Cristo El Camino
Plan Encuentro 1 Día 247
Este plan no está iniciado. Marca la lectura como leída para iniciarlo desde hoy.
Lectura bíblica
Lucas 19:29-44; Juan 12:12-19
Lucas 19:29-44
29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, 30 diciendo: --Id a la aldea de enfrente, y cuando entréis en ella, hallaréis atado un borriquillo, en el cual ningún hombre ha montado jamás. Desatadlo y traedlo. 31 Si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", le responderéis así: "Porque el Señor lo necesita." 32 Los que habían sido enviados fueron y hallaron como había dicho. 33 Cuando desataban el borriquillo, sus dueños les dijeron: --¿Por qué desatáis el borriquillo? 34 Y ellos dijeron: --Porque el Señor lo necesita. 35 Trajeron el borriquillo a Jesús, y echando sobre él sus mantos, hicieron que Jesús montara encima. 36 Y mientras él avanzaba, tendían sus mantos por el camino. 37 Cuando ya llegaba él cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto. 38 Ellos decían: --¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo, y gloria en las alturas! 39 Entonces, algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: --Maestro, reprende a tus discípulos. 40 Él respondió diciéndoles: --Os digo que si éstos callan, las piedras gritarán. 41 Cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró por ella 42 diciendo: --¡Oh, si conocieses tú también, por lo menos en éste tu día, lo que conduce a tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos. 43 Porque vendrán sobre ti días en que tus enemigos te rodearán con baluarte y te pondrán sitio, y por todos lados te apretarán. 44 Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti. No dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
Juan 12:12-19
12 Al día siguiente, cuando oyeron que Jesús venía a Jerusalén, la gran multitud que había venido a la fiesta 13 tomó ramas de palmera y salió a recibirle, y le aclamaban a gritos: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!" 14 Habiendo encontrado Jesús un borriquillo, montó sobre él, como está escrito: 15 No temas, hija de Sion. ¡He aquí tu Rey viene, sentado sobre una cría de asna! 16 Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio. Pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y que estas cosas le hicieron a él. 17 La gente que estaba con él daba testimonio de cuando llamó a Lázaro del sepulcro y le resucitó de entre los muertos. 18 Por esto también la multitud salió a recibirle, porque oyeron que él había hecho esta señal. 19 Entonces los fariseos dijeron entre sí: --Ved que nada ganáis. ¡He aquí, el mundo se va tras él!
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
El Deseado de Todas las Gentes, página 523
Capítulo 63—Tu rey viene
Este capítulo está basado en Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-10; Lucas 19:29-44; Juan 12:12-19.
“Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna.”Zacarías 9:9.
Quinientos años antes del nacimiento de Cristo, el profeta Zacarías predijo así la venida del Rey de Israel. Esta profecía se iba a cumplir ahora. El que siempre había rechazado los honores reales iba a entrar en Jerusalén como el prometido heredero del trono de David.
Fué en el primer día de la semana cuando Cristo hizo su entrada triunfal en Jerusalén. Las multitudes que se habían congregado para verle en Betania le acompañaban ansiosas de presenciar su recepción. Mucha gente que iba en camino a la ciudad para observar la Pascua se unió a la multitud que acompañaba a Jesús. Toda la naturaleza parecía regocijarse. Los árboles estaban vestidos de verdor y sus flores comunicaban delicada fragancia al aire. Nueva vida y gozo animaban al pueblo. La esperanza del nuevo reino estaba resurgiendo.
Como quería entrar cabalgando en Jerusalén, Jesús había enviado a dos de sus discípulos para que le trajesen una asna y su pollino. Al tiempo de su nacimiento, el Salvador dependió de la hospitalidad de los extraños. El pesebre en el cual yaciera era un lugar de descanso prestado. Y ahora, aunque le pertenecían los millares de animales en los collados, dependía de la bondad de un extraño para conseguir un animal en el cual entrar en Jerusalén como su Rey. Pero de nuevo su divinidad se reveló, aun en las detalladas indicaciones dadas a sus discípulos respecto a su diligencia. Según lo predijo, la súplica: “El Señor los ha menester” fué atendida de buena gana. Jesús escogió para su uso un pollino sobre el cual nunca se había sentado nadie. Con alegre entusiasmo, los discípulos extendieron sus vestidos sobre la bestia y sentaron encima a su Maestro. En
El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White