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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 125-126

alianza, han derribado tus altares, y han muerto a cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.”

El Señor respondió a Elías que los que obraban mal en Israel no quedarían sin castigo. Iban a ser escogidos especialmente hombres que cumplirían el propósito divino de castigar al reino idólatra. Debía realizarse una obra severa, para que todos tuviesen oportunidad de colocarse de parte del Dios verdadero. Elías mismo debía regresar a Israel, y compartir con otros la carga de producir una reforma.

El Señor ordenó a Elías: “Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco: y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria; y a Jehú hijo de Nimsi, ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Saphat, de Abel-mehula, ungirás para que sea profeta en lugar de ti. Y será, que el que escapare del cuchillo de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare del cuchillo de Jehú, Eliseo lo matará.”

Elías había pensado que él era el único que adoraba al verdadero Dios en Israel; pero el que lee en todos los corazones reveló al profeta que eran muchos los que a través de los largos años de apostasía le habían permanecido fieles. Dijo Dios: “Yo haré que queden en Israel siete mil; todas rodillas que no se encorvaron a Baal, y bocas todas que no lo besaron.”

Son muchas las lecciones que se pueden sacar de lo que experimentó Elías durante aquellos días de desaliento y derrota aparente, y son lecciones inestimables para los siervos de Dios en esta época, que se distingue por una desviación general de lo correcto. La apostasía que prevalece hoy es similar a la que se extendió en Israel en tiempos del profeta. Multitudes siguen hoy a Baal al exaltar lo humano sobre lo divino, al alabar a los dirigentes populares, al rendir culto a Mammón y al colocar las enseñanzas de la ciencia sobre las verdades de la revelación. La duda y la incredulidad están ejerciendo su influencia nefasta sobre las mentes y los corazones, y muchos están reemplazando los oráculos de Dios por las teorías de los hombres. Se enseña

públicamente que hemos llegado a un tiempo en que la razón humana debe ser exaltada sobre las enseñanzas de la Palabra. La ley de Dios, divina norma de la justicia, se declara anulada. El enemigo de toda verdad está obrando con poder engañoso para inducir a hombres y mujeres a poner las instituciones humanas donde Dios debiera estar, y a olvidar lo que fué ordenado para la felicidad y salvación de la humanidad.

Sin embargo, esta apostasía, por extensa que haya llegado a ser, no es universal. No todos los habitantes del mundo son inicuos y pecaminosos; no todos se han decidido en favor del enemigo. Dios tiene a muchos millares que no han doblado la rodilla ante Baal, muchos que anhelan comprender más plenamente lo que se refiere a Cristo y a la ley, muchos que esperan contra toda esperanza que Jesús vendrá pronto para acabar con el reinado del pecado y de la muerte. Y son muchos los que han estado adorando a Baal por ignorancia, pero con los cuales el Espíritu de Dios sigue contendiendo.

Los tales necesitan la ayuda personal de quienes han aprendido a conocer a Dios y el poder de su palabra. En un tiempo como éste, cada hijo de Dios debe dedicarse activamente a ayudar a otros. Mientras los que comprenden la verdad bíblica procuren descubrir a los hombres y mujeres que anhelan luz los ángeles de Dios los acompañarán. Y donde vayan los ángeles, nadie necesita temer avanzar. Como resultado de los esfuerzos fieles de obreros consagrados, muchos serán desviados de la idolatría al culto del Dios viviente. Muchos cesarán de tributar homenaje a las instituciones humanas, y se pondrán intrépidamente de parte de Dios y de su ley.

Mucho depende de la actividad incesante de los que son fieles y leales; y por esta razón Satanás hace cuanto puede para impedir que el propósito divino sea realizado mediante los obedientes. Induce a algunos a olvidar su alta y santa misión y a hallar satisfacción en los placeres de esta vida. Los mueve a buscar la comodidad, o a dejar los lugares donde podrían ser una potencia para el bien y a preferir los que les ofrezcan

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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