Cristo El Camino
Plan Encuentro 1 Día 47
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Lectura bíblica
Juan 1:15-51
Juan 1:15-51
15 Juan dio testimonio de él y proclamó diciendo: "Éste es aquel de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo." 16 Porque de su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia sobre gracia. 17 La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. 19 Éste es el testimonio de Juan cuando los judíos le enviaron de Jerusalén unos sacerdotes y levitas para preguntarle: --¿Quién eres tú? 20 Él confesó y no negó, sino que confesó: --Yo no soy el Cristo. 21 Y le preguntaron: --¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Y dijo: --No lo soy. --¿Eres tú el profeta? Y respondió: --No. 22 Le dijeron entonces: --¿Quién eres?, para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices en cuanto a ti mismo? 23 Dijo: --Yo soy la voz de uno que proclama en el desierto: "Enderezad el camino del Señor" como dijo el profeta Isaías. 24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. 25 Le preguntaron y le dijeron: --¿Entonces, por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26 Juan les respondió diciendo: --Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. 27 Él es el que viene después de mí, de quien yo no soy digno de desatar la correa del calzado. 28 Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. 29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: --¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! 30 Éste es aquel de quien dije: "Después de mí viene un hombre que ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo." 31 Yo no le conocía; pero para que él fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando en agua. 32 Juan dio testimonio diciendo: --He visto al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y posó sobre él. 33 Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: "Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y posar sobre él, éste es el que bautiza en el Espíritu Santo." 34 Yo le he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. 35 Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos. 36 Al ver a Jesús que andaba por allí, dijo: --¡He aquí el Cordero de Dios! 37 Los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús. 38 Jesús, al dar vuelta y ver que le seguían, les dijo: --¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: --Rabí--que significa maestro--, ¿dónde moras? 39 Les dijo: --Venid y ved. Por lo tanto, fueron y vieron dónde moraba y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima. 40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41 Éste encontró primero a su hermano Simón y le dijo: --Hemos encontrado al Mesías--que significa Cristo--. 42 Él lo llevó a Jesús, y al verlo Jesús le dijo: --Tú eres Simón hijo de Jonás. Tú serás llamado Cefas--que significa piedra--. 43 Al día siguiente, Jesús quiso salir para Galilea y encontró a Felipe. Y Jesús le dijo: --Sígueme. 44 Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. 45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: --Hemos encontrado a aquel de quien Moisés escribió en la Ley, y también los Profetas: a Jesús de Nazaret, el hijo de José. 46 Y le dijo Natanael: --¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Le dijo Felipe: --Ven y ve. 47 Jesús vio que Natanael venía hacia él y dijo de él: --¡He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño! 48 Le dijo Natanael: --¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: --Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Le respondió Natanael: --Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el rey de Israel! 50 Respondió Jesús y le dijo: --¿Crees porque te dije: "Te vi debajo de la higuera"? ¡Cosas mayores que éstas verás! 51 Y les dijo: --De cierto, de cierto os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.
Versión Reina Valera Actualizada
Lectura del libro
El Deseado de Todas las Gentes, página 106
Capítulo 14—“Hemos hallado al mesías”
Este capítulo está basado en Juan 1:19-51.
Juan El Bautista estaba predicando y bautizando en Betábara, al otro lado del Jordán. No quedaba muy lejos del lugar donde antaño Dios había detenido el río en su curso hasta que pasara Israel. A corta distancia de allí, la fortaleza de Jericó había sido derribada por los ejércitos celestiales. El recuerdo de dichos sucesos revivía en este tiempo, y prestaba conmovedor interés al mensaje del Bautista. ¿No habría de volver a manifestar su poder, para librar a Israel, Aquel que había obrado tan maravillosamente en tiempos pasados? Tal era el pensamiento que conmovía el corazón de la gente que diariamente se agolpaba a orillas del Jordán.
La predicación de Juan se había posesionado tan profundamente de la nación, que exigía la atención de las autoridades religiosas. El peligro de que se produjera alguna insurrección, inducía a los romanos a considerar con sospecha toda reunión popular, y todo lo que tuviese el menor viso de un levantamiento del pueblo excitaba los temores de los gobernantes judíos. Juan no había reconocido la autoridad del Sanedrín ni pedido su sanción sobre su obra; y había reprendido a los gobernantes y al pueblo, a fariseos y saduceos por igual. Sin embargo, el pueblo le seguía ávidamente. El interés manifestado en su obra parecía aumentar de continuo. Aunque él no le había manifestado deferencia, el Sanedrín estimaba que, por enseñar en público, se hallaba bajo su jurisdicción.
Ese cuerpo estaba compuesto de miembros elegidos del sacerdocio, y de entre los principales gobernantes y maestros de la nación. El sumo sacerdote era quien lo presidía, por lo general. Todos sus miembros debían ser hombres de edad provecta, aunque no demasiado ancianos; hombres de saber, no sólo versados en la religión e historia de los judíos, sino en el saber general. Debían ser sin defecto físico, y hombres casados, y además, padres, pues así era más probable que fuesen
El Deseado de Todas las Gentes · Ellen G. White