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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 55-56

Capítulo 5—El arrepentimiento de Salomón

Dos veces, durante el reinado de Salomón, el Señor se le apareció y le dirigió palabras de aprobación y consejo; a saber, en la visión nocturna de Gabaón, cuando la promesa de darle sabiduría, riquezas y honores fué acompañada de una exhortación a permanecer humilde y obediente, y después de la dedicación del templo, cuando una vez más el Señor le alentó a ser fiel. Fueron claras las amonestaciones que se dieron a Salomón, y maravillosas las promesas que se le hicieron; sin embargo quedó registrado acerca de aquel que, por sus circunstancias, parecía abundantemente preparado en su carácter y en su vida para prestar atención a la exhortación y cumplir con lo que el Cielo esperaba de él: “Mas él no guardó lo que le mandó Jehová.” “Estaba su corazón desviado de Jehová Dios de Israel, que le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos.” 1 Reyes 11:9, 10. Y tan completa fué su apostasía, tanto se endureció su corazón en la transgresión, que su caso parecía casi desesperado.

Salomón se desvió del goce de la comunión divina para hallar satisfacción en los placeres de los sentidos. Acerca de lo que experimentó dice:

“Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas; híceme huertos y jardines, ... poseí siervos y siervas, ... alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes. Y fuí engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem...

“No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo... Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.

“Después torné yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre hay que pueda seguir al rey en lo que ya hicieron?)... Aborrecí por tanto la vida... Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol.” Eclesiastés 2:4-18.

Por su propia amarga experiencia, Salomón aprendió cuán vacía es una vida dedicada a buscar las cosas terrenales como el bien más elevado. Erigió altares a los dioses paganos, pero fué tan sólo para comprobar cuán vana es su promesa de dar descanso al espíritu. Pensamientos lóbregos le acosaban día y noche. Para él ya no había gozo en la vida ni paz espiritual, y el futuro se le anunciaba sombrío y desesperado.

Sin embargo, el Señor no le abandonó. Mediante mensajes de reprensión y castigos severos, procuró despertar al rey y hacerle comprender cuán pecaminosa era su conducta. Le privó de su cuidado protector, y permitió que los adversarios le atacaran y debilitasen el reino. “Y Jehová suscitó un adversario a Salomón, a Adad, Idumeo... Despertóle también Dios por adversario a Rezón, ... capitán de una compañía,” quien “aborreció a Israel, y reinó sobre la Siria. Asimismo Jeroboam, ... siervo de Salomón,” y hombre “valiente,” “alzó su mano contra el rey.” 1 Reyes 11:14-28.

A la postre, el Señor envió a Salomón, mediante un profeta, este mensaje sorprendente: “Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo. Empero no lo haré en tus días, por amor a David tu padre: romperélo de la mano de tu hijo.” 1 Reyes 11:11, 12.

Despertando como de un sueño al oír esta sentencia de

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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