Cristo Nuestra Redención

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Lectura del libro

Patriarcas y Profetas, páginas 101-102

menosprecio sobre las ofrendas expiatorias que prefiguraban la muerte de Cristo; y a medida que la mente de los hombres iba entenebreciéndose con la idolatría, los indujo a falsificar estas ofrendas, y a sacrificar sus propios hijos sobre los altares de sus dioses. A medida que los hombres se alejaban de Dios, los atributos divinos: la justicia, la pureza y el amor, fueron reemplazados por la opresión, la violencia y la brutalidad.

Los hombres de Babel habían decidido establecer un gobierno independiente de Dios. Sin embargo, había algunos entre ellos que temían al Señor, pero que habían sido engañados por las pretensiones de los impíos, y enredados por sus ardides. Por amor a estos el Señor retardó sus juicios, y dio tiempo a los seres humanos para que revelaran su carácter verdadero. A medida que esto se cumplía, los hijos de Dios trabajaban por hacerles cambiar su propósito; pero los hombres estaban completamente unidos en su atrevida empresa contra el cielo. Si no hubieran sido reprimidos, habrían desmoralizado al mundo cuando todavía era joven. Su confederación se fundó en la rebelión; era un reino que se establecía para el ensalzamiento propio, en el cual Dios no iba a tener soberanía ni honor. Si se hubiera permitido esta confederación, un formidable poder habría procurado desterrar la justicia, la paz, la felicidad y la seguridad de este mundo. En lugar del estatuto divino que es “santo, y justo, y bueno” (Romanos 7:12), los hombres estaban tratando de establecer leyes que satisficieran su propio corazón cruel y egoísta.

Los que temían al Señor le imploraron que intercediese. “Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres”. Génesis 11:5. Por misericordia hacia el mundo, Dios frustró el propósito de los edificadores de la torre, y derrumbó el monumento de su osadía. Por misericordia, confundió su lenguaje y estorbó sus propósitos de rebelión.

Dios soporta pacientemente la perversidad de los hombres, dándoles amplia oportunidad para arrepentirse; pero toma en cuenta todos sus ardides para resistir la autoridad de su justa y santa ley. De vez en cuando la mano invisible que empuña el cetro del gobierno se extiende para reprimir la iniquidad. Se da evidencia inequívoca de que el Creador del universo, el que es infinito en sabiduría, amor y verdad, es el Gobernante supremo del cielo y de la tierra, cuyo poder nadie puede desafiar impunemente.

Los planes de los constructores de la torre de Babel terminaron en vergüenza y derrota. El monumento de su orgullo sirvió para

conmemorar su locura. Pero los hombres siguen hoy el mismo sendero, confiando en sí mismos y rechazando la ley de Dios. Es el principio que Satanás trató de practicar en el cielo, el mismo que siguió Caín al presentar su ofrenda. Hay constructores de torres en nuestros días. Los incrédulos formulan sus teorías sobre supuestas deducciones de la ciencia, y rechazan la palabra revelada de Dios. Pretenden juzgar el gobierno moral de Dios; desprecian su ley y se jactan de la suficiencia de la razón humana. Y, “si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo”. Eclesiastés 8:11.

En el mundo que profesa ser cristiano, muchos se alejan de las claras enseñanzas de la Sagrada Escritura y construyen un credo fundado en especulaciones humanas y fábulas agradables; y señalan su torre como una manera de subir al cielo. Los hombres penden admirados de los labios elocuentes, que enseñan que el transgresor no morirá, que la salvación se puede obtener sin obedecer a la ley de Dios. Si los que profesan ser discípulos de Cristo aceptaran las normas de Dios, se unirían entre sí; pero mientras se exalte la sabiduría humana sobre la santa Palabra, habrá divisiones y disensiones. La confusión existente entre los credos y sectas contrarias se representa adecuadamente por el término “Babilonia”, que la profecía aplica a las iglesias mundanas de los últimos días.

Muchos procuran hacerse un cielo adquiriendo riquezas y poder. “Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería” (Salmos 73:8), pisotean los derechos humanos, y desprecian la autoridad divina. Podrán los orgullosos ejercer momentáneamente gran poder y tener éxito en todas sus empresas; pero al fin solo encontrarán desilusión y miseria.

El tiempo de la investigación de Dios ha llegado. El Altísimo descenderá para ver lo que los hijos de los hombres han construído. Su poder soberano se revelará; las obras del orgullo humano serán abatidas. “Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de los hombres; desde el lugar de su morada miró sobre todos los habitantes de la tierra”. “Jehová hace nulo el plan de las naciones y frustra las maquinaciones de los pueblos. El plan de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón, por todas las generaciones”. Salmos 33:13, 14, 10, 11.

Patriarcas y Profetas · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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