Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 306
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Lectura bíblica
Nehemias 6
Nehemias 6
1 Sucedió que habiendo oído Sanbalat, Tobías, Gesem el árabe y los demás enemigos nuestros que yo había reedificado la muralla y que no quedaban más brechas en ella (aunque hasta aquel tiempo no había colocado las hojas de las puertas), 2 Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: "Ven y reunámonos en alguna de las aldeas, en el valle de Ono." Pero ellos habían pensado hacerme daño. 3 Entonces les envié mensajeros diciendo: "Estoy realizando una gran obra. No puedo ir, porque cesaría el trabajo si yo lo abandonase para ir a vosotros." 4 Cuatro veces me enviaron mensajeros con respecto al mismo asunto, y yo les respondí de la misma manera. 5 Entonces Sanbalat envió a su criado para decirme lo mismo por quinta vez, trayendo en su mano una carta abierta 6 en la cual estaba escrito: Se ha oído entre los pueblos, y Gesem lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros, y que por eso tú reedificas la muralla. Según estos rumores, tú has llegado a ser su rey, 7 y has puesto profetas que te proclamen en Jerusalén diciendo: "¡Hay rey en Judá!" Ahora bien, tales palabras han de ser oídas por el rey. Ven, por tanto, y tomemos consejo juntos. 8 Entonces envié a decirle: "No han sucedido esas cosas que tú dices, sino que tú las inventas en tu corazón." 9 Porque todos ellos nos intimidaban pensando: "Se debilitarán sus manos en la obra, y no será llevada a cabo." ¡Pero, oh Dios, fortalece mis manos! 10 Después fui a la casa de Semaías hijo de Delaías, hijo de Mehetabel, porque él estaba encerrado allí. Y me dijo: --Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vendrán para matarte. ¡Sí, a la noche vendrán para matarte! 11 Entonces respondí: --¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Quién siendo como yo entraría en el templo para salvar su vida? ¡No entraré! 12 Así entendí que Dios no lo había enviado, sino que decía aquella profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat le habían contratado. 13 Él fue contratado para que yo fuera intimidado e hiciese eso, y así pecara, de modo que les sirviese de mal nombre para desacreditarme. 14 ¡Acuérdate, oh Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas obras suyas, y también de la profetisa Noadía y de los otros profetas que trataban de intimidarme! 15 La muralla fue terminada el 25 del mes de Elul, en cincuenta y dos días. 16 Y sucedió que cuando nuestros enemigos oyeron esto, y lo vieron todos los pueblos de nuestros alrededores, se sintieron muy humillados ante sus propios ojos y se dieron cuenta de que esta obra había sido llevada a cabo por nuestro Dios. 17 Asimismo, en aquellos días iban muchas cartas de los principales de Judá a Tobías, y las de Tobías venían a ellos. 18 Porque muchos en Judá estaban asociados con él, ya que era yerno de Secanías hijo de Ara, y su hijo Johanán había tomado por mujer a la hija de Mesulam, hijo de Berequías. 19 Ellos contaban delante de mí las buenas obras de él, y le referían mis palabras. Y Tobías enviaba cartas para intimidarme.
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 481-482
Agotados y oprimidos, los pobres no saben dónde buscar alivio. ¡Y todo esto para que los ricos puedan sufragar su extravagancia o satisfacer su deseo de acumular más riquezas!
El amor al dinero y a la ostentación han hecho de este mundo una cueva de ladrones. Las Escrituras describen la codicia y la opresión que prevalecerán precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Santiago escribe: “Ea ya ahora, oh ricos... Os habéis allegado tesoro para en los postreros días. He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis cebado vuestros corazones como en el día de sacrificios. Habéis condenado y muerto al justo; y él no os resiste.” Santiago 5:1-6.
Aun entre los que profesan andar en el temor del Señor, hay quienes siguen todavía la conducta de los nobles de Israel. Por el hecho de que pueden hacerlo, exigen más de lo justo, y se vuelven así opresores. Y porque hay avaricia y traición en la vida de los que llevan el nombre de Cristo, porque la iglesia conserva en sus libros los nombres de aquellos que adquirieron sus posesiones mediante injusticias, se desprecia la religión de Cristo. El despilfarro, las ganancias excesivas y la extorsión están corrompiendo la fe de muchos y destruyendo su espiritualidad. La iglesia es en gran medida responsable de los pecados cometidos por sus miembros. Presta su apoyo al mal si no alza la voz contra él.
Las costumbres del mundo no constituyen el criterio que debe seguir el cristiano. Este último no ha de imitar a aquél en sus prácticas injustas, en su codicia ni en sus extorsiones. Todo acto injusto contra un semejante es una violación de la regla de oro. Todo perjuicio ocasionado a los hijos de Dios se hace contra Cristo mismo en la persona de sus santos. Toda tentativa de aprovecharse de la ignorancia, debilidad o desgracia de los demás, se registra como fraude en el libro mayor
del cielo. El que teme verdaderamente a Dios preferirá trabajar noche y día y comer su pan en la pobreza antes que satisfacer un afán de ganancias que oprimiría a la viuda y a los huérfanos, o despojaría al extraño de su derecho.
El menor desvío de la rectitud quebranta las barreras y prepara el corazón para cometer mayores injusticias. En la medida en que un hombre esté dispuesto a sacar ventajas para sí de las desventajas de otro, se vuelve su alma insensible a la influencia del Espíritu de Dios. La ganancia obtenida a un costo tal es una terrible pérdida.
Eramos todos deudores de la justicia divina; pero nada teníamos con qué pagar la deuda. Entonces el Hijo de Dios se compadeció de nosotros y pagó el precio de nuestra redención. Se hizo pobre para que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Mediante actos de generosidad hacia los pobres, podemos demostrar la sinceridad de nuestra gratitud por la misericordia que se nos manifestó. “Hagamos bien a todos—recomienda el apóstol Pablo,—y mayormente a los domésticos de la fe.” Y sus palabras concuerdan con las del Salvador: “Siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podréis hacer bien.” “Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.” Gálatas 6:10; Marcos 14:7; Mateo 7:12.
Profetas y Reyes · Ellen G. White