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Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 434-435

condiciones indispensables para obtener fuerza y para alcanzar la victoria. Una corona de gloria aguarda a los que se postran al pie de la cruz.

Los fieles, que se encuentran orando, están, por así decirlo, encerrados con Dios. Ellos mismos no saben cuán seguramente están escudados. Incitados por Satanás, los gobernantes de este mundo procuran destruirlos; pero si pudiesen abrírseles los ojos, como se abrieron los del siervo de Eliseo en Dotán, verían a los ángeles de Dios acampados en derredor de ellos, manteniendo en jaque a la hueste de las tinieblas.

Mientras el pueblo de Dios aflige su alma delante de él, suplicando pureza de corazón, se da la orden: “Quitadle esas vestimentas viles,” y se pronuncian las alentadoras palabras: “Mira que he hecho pasar tu pecado de ti, y te he hecho vestir de ropas de gala.” Se pone sobre los tentados y probados, pero fieles, hijos de Dios, el manto sin mancha de la justicia de Cristo. El remanente despreciado queda vestido de gloriosos atavíos, que nunca han de ser ya contaminados por las corrupciones del mundo. Sus nombres permanecen en el libro de la vida del Cordero, registrados entre los de los fieles de todos los siglos. Han resistido los lazos del engañador; no han sido apartados de su lealtad por el rugido del dragón. Tienen ahora eterna y segura protección contra los designios del tentador. Sus pecados han sido transferidos al que los instigara. Una “mitra limpia” es puesta sobre su cabeza.

Mientras Satanás ha estado insistiendo en sus acusaciones los ángeles santos, invisibles, han ido de un lado a otro poniendo sobre los fieles el sello del Dios viviente. Estos son los que están sobre el monte de Sión con el Cordero, teniendo el nombre del Padre escrito en sus frentes. Cantan el nuevo himno delante del trono, ese himno que nadie puede aprender sino los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de la tierra. “Estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero. Y en sus bocas no ha

sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios.” Apocalipsis 14:4, 5.

Entonces se cumplirán del todo estas palabras del Angel: “Escucha pues ahora, Josué gran sacerdote, tú, y tus amigos que se sientan delante de ti; porque son varones simbólicos: He aquí, yo traigo a mi siervo, el Pimpollo.” Zacarías 3:8. Cristo es revelado como el Redentor y Libertador de su pueblo. Entonces serán en verdad los que forman parte del remanente “varones simbólicos,” cuando las lágrimas y la humillación de su peregrinación sean reemplazadas por el gozo y la honra en la presencia de Dios y del Cordero. “En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los librados de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalem, será llamado santo; todos los que en Jerusalem están escritos entre los vivientes.” Isaías 4:2, 3.

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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