Cristo Nuestra Esperanza

Plan Encuentro 4 Día 234

Día 234 ▾
Aa
Tamaño Letra Tema

Lectura del libro

Profetas y Reyes, páginas 353-354

probado de una manera decisiva. Se había provisto que comiesen del alimento y bebiesen del vino que provenían de la mesa real. Con esto el rey pensaba manifestarles su favor y la solicitud que sentía por su bienestar. Pero como una porción de estas cosas se ofrecía a los ídolos, el alimento proveniente de la mesa del rey estaba consagrado a la idolatría, y compartirlo sería considerado como tributo de homenaje a los dioses de Babilonia. La lealtad a Jehová prohibía a Daniel y a sus compañeros que rindiesen tal homenaje. Aun el hacer como que comieran del alimento o bebieran del vino habría sido negar su fe. Obrar así habría sido colocarse de parte del paganismo y deshonrar los principios de la ley de Dios.

Tampoco podían correr el riesgo que representaba el efecto enervador del lujo y la disipación sobre el desarrollo físico, mental y espiritual. Conocían la historia de Nadab y Abihú, cuya intemperancia, así como los resultados que había tenido, describían los pergaminos del Pentateuco; y sabían que sus propias facultades físicas y mentales quedarían perjudicadas por el consumo de vino.

Los padres de Daniel y sus compañeros les habían inculcado hábitos de estricta templanza. Se les había enseñado que Dios los tendría por responsables de sus facultades, y que no debían atrofiarlas ni debilitarlas. Esta educación fué para Daniel y sus compañeros un medio de preservación entre las influencias desmoralizadoras de la corte babilónica. Intensas eran las tentaciones que los rodeaban en aquella corte corrompida y lujuriosa, pero no se contaminaron. Ningún poder ni influencia podía apartarlos de los principios que habían aprendido temprano en la vida por un estudio de la palabra y de las obras de Dios.

Si Daniel lo hubiese deseado, podría haber hallado en las circunstancias que le rodeaban una excusa plausible por apartarse de hábitos estrictamente temperantes. Podría haber argüído que, en vista de que dependía del favor del rey y estaba sometido a su poder, no le quedaba otro remedio que

comer de la comida del rey y beber de su vino; porque si seguía la enseñanza divina no podía menos que ofender al rey y probablemente perdería su puesto y la vida, mientras que si despreciaba el mandamiento del Señor, conservaría el favor del rey y se aseguraría ventajas intelectuales y perspectivas halagüeñas en este mundo.

Pero Daniel no vaciló. Apreciaba más la aprobación de Dios que el favor del mayor potentado de la tierra, aun más que la vida misma. Resolvió permanecer firme en su integridad, cualesquiera fuesen los resultados. “Propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber.” Esta resolución fué apoyada por sus tres compañeros.

Al llegar a esta decisión, los jóvenes hebreos no obraron presuntuosamente, sino confiando firmemente en Dios. No decidieron singularizarse, aunque preferirían eso antes que deshonrar a Dios. Si hubiesen transigido con el mal en este caso al ceder a la presión de las circunstancias, su desvío de los buenos principios habría debilitado su sentido de lo recto y su aborrecimiento por lo malo. El primer paso en la dirección errónea habría conducido a otros pasos tales, hasta que, cortada su relación con el Cielo, se vieran arrastrados por la tentación.

“Puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el príncipe de los eunucos,” y la petición de que se le permitiera no contaminarse fué recibida con respeto. Sin embargo, el príncipe vacilaba antes de acceder. Explicó a Daniel: “Tengo temor de mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él habrá visto vuestros rostros más tristes que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.”

Daniel apeló entonces a Melsar, oficial encargado especialmente de la juventud hebrea, y solicitó que se les excusase de comer la comida del rey y beber su vino. Pidió que se hiciese una prueba de diez días, durante los cuales se proveería

Profetas y Reyes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

Abrir en su propia página