Cristo La Iglesia
Plan Encuentro 2 Día 78
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Lectura bíblica
Hechos 18:19-28
Hechos 18:19-28
19 Llegaron a Éfeso, y él los dejó allí. Y entró en la sinagoga y discutía con los judíos. 20 Pero a pesar de que ellos le pedían que se quedase por más tiempo, no accedió, 21 sino que se despidió y dijo: "Otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere." Y zarpó de Éfeso. 22 Habiendo arribado a Cesarea, y después de subir y saludar a la iglesia, descendió a Antioquía. 23 Y después de haber estado allí algún tiempo, salió a recorrer en orden la región de Galacia y Frigia, fortaleciendo a todos los discípulos. 24 Llegó entonces a Éfeso cierto judío llamado Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente y poderoso en las Escrituras. 25 Éste había sido instruido en el Camino del Señor; y siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud las cosas acerca de Jesús, aunque conocía solamente el bautismo de Juan. 26 Comenzó a predicar con valentía en la sinagoga, y cuando Priscila y Aquilas le oyeron, le tomaron aparte y le expusieron con mayor exactitud el Camino de Dios. 27 Como él quería viajar a Acaya, los hermanos le animaron y escribieron a los discípulos que le recibiesen. Cuando llegó allá, fue de gran provecho a los que mediante la gracia habían creído; 28 pues refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús era el Cristo.
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
Los Hechos de los Apóstoles, páginas 218-219
Capítulo 26—Apolos en Corinto
Este capítulo está basado en Hechos 18:18-28.
Después de dejar Corinto, el próximo escenario de la labor de Pablo fué Efeso. Estaba en camino a Jerusalén, para asistir a una fiesta próxima; y su estada en Efeso fué necesariamente breve. Razonó en la sinagoga con los judíos, quienes fueron impresionados tan favorablemente que le rogaron que continuara sus labores entre ellos. Su plan de visitar a Jerusalén le impidió detenerse entonces, mas prometió volver a visitarles, “queriendo Dios.” Aquila y Priscila le habían acompañado a Efeso, y los dejó allí para que continuaran la obra que había comenzado.
Sucedió que “llegó entonces a Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.” Había oído la predicación de Juan el Bautista, había recibido el bautismo del arrepentimiento, y era un testigo viviente de que el trabajo del profeta no había sido inútil. El informe de la Escritura respecto a Apolos es que “era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñado solamente en el bautismo de Juan.”
Mientras estaba en Efeso, Apolos “comenzó a hablar confiadamente en la sinagoga.” Entre los oyentes estaban Aquila y Priscila, quienes, percibiendo que no había recibido todavía toda la luz del Evangelio, “le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios.” Por su enseñanza adquirió una comprensión más clara de las Escrituras, y llegó a ser uno de los abogados más capaces de la fe cristiana.
Apolos deseaba ir a Acaya, y los hermanos de Efeso
“escribieron a los discípulos que le recibiesen” como a un maestro en plena armonía con la iglesia de Cristo. Fué a Corinto, donde, en trabajo público y de casa en casa, “con gran vehemencia convencía ... a los Judíos, mostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.” Pablo había sembrado la semilla de la verdad; Apolos ahora la regaba. El éxito que tuvo Apolos en la predicación del Evangelio indujo a algunos creyentes a exaltar sus labores por encima de las de Pablo. Esta comparación de un hombre con otro produjo en la iglesia un espíritu partidista que amenazaba impedir grandemente el progreso del Evangelio.
Durante el año y medio que Pablo había pasado en Corinto, había presentado intencionalmente el Evangelio en su sencillez. No “con altivez de palabra, o de sabiduría,” había ido a los corintios, sino con temor y temblor, y “con demostración del Espíritu y de poder,” había declarado “el testimonio de Cristo,” para que su fe no estuviese “fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios.” 1 Corintios 2:1, 4, 5.
Pablo había adaptado necesariamente su método de enseñanza a la condición de la iglesia. “Yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales—les explicó más tarde,—sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os dí a beber leche, y no vianda: porque aun no podíais, ni aun podéis ahora.” 1 Corintios 3:1, 2. Muchos de los creyentes corintios habían sido lentos para aprender las lecciones que él se había esforzado por enseñarles. Su progreso en el conocimiento espiritual no había estado en proporción con sus privilegios y oportunidades. Cuando hubieran tenido que estar muy adelantados en la vida cristiana, y hubieran debido ser capaces de comprender y practicar las verdades más profundas de la Palabra, estaban donde se hallaban los discípulos cuando Cristo les dijo: “Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar.” Juan 16:12. Los celos, las malas sospechas y la acusación habían cerrado el corazón de muchos de los creyentes corintios a la obra plena del Espíritu Santo, el cual “todo lo escudriña,
Los Hechos de los Apóstoles · Ellen G. White