Cristo El Camino

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Lectura bíblica

Mateo 4:23-25; Lucas 4:14, 15; Juan 4:43-54

Mateo 4:23-25

23 Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Su fama corrió por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían males: los que padecían diversas enfermedades y dolores, los endemoniados, los lunáticos y los paralíticos. Y él los sanó. 25 Le siguieron grandes multitudes de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

Lucas 4:14

14 Entonces Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y su fama se difundió por toda la tierra de alrededor.

Lucas 4:15

15 Él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Juan 4:43-54

43 Pasados los dos días, salió de allí para Galilea, 44 porque Jesús mismo dio testimonio de que un profeta no tiene honra en su propia tierra. 45 Luego, cuando entró en Galilea, los galileos le recibieron, ya que habían visto cuántas cosas había hecho en Jerusalén en la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta. 46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea donde había convertido el agua en vino. Había un oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm. 47 Cuando éste oyó que Jesús había salido de Judea y estaba presente en Galilea, fue a él y le rogaba que descendiese y sanase a su hijo, porque estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: --A menos que veáis señales y prodigios, jamás creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: --Señor, desciende antes que muera mi hijo. 50 Jesús le dijo: --Ve, tu hijo vive. El hombre creyó la palabra que Jesús le dijo y se puso en camino. 51 Mientras todavía descendía, sus siervos salieron a recibirle diciendo que su hijo vivía. 52 Entonces él les preguntó la hora en que comenzó a mejorarse, y le dijeron: --Ayer, a la hora séptima le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que era aquella hora cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo vive." Y creyó él con toda su casa. 54 También hizo Jesús esta segunda señal cuando vino de Judea a Galilea.

Versión Reina Valera Actualizada

Lectura del libro

El Deseado de Todas las Gentes, página 167

Capítulo 20—“Si no viereis señales y milagros”

Este capítulo está basado en Juan 4:43-54.

Los Galileos que volvían de la Pascua trajeron nuevas de las obras admirables de Jesús. El juicio expresado acerca de sus actos por los dignatarios de Jerusalén le preparó el terreno en Galilea. Entre el pueblo, eran muchos los que lamentaban los abusos cometidos en el templo y la codicia y arrogancia de los sacerdotes. Esperaban que ese hombre, que había ahuyentado a los gobernantes, fuese el Libertador que anhelaban. Ahora llegaban noticias que parecían confirmar sus expectativas más halagüeñas. Se decía que el profeta se había declarado el Mesías.

Pero el pueblo de Nazaret no creía en él. Por esta razón, Jesús no visitó a Nazaret mientras iba a Caná. El Salvador declaró a sus discípulos que un profeta no recibía honra en su país. Los hombres estiman el carácter por lo que ellos mismos son capaces de apreciar. Los de miras estrechas y mundanales juzgaban a Cristo por su nacimiento humilde, su indumentaria sencilla y su trabajo diario. No podían apreciar la pureza de aquel espíritu que no tenía mancha de pecado.

Las nuevas del regreso de Cristo a Caná no tardaron en cundir por toda Galilea, infundiendo esperanzas a los dolientes y angustiados. En Capernaúm, la noticia atrajo la atención de un noble judío que era oficial del rey. Un hijo del oficial se hallaba aquejado de una enfermedad que parecía incurable. Los médicos lo habían desahuciado; pero cuando el padre oyó hablar de Jesús resolvió pedirle ayuda. El niño estaba muy grave y se temía que no viviese hasta el regreso del padre; pero el noble creyó que debía presentar su caso personalmente, con la esperanza de que las súplicas de un padre despertarían la simpatía del gran Médico.

Al llegar a Caná, encontró que una muchedumbre rodeaba a Jesús. Con corazón ansioso, se abrió paso hasta la presencia del Salvador. Su fe vaciló cuando vió tan sólo a un hombre

El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White

Pasaje bíblico

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