Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 236
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 358-360
Dios puso a Daniel y a sus compañeros en relación con los grandes de Babilonia, a fin de que en medio de una nación idólatra representasen su carácter. ¿Cómo pudieron ellos hacerse idóneos para un puesto de tanta confianza y honor? Fué la fidelidad en las cosas pequeñas lo que dió carácter a toda su vida. Honraron a Dios en los deberes más insignificantes, tanto como en las mayores responsabilidades.
Así como Dios llamó a Daniel para que testificase por él en Babilonia, nos llama hoy a nosotros para que seamos sus testigos en el mundo. Tanto en los asuntos menores como en los mayores de la vida, desea que revelemos a los hombres los principios de su reino. Muchos están aguardando que se les dé algo grande que hacer mientras desperdician diariamente las oportunidades que tienen de ser fieles a Dios. Diariamente dejan de cumplir con todo el corazón los deberes pequeños de la vida. Mientras aguardan alguna obra grande en la cual podrían ejercer los importantes talentos que creen tener, y así satisfacer sus anhelos ambiciosos, van transcurriendo los días.
En la vida del verdadero cristiano, no hay cosas que no sean esenciales; a la vista del Omnipotente todo deber es importante. El Señor mide con exactitud toda posibilidad de servir. Las capacidades que no se usan se tienen en cuenta tanto como las que se usan. Seremos juzgados por lo que debiéramos haber hecho y no hicimos porque no usamos nuestras facultades para glorificar a Dios.
Un carácter noble no es el resultado de la casualidad; no se debe a favores o dones especiales de la Providencia. Es resultado de la disciplina propia, de la sujeción de la naturaleza inferior a la superior, de la entrega del yo al servicio de Dios y de los hombres.
Por la fidelidad que los jóvenes hebreos manifestaron hacia los principios de temperancia, Dios habla a los jóvenes de hoy. Se necesitan hombres que, como Daniel, serán activos y audaces para la causa del bien. Se necesitan corazones puros, manos fuertes, valor intrépido; porque la guerra entre el vicio y la
virtud exige una vigilancia incesante. Satanás se presenta a toda alma con tentaciones que asumen muchas formas seductoras en lo que respecta a la satisfacción del apetito.
El cuerpo es un medio muy importante de desarrollar la mente y el alma para la edificación del carácter. De ahí que el adversario de las almas encauce sus tentaciones para debilitar y degradar las facultades físicas. El éxito que obtiene en ello significa con frecuencia la entrega de todo el ser al mal. A menos que las tendencias de la naturaleza física estén dominadas por un poder superior, obrarán con certidumbre ruina y muerte. El cuerpo debe ser puesto en sujeción a las facultades superiores del ser. Las pasiones deben ser controladas por la voluntad, que debe estar a su vez bajo el control de Dios. La facultad regia de la razón, santificada por la gracia divina, debe regir la vida. El poder intelectual, el vigor físico y la longevidad dependen de leyes inmutables. Mediante la obediencia a esas leyes, el hombre puede ser vencedor de sí mismo, vencedor de sus propias inclinaciones, vencedor de principados y potestades, de los “gobernadores de estas tinieblas” y de las “malicias espirituales en los aires.” Efesios 6:12.
En el antiguo ritual que era el Evangelio en símbolos, ninguna ofrenda imperfecta podía ser llevada al altar de Dios. El sacrificio que había de representar a Cristo debía ser sin mancha. La palabra de Dios señala esto como ilustración de lo que deben ser sus hijos: un “sacrificio vivo,” santo y “sin mancha.” Romanos 12:1; Efesios 5:27.
Los notables hebreos fueron hombres de pasiones como las nuestras; y no obstante las influencias seductoras de la corte babilónica, permanecieron firmes, porque confiaban en una fuerza infinita. En ellos una nación pagana contempló una ilustración de la bondad y beneficencia de Dios, así como del amor de Cristo. En lo que experimentaron tenemos un ejemplo del triunfo de los buenos principios sobre la tentación, de la pureza sobre la depravación, de la devoción y la lealtad sobre el ateísmo y la idolatría.
Los jóvenes de hoy pueden tener el espíritu que dominó a Daniel; pueden sacar fuerza de la misma fuente, poseer el mismo poder de dominio propio y revelar la misma gracia en su vida, aun en circunstancias tan desfavorables como las que predominaban entonces. Aunque rodeados por tentaciones a satisfacer sus apetitos, especialmente en nuestras grandes ciudades, donde resulta fácil y atrayente toda complacencia sensual, pueden permanecer por la gracia de Dios firmes en su propósito de honrar a Dios. Mediante una determinación enérgica y una vigilancia constante, pueden resistir toda tentación que asalte el alma. Pero sólo podrá alcanzar la victoria el que resuelva hacer el bien por el bien mismo.
¡Qué carrera fué la de esos nobles hebreos! Poco se imaginaban cuando se despedían del hogar de su infancia cuál sería su alto destino. Se entregaron a la dirección divina con tal fidelidad y constancia que Dios pudo cumplir su propósito por su intermedio.
Las mismas poderosas verdades que fueron reveladas mediante estos hombres, Dios desea revelarlas mediante los jóvenes y los niños de hoy. La vida de Daniel y sus compañeros es una demostración de lo que él hará en favor de los que se entreguen a él y procuren con todo el corazón realizar su propósito.
Profetas y Reyes · Ellen G. White