Cristo Nuestra Esperanza
Plan Encuentro 4 Día 159
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Lectura del libro
Profetas y Reyes, páginas 256-258
de los príncipes extranjeros. No se detuvo a considerar que estos hombres eran representantes de una nación poderosa que no temía ni amaba a Dios, y que era imprudente hacerlos sus confidentes con referencia a las riquezas temporales de la nación.
La visita de los embajadores a Ezequías estaba destinada a probar su gratitud y devoción. El relato dice: “Empero en lo de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acaecido en aquella tierra, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.” 2 Crónicas 32:31. Si Ezequías hubiese aprovechado la oportunidad que se le concedía para atestiguar el poder, la bondad y la compasión del Dios de Israel, el informe de los embajadores habría sido como una luz a través de las tinieblas. Pero él se engrandeció a sí mismo más que a Jehová de los ejércitos. “Ezechías no pagó conforme al bien que le había sido hecho: antes se enalteció su corazón, y fué la ira contra él, y contra Judá y Jerusalem.” Vers. 25.
¡Cuán desastrosos iban a ser los resultados! Se le reveló a Isaías que al regresar los embajadores llevaban informes relativos a las riquezas que habían visto, y que el rey de Babilonia y sus consejeros harían planes para enriquecer su propio país con los tesoros de Jerusalén. Ezequías había pecado gravemente; “y fué la ira contra él, y contra Judá y Jerusalem.” Vers. 25.
“Entonces Isaías profeta vino al rey Ezechías, y díjole: ¿Qué dicen estos hombres y de dónde han venido a ti? Y Ezechías respondió: De tierra muy lejos han venido a mí, de Babilonia. Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezechías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
“Entonces dijo Isaías a Ezechías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos: He aquí, vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy: ninguna cosa quedará, dice Jehová. De tus
hijos que hubieren salido de ti, y que engendraste, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
“Y dijo Ezechías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena.” Isaías 39:3-8.
Lleno de remordimiento, “Ezechías, después de haberse engreído su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalem; y no vino sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezechías.” 2 Crónicas 32:26. Pero la mala semilla había sido sembrada, y con el tiempo iba a brotar y producir una cosecha de desolación y desgracia. Durante los años que le quedaban por vivir, el rey de Judá iba a disfrutar mucha prosperidad debido a su propósito firme de redimir lo pasado y honrar el nombre del Dios a quien servía. Sin embargo, su fe iba a ser probada severamente; e iba a aprender que únicamente si ponía toda su confianza en Jehová podía esperar triunfar sobre las potestades de las tinieblas que estaban maquinando su ruina y la destrucción completa de su pueblo.
El relato de cómo Ezequías no fué fiel a su cometido en ocasión de la visita de los embajadores contiene una lección importante para todos. Necesitamos hablar mucho más de los capítulos preciosos de nuestra experiencia, de la misericordia y bondad de Dios, de las profundidades incomparables del amor del Salvador. Cuando la mente y el corazón rebosen de amor hacia Dios no resultará difícil impartir lo que encierra la vida espiritual. Entonces grandes pensamientos, nobles aspiraciones, claras percepciones de la verdad, propósitos abnegados y anhelos de piedad y santidad hallarán expresión en palabras que revelen el carácter de lo atesorado en el corazón.
Aquellos con quienes nos asociamos día tras día necesitan nuestra ayuda, nuestra dirección. Pueden hallarse en tal condición mental que una palabra pronunciada en sazón será como un clavo puesto en lugar seguro. Puede ser que mañana algunas de esas almas se hallen donde no se las pueda alcanzar. ¿Qué influencia ejercemos sobre esos compañeros de viaje?
Cada día de la vida está cargado de responsabilidades que
debemos llevar. Cada día, nuestras palabras y nuestros actos hacen impresiones sobre aquellos con quienes tratamos. ¡Cuán grande es la necesidad de que observemos cuidadosamente nuestros pasos y ejerzamos cautela en nuestras palabras! Un movimiento imprudente, un paso temerario, pueden levantar olas de gran tentación que arrastrarán tal vez a un alma. No podemos retirar los pensamientos que hemos implantado en las mentes humanas. Si han sido malos, pueden iniciar toda una cadena de circunstancias, una marea del mal, que no podremos detener.
Por otro lado, si nuestro ejemplo ayuda a otros a desarrollarse de acuerdo con los buenos principios, les comunicamos poder para hacer el bien. A su vez, ejercerán la misma influencia benéfica sobre otros. Así centenares y millares recibirán ayuda de nuestra influencia inconsciente. El que sigue verdaderamente a Cristo fortalece los buenos propósitos de todos aquellos con quienes trata. Revela el poder de la gracia de Dios y la perfección de su carácter ante un mundo incrédulo que ama el pecado.
Profetas y Reyes · Ellen G. White