Cristo Nuestra Redención
Plan Encuentro 3 Día 351
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Lectura del libro
Patriarcas y Profetas, páginas 730-732
impiedad, como si no hubiese una Providencia capaz de predominar para contrariar sus designios; pero “el que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos”. Salmos 2:4. El Señor declara: “Rechazaron mi consejo y menospreciaron todas mis reprensiones, comerán del fruto de su camino y se hastiarán de sus propios consejos. Porque el desvío de los ignorantes los matará, la prosperidad de los necios los echará a perder”. Proverbios 1:30-32.
Habiendo tenido éxito en el plan destinado a afianzar su propia seguridad, Ahitofel señaló insistentemente a Absalón la necesidad de obrar inmediatamente contra David. “Yo escogeré ahora doce mil hombres, me levantaré y seguiré a David esta noche. Caeré sobre él mientras está cansado y sin fuerzas; lo atemorizaré y todo el pueblo que está con él huirá. Mataré solamente al rey, y así haré que todo el pueblo se vuelva hacia ti”.
Este proyecto fue aprobado por los consejeros del rey. Si se lo hubiese puesto en práctica, David habría sido muerto seguramente, a menos que el Señor se hubiera interpuesto directamente para salvarlo. Pero una sabiduría aun más alta que la del renombrado Ahitofel dirigía los acontecimientos. “Jehová había ordenado que el acertado consejo de Ahitofel se frustrara, para traer Jehová la ruina sobre Absalón”.
A Husai no se le había llamado al concilio, y no quiso intervenir sin que se lo pidieran, por temor de que se sospechara de él como espía; pero después que se hubo dispersado la asamblea, Absalón que tenía en alto aprecio el juicio del consejero de su padre, le sometió el plan de Ahitofel. Husai vio que, de seguirse el plan propuesto, David estaría perdido. Y dijo:
“Esta vez, el consejo que ha dado Ahitofel no es bueno. Y añadió Husai: “Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están con amargura de ánimo, como la osa en el campo cuando le han quitado sus cachorros. Además, tu padre es hombre de guerra y no pasará la noche con el pueblo. Seguro que ahora está escondido en alguna cueva o en otro lugar””. Alegó que si las fuerzas de Absalón persiguían a David no capturarían al rey; y si sufrían algún revés, ello tendería a descorazonarlas, y haría gran daño a la causa de Absalón. “Porque -dijo- todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que son esforzados los que están con él”.
Y sugirió luego un plan atrayente para una naturaleza vana, egoísta y aficionada a hacer ostentación de poder: “Aconsejo, pues, que todo Israel se reúna junto a ti, desde Dan hasta Beerseba,
numeroso como la arena que está a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a la batalla. Entonces lo atacaremos en cualquier lugar donde se halle; caeremos sobre él como cae el rocío sobre la tierra, y ni a él ni a ninguno de los que están con él dejaremos con vida. Y si se refugia en alguna ciudad, todos los de Israel llevarán sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, de modo que no se encuentre allí ni una piedra.
“Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: “El consejo de Husai, el arquita, es mejor que el consejo de Ahitofel””. Pero hubo uno que no fue engañado, y que previó claramente el resultado de este error fatal de Absalón. Ahitofel sabía que la causa de los rebeldes estaba perdida. Y sabía que cualquiera que sea la suerte del príncipe, no había esperanza para el consejero que había instigado sus mayores crímenes. Ahitofel había animado a Absalón en la rebelión; le había aconsejado que cometiera las maldades más abominables, en deshonra de su padre; había aconsejado que se matara a David, y había proyectado cómo lograrlo; había eliminado para siempre la última posibilidad de que él mismo se reconciliara con el rey; y ahora otro le era preferido, aun por el mismo Absalón. Celoso, airado y desesperado, “se levantó y se fue a su casa en su ciudad; y después de poner la casa en orden, se ahorcó. Así murió”. Tal fue el resultado de la sabiduría de uno que, no obstante sus grandes talentos, no tuvo a Dios como su consejero. Satanás seduce a los hombres con promesas halagadoras, pero al final toda alma comprobará que “la paga del pecado es muerte”. Romanos 6:23.
No estando seguro Husai de que su consejo fuera seguido por el rey inconstante, no perdió tiempo en advertir a David que huyera sin demora más allá del Jordán. Husai envió a los sacerdotes el siguiente mensaje, que ellos habían de transmitir por intermedio de sus hijos: “Ahitofel ha aconsejado así y así a Absalón y a los ancianos de Israel; y esto otro aconsejé yo. Por tanto, [...] “no te quedes esta noche en los llanos del desierto, sino pasa enseguida el Jordán, para que no sea exterminado el rey y todo el pueblo que con él está””.
Los jóvenes que se encargaron de llevar el mensaje fueron perseguidos porque se sospechó de ellos, pero lograron llevar a cabo su peligrosa misión. David, estando harto rendido de trabajo y de dolor después de aquel primer día de huida, recibió el mensaje que le aconsejaba cruzar el Jordán aquella noche, pues su hijo trataba de matarle.
¿Cuáles eran en este peligro terrible los sentimientos del padre y rey, tan cruelmente agraviado? ¿Con qué palabras expresó lo que sentía su alma el que era “hombre valiente”, guerrero y rey, cuya palabra era ley, ahora traicionado por un hijo a quien había amado y mimado y en quien había confiado imprudentemente, mientras era agraviado y abandonado por los súbditos ligados a él por los vínculos más estrechos del honor y de la lealtad? En la hora de su prueba más negra, el corazón de David se apoyó en Dios, y cantó:
“¡Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí; muchos son
los que dicen de mí:
“No hay para él salvación en Dios”.
Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria,
y el que levanta mi cabeza.
Con mi voz clamé a Jehová
y él me respondió desde su monte santo.
Yo me acosté y dormí, y desperté,
porque Jehová me sustentaba.
No temeré ni a una gran multitud que ponga sitio contra mí. [...]
La salvación es de Jehová. ¡Sobre tu pueblo sea tu bendición!”
David y toda su compañía de guerreros y estadistas, ancianos y jóvenes, mujeres y niños, cruzaron el profundo y caudaloso río de corriente rápida, protegidos por la sombra de la noche, “antes que amaneciera; ni uno solo dejó de pasar el Jordán”.
David y sus fuerzas se retiraron a Mahanaim, que había sido la sede real de Is-boset. Esta era una ciudad poderosamente fortificada, rodeada de una región montañosa favorable para la retirada en caso de guerra. La comarca tenía abundancia de provisiones, y el pueblo se mostraba amigo de la causa de David. Se le unieron muchos partidarios, en tanto que los ricos cabecillas de las tribus le traían abundantes regalos de provisiones y otras cosas necesarias.
El consejo de Husai había logrado su objeto, al proporcionar a David la oportunidad de escapar; pero no se podía refrenar mucho tiempo al príncipe temerario e impetuoso; y pronto emprendió la persecución de su padre. “Y Absalón pasó el Jordán con toda la gente de Israel”. Absalón nombró a Amasa, hijo de Abigail, hermana
Patriarcas y Profetas · Ellen G. White