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Lectura del libro

El Deseado de Todas las Gentes, páginas 200-202

creed al evangelio.” Así el mensaje evangélico, tal como lo daba el Salvador mismo, se basaba en las profecías. El “tiempo” que él declaraba cumplido, era el período dado a conocer a Daniel por el ángel Gabriel. “Setenta semanas—dijo el ángel—están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.”Daniel 9:24. En la profecía, un día representa un año.Véase Números 14:34; Ezequiel 4:6. Las setenta semanas, o cuatrocientos noventa días, representaban cuatrocientos noventa años. Y se había dado un punto de partida para este período: “Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas,”Daniel 9:25. sesenta y nueve semanas, es decir, cuatrocientos ochenta y tres años. La orden de restaurar y edificar a Jerusalén, completada por el decreto de Artajerjes Longímano,Véase Esdras 6:14; 7:1. entró a regir en el otoño del año 457 ant. de C. Desde ese tiempo, cuatrocientos ochenta y tres años llegan hasta el otoño del año 27 de J. C. Según la profecía, este período había de llegar hasta el Mesías, el Ungido. En el año 27 de nuestra era, Jesús, en ocasión de su bautismo, recibió la unción del Espíritu Santo, y poco después empezó su ministerio. Entonces fué proclamado el mensaje: “El tiempo es cumplido.”

Había declarado el ángel: “En otra semana [siete años] confirmará el pacto a muchos.” Por siete años después que el Salvador empezó su ministerio, el Evangelio había de ser predicado especialmente a los judíos; por Cristo mismo durante tres años y medio, y después por los apóstoles. “A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.”Daniel 9:27. En la primavera del año 31 de nuestra era, Cristo, el verdadero sacrificio, fué ofrecido en el Calvario. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, demostrando que el significado y el carácter sagrado del ritual de los sacrificios habían terminado. Había llegado el tiempo en que debían cesar los sacrificios y las oblaciones terrenales.

La semana—siete años—terminó en el año 34 de nuestra era. Entonces, por el apedreamiento de Esteban, los judíos sellaron finalmente su rechazamiento del Evangelio; los

discípulos, dispersados por la persecución, “iban por todas partes anunciando la palabra;”Hechos 8:4. poco después, se convirtió Saulo el perseguidor, y llegó a ser Pablo, el apóstol de los gentiles.

El tiempo de la venida de Cristo, su ungimiento por el Espíritu Santo,8Véase la Nota 2 del Apéndice su muerte y la proclamación del Evangelio a los gentiles, habían sido indicados en forma definida. Era privilegio del pueblo judío comprender estas profecías, y reconocer su cumplimiento en la misión de Jesús. Cristo instó a sus discípulos a reconocer la importancia del estudio de la profecía. Refiriéndose a la que fué dada a Daniel con respecto a su tiempo, dijo: “El que lee, entienda.”Mateo 24:15. Después de su resurrección, explicó a los discípulos en “todos los profetas” “lo que de él decían.”Lucas 24:27. El Salvador había hablado por medio de todos los profetas. “El espíritu de Cristo que estaba en ellos” “prenunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas.”1 Pedro 1:11.

Fué Gabriel, el ángel que sigue en jerarquía al Hijo de Dios, quien trajo el mensaje divino a Daniel. Fué a Gabriel, “su ángel,” a quien envió Cristo para revelar el futuro al amado Juan; y se pronuncia una bendición sobre aquellos que leen y oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas en ella escritas.Apocalipsis 1:3.

“No hará nada el Señor Jehová, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” Aunque “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, ... las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre.”Amós 3:7; Deuteronomio 29:29. Dios nos ha dado estas cosas, y su bendición acompañará al estudio reverente, con oración, de las escrituras proféticas.

Así como el mensaje del primer advenimiento de Cristo anunciaba el reino de su gracia, el mensaje de su segundo advenimiento anuncia el reino de su gloria. El segundo mensaje, como el primero, está basado en las profecías. Las palabras del ángel a Daniel acerca de los últimos días, serán comprendidas en el tiempo del fin. En ese tiempo, “muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia será aumentada.”Daniel 12:4 (VM). “Los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los entendidos.”Daniel 12:10. El Salvador mismo anunció señales de su venida y dijo: “Cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.” “Y mirad por vosotros, que

vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.” “Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir y de estar en pie delante del Hijo del hombre.”Lucas 21:31, 34, 36.

Hemos llegado al período predicho en estos pasajes. El tiempo del fin ha llegado, las visiones de los profetas están deselladas, y sus solemnes amonestaciones nos indican que la venida de nuestro Señor en gloria está cercana.

Los judíos interpretaron erróneamente y aplicaron mal la palabra de Dios, y no reconocieron el tiempo de su visitación. Esos años del ministerio de Cristo y sus apóstoles—los preciosos últimos años de gracia concedidos al pueblo escogido—los dedicaron a tramar la destrucción de los mensajeros del Señor. Las ambiciones terrenales los absorbieron, y el ofrecimiento del reino espiritual les fué hecho en vano. Así también hoy el reino de este mundo absorbe los pensamientos de los hombres, y no toman nota de las profecías que se cumplen rápidamente y de los indicios de que el reino de Dios llega presto.

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón; porque todos vosotros sois hijos de luz, e hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas.” Aunque no sabemos la hora en que ha de volver nuestro Señor, podemos saber que está cerca. “Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios.”1 Tesalonicenses 5:4-6.

El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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