Sabía que serían torcidas por sus enemigos, y que las volverían contra él. En ocasión de su juicio, iban a ser presentadas como acusación, y en el Calvario le serían recordadas con escarnio. Pero el explicarlas ahora habría dado a sus discípulos un conocimiento de sus sufrimientos, y les habría impuesto un pesar que no estaban capacitados para soportar. Una explicación habría revelado prematuramente a los judíos el resultado de su prejuicio e incredulidad. Ya habían entrado en una senda
que iban a seguir constantemente hasta que le llevaran como un cordero al matadero.
Estas palabras de Cristo fueron pronunciadas por causa de aquellos que iban a creer en él. Sabía que serían repetidas. Siendo pronunciadas en ocasión de la Pascua, llegarían a los oídos de millares de personas y serían llevadas a todas partes del mundo. Después que hubiese resucitado de los muertos, su significado quedaría aclarado. Para muchos, serían evidencia concluyente de su divinidad.
A causa de sus tinieblas espirituales, aun los discípulos de Jesús dejaron con frecuencia de comprender sus lecciones. Pero muchas de estas lecciones les fueron aclaradas por los sucesos subsiguientes. Cuando ya no andaba con ellos, sus palabras sostenían sus corazones.
Con referencia al templo de Jerusalén, las palabras del Salvador: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré,” tenían un significado más profundo que el percibido por los oyentes. Cristo era el fundamento y la vida del templo. Sus servicios eran típicos del sacrificio del Hijo de Dios. El sacerdocio había sido establecido para representar el carácter y la obra mediadora de Cristo. Todo el plan del culto de los sacrificios era una predicción de la muerte del Salvador para redimir al mundo. No habría eficacia en estas ofrendas cuando el gran suceso al cual señalaran durante siglos fuese consumado.
Puesto que toda la economía ritual simbolizaba a Cristo, no tenía valor sin él. Cuando los judíos sellaron su decisión de rechazar a Cristo entregándole a la muerte, rechazaron todo lo que daba significado al templo y sus ceremonias. Su carácter sagrado desapareció. Quedó condenado a la destrucción. Desde ese día los sacrificios rituales y las ceremonias relacionadas con ellos dejaron de tener significado. Como la ofrenda de Caín, no expresaban fe en el Salvador. Al dar muerte a Cristo, los judíos destruyeron virtualmente su templo. Cuando Cristo fué crucificado, el velo interior del templo se rasgó en dos de alto a bajo, indicando que el gran sacrificio final había sido hecho, y que el sistema de los sacrificios rituales había terminado para siempre.
“En tres días lo levantaré.” A la muerte del Salvador, las potencias de las tinieblas parecieron prevalecer, y se
regocijaron de su victoria. Pero del sepulcro abierto de José, Jesús salió vencedor. “Despojando los principados y las potestades, sacólos a la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo.”Colosenses 2:15. En virtud de su muerte y resurrección, pasó a ser “ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre.”Hebreos 8:2. Los hombres habían construído el tabernáculo, y luego el templo de los judíos; pero el santuario celestial, del cual el terrenal era una figura, no fué construído por arquitecto humano. “He aquí el varón cuyo nombre es Vástago: [V.M.] ... él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio.”Zacarías 6:12, 13.
El ceremonial de los sacrificios que había señalado a Cristo pasó: pero los ojos de los hombres fueron dirigidos al verdadero sacrificio por los pecados del mundo. Cesó el sacerdocio terrenal, pero miramos a Jesús, mediador del nuevo pacto, y “a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel.” “Aun no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie.... Mas estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, ... por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención.”Hebreos 12:24; 9:8-12.
“Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.”Hebreos 7:25. Aunque el ministerio había de ser trasladado del templo terrenal al celestial, aunque el santuario y nuestro gran Sumo Sacerdote fuesen invisibles para los ojos humanos, los discípulos no habían de sufrir pérdida por ello. No sufrirían interrupción en su comunión, ni disminución de poder por causa de la ausencia del Salvador. Mientras Jesús ministra en el santuario celestial, es siempre por su Espíritu el ministro de la iglesia en la tierra. Está oculto a la vista, pero se cumple la promesa que hiciera al partir: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”Mateo 28:20. Aunque delega su poder a ministros inferiores, su presencia vivificadora está todavía con su iglesia.
“Por tanto, teniendo un gran Pontífice, ... Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos
un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.”Hebreos 4:14-16.
El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White