Cristo Nuestra Redención
Plan Encuentro 3 Día 246
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Lectura del libro
Patriarcas y Profetas, páginas 508-509
su salario en saco roto””. Y luego se daba la razón de todo esto: “Buscáis mucho, pero halláis poco; lo que guardáis en casa yo lo disiparé con un soplo. ¿Por qué?, dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi Casa está desierta, mientras cada uno de vosotros corre a su propia casa. Por eso los cielos os han negado la lluvia, y la tierra retuvo sus frutos. Yo llamé la sequía sobre esta tierra y sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce, sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de sus manos”. “Antes que sucedieran estas cosas, venían al montón de veinte efas, y solo había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y solo había veinte. Os herí con un viento sofocante, con tizoncillo y con granizo en toda la obra de vuestras manos”.
Conmovido por estas advertencias, el pueblo se dedicó a construir la casa de Dios. Entonces la palabra del Señor les llegó: “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en vuestro corazón [...]. Pero desde este día, yo os bendeciré”.
El sabio dice: “Hay quienes reparten y les es añadido más, y hay quienes retienen más de lo justo y acaban en la miseria”. Proverbios 11:24. Y la misma lección enseñan en el Nuevo Testamento las palabras del apóstol Pablo: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra”. 2 Corintios 9:6, 8.
Dios quería que sus hijos los israelitas transmitieran luz a todos los habitantes de la tierra. Al sostener su culto público, daban testimonio de la existencia y la soberanía del Dios viviente. Y era privilegio de ellos sostener este culto, como una franca expresión de su lealtad y su amor hacia él. El Señor ordenó que la difusión de la luz y la verdad en la tierra dependa de los esfuerzos y las ofrendas de quienes participan del don celestial. Hubiera podido hacer a los ángeles embajadores de la verdad; hubiera podido dar a conocer su voluntad, como proclamó la ley del Sinaí, con su propia voz; pero en su amor y sabiduría infinitos llamó a los hombres para que fueran sus colaboradores, y los eligió para que hagan su obra.
En tiempos de Israel se necesitaban los diezmos y las ofrendas voluntarias para cumplir los ritos del servicio divino. ¿Debe el pueblo de Dios dar menos hoy? El principio fijado por Cristo es que nuestras
ofrendas a Dios han de ser proporcionales a la luz y a los privilegios disfrutados. “A quien se haya dado mucho, mucho se le demandará, y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”. Lucas 12:48. Cuando el Salvador envió a sus discípulos, les dijo: “De gracia recibisteis, dad de gracia”. Mateo 10:8. A medida que nuestras bendiciones y nuestros privilegios aumentan, y sobre todo al tener presente el sacrificio sin par del glorioso Hijo de Dios, ¿no debiera expresarse nuestra gratitud en donativos más abundantes para comunicar a otros el mensaje de la salvación? A medida que crece la obra del evangelio, exige para sostenerse mayores recursos que los que se necesitaban anteriormente; y este hecho hace que la ley de los diezmos y las ofrendas sea aun más urgentemente necesaria hoy día que en la antigüedad. Si el pueblo de Dios sostuviera generosamente su causa mediante las ofrendas voluntarias, en lugar de recurrir a métodos anticristianos y profanos para llenar la tesorería, ello honraría al Señor y muchas más almas serían ganadas para Cristo.
El plan trazado por Moisés para reunir los medios necesarios para construir el tabernáculo tuvo muchísimo éxito. No fue necesario instar a nadie. Ni empleó tampoco uno solo de los ardides a los cuales las iglesias recurren tan a menudo hoy. No ofreció un grandioso festín. No convidó al pueblo a participar en escenas de alegría animada, bailes y diversiones generales; ni tampoco estableció loterías, ni cosa alguna de este orden profano, para obtener medios con que erigir el tabernáculo de Dios. El Señor indicó a Moisés que invitara a los hijos de Israel a traer sus ofrendas. Él había de aceptar los donativos de cuantos los ofrecieran voluntariamente, de todo corazón. Y las ofrendas llegaron en tan enorme abundancia que Moisés mandó al pueblo que no trajera más, pues ya había suplido más de lo que se podía usar.
Dios ha hecho a los hombres administradores suyos. Las propiedades que él puso en sus manos son los medios provistos por él para la difusión del evangelio. A los que demuestren ser fieles administradores, les encomendará responsabilidades mayores. Dijo el Señor: “Yo honraré a los que me honran”. “Dios ama al dador alegre”, y cuando su pueblo le traiga sus donativos y ofrendas con corazón agradecido “no con tristeza, o por necesidad”, lo acompañará con sus bendiciones, tal como prometió: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa: Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. 1 Samuel 2:30; 2 Corintios 9:7; Malaquías 3:10.
Patriarcas y Profetas · Ellen G. White